miércoles, 9 de julio de 2014

La estafa de Cuquita la mora en Contramaestre, Cuba



Acudimos al cine teatro de la ciudad. Célebre humorista actuaría para Contramaestre. Expectativas florecieron en masa. El precio de la entrada prometía un espectáculo por todo lo alto. La cávala del día, a pesar de ser martes, no ofrecía pistas negativas. “Cuquita la mora, tranquila y sin demora”,  anunciaba a través de la radio local, una noche inolvidable. La hora se confabulaba para el éxito: 8:30 pm.

En honor a la verdad, dudé sobre la capacidad de convocatoria de esta actriz, sin embargo, debo inclinar la cabeza, a las 9.00 pm, más de quinientas personas abarrotaban la sala principal del Bélic. Previamente algunos clics de videos identificados con el nombre: “LA MOSTRA DEL HUMOR”, arrancaron risas y aplausos. La gente creía que el espectáculo superaría el aperitivo servido en la pantalla.

Al encenderse las luces del escenario, apareció Cuquita la mora; el aplauso fue cerrado. Sus ojos recorrieron la sala. Entonces vino lo increíble. Frases de mal gusto, cuentos de humor negro y  vulgares juegos de participación,  donde niños y niñas eran protagonistas, se adueñaron del “prometido espectáculo”.
 
Mujeres jineteras, infieles y desesperadas por viajar al extranjero colorearon su propuesta. Las malas palabras, con un teatro lleno de niños y niñas, no se les pueden perdonar a Cuquita. No faltaron tampoco calificativos rocambolescos contra homosexuales y lesbianas. Los hombres no escaparon a sus vituperios, desde construcciones facilistas alusivas a los tamaños del pene, hasta la “cómica” forma de hablar de los orientales.

Al bajarse el telón, no hubo aplauso cerrado. La estafa de Cuquita la mora se hizo realidad. Un precio bien caro por la entrada y un espectáculo donde primó el facilismo, el choteo vulgar y el mal gusto,  fue el regalo de esta “artista”, a las personas de mi pueblo en el inicio del verano.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
 
Nota del administrador: Cada artista debe pensar en el mensaje ético que está obligado a impostar entre los espectadores. 
 
La vulgaridad y el facilismo, el irrespeto a nuestros valores debe expulsarse en nuestro discurso cultural. Cuquita la mora, saque experiencias de este capítulo, así como los encargados de organizar las ofertas "culturales".

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