lunes, 27 de octubre de 2014

Omega 7, la letra macabra del alfabeto terrorista

Diplomático cubano de la Misión cubana ante Naciones Unidas asesinado en plena calle en la ciudad de Nueva York por el terrorista de origen cubano Eduardo Arocena, miembro de la Organización Terrorista Omega 7.

Diversas agencias cablegráficas reportaron, el 27 de octubre de 1979, el estallido de un artefacto explosivo a un costado de la misión de Cuba en las Naciones Unidas (ONU). La bomba, según estas fuentes, causó daños al inmueble, a otros edificios aledaños y a los autos parqueados en los alrededores. Una or­ga­nización contrarrevolucionaria, Omega 7, se había adjudicado la acción terrorista.

Este era el cuarto atentado de este tipo que esta organización se atribuía en los últimos meses. En marzo había reconocido su autoría sobre el bombazo en un local de la empresa Trans World Airlines (TWA) en el aeropuerto Kennedy, el cual causó heridas a cuatro personas y cuantiosos daños materiales. La empresa era objeto de las iras de los terroristas por realizar viajes turísticos a Cuba.

Lo preocupante del caso para la sociedad estadounidense es que la maleta con el ex­plo­sivo estaba destinada a un avión que no iba a transportar jóvenes esgrimistas antillanos, co­mo ocurrió con el Crimen de Barbados, sino a 100 ciudadanos norteamericanos, sin ninguna relación con Cuba, a la ciudad de Los Án­geles.

Otros dos atentados perpetró durante 1979 esta organización terrorista: al almacén de una empresa farmacéutica en Union City, New Jersey, y a una entidad gubernamental ubicada en este estado, encargada para administrar fondos para cubanos radicados en Es­tados Unidos.

LA LETRA MACABRA

Omega 7 fue fundada el 11 de septiembre de 1974 por el terrorista Eduardo Arocena. Su nombre proviene de la vigésima cuarta y últi­ma letra del alfabeto griego y de los siete miembros fundadores, que procedían de distintas facciones de la contrarrevolución de origen cubano. Según Percy Alvarado, agente encubierto de la seguridad cubana dentro del exilio contrarre­volucionario, muchos de los miembros de Omega 7 eran veteranos de la in­vasión de Bahía de Cochinos, que fueron en­trenados por la CIA en la demolición, la in­te­ligencia y técnicas de comando.


Omega 7 no se limitó a atentados con ex­plosivos. Su matón principal, Pedro Re­món, organizó el 25 de noviembre de 1979, en New Jersey, el asesinato de Eulalio José Ne­grín, un líder de la comunidad cubana en el ex­terior, partidario del levantamiento del bloqueo. El crimen fue cometido ante la presencia del hijo de 12 años de la víctima.

Posteriormente esta organización y su sicario titular perpetraron el asesinato del diplomático cubano Félix García Rodríguez el 11 de septiembre de 1980. De acuerdo con un informe del FBI, “Remón hizo la llamada telefónica a los medios noticiosos de New York, reclamando la responsabilidad del asesinato en nombre de Omega 7”.

Remón también intentó ultimar al embajador cubano en la ONU colocándole una po­tente bomba en el depósito de gasolina del auto, sin detenerse a pensar en el gran número de niños en edad escolar que transitaban por la zona. Afortunadamente el artefacto fue detectado a tiempo.

RETROSPECTIVA DESDE EL TERCER MILENIO
 
Aunque Omega 7 como organización te­rro­­rista cesó en sus actividades en 1983, de acuerdo con el testimonio de Alvarado; algunos de sus miembros se mantienen en activo y persisten en sus tácticas criminales contra el pueblo cu­bano.

Pedro Remón, por ejemplo, tras ser sancionado en 1986 a penas de cárcel, fue liberado “por razones de salud”, para reaparecer junto con el connotado terrorista Luis Po­sada Carriles en el frustrado atentado a Fi­del en la X Cumbre Iberoamericana en Pa­na­má, en no­viembre del 2000.

Como en el intento de voladura del auto del diplomático cubano, de haberse efectuado ese atentado se hubiera puesto en peligro a la multitud de estudiantes que asistirían al acto en el Paraninfo de la Universidad Nacional de Pa­namá.

Condenado por un tribunal del país ist­meño, Remón fue indultado junto con sus compinches por la mandataria Mireya Mos­co­so. Una vez más Estados Unidos lo acogió co­mo “refugiado político”.

Omega 7 tal vez ya no exista. Pero sus ma­tones, junto con los de otras organizaciones terroristas, hoy se pasean impunes por las ca­lles de Miami. ¿Qué serán capaces de hacer ma­ñana?

Por:  

Tomado de  http://www.granma.cu

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