sábado, 14 de marzo de 2015

Abrazo esperado a Tony y Ramón.

El 18 de junio de 2004 escribí este artículo: "Mi hermano Antonio Guerrero", publicado en CubaDebate. No supuse entonces que, precisamente hoy, casi 11 años después, pudiera abrazarlo, ya en la Patria, en ocasión de encontrarnos en la sede de la UPEC, celebrando el Día de la Prensa Cubana.

La profunda emoción del momento me hizo recordar nuestra íntima relación postal, la que mantuvimos durante largo tiempo.

Ofrezco a mis lectores una muestra breve de "nuestros secretos" entre hermanos de trinchera.

Tuve también la oportunidad de encontrarme también con Gerardo y Ramón.

Con Ramón, Olga y David Orrio

Antonio Guerrero es así: cuando uno cree que la reclusión puede enjaular ese optimismo que lo personaliza, llega de pronto con una carta cargada de aliento para probarnos que la lontananza resulta un frágil obstáculo para vencerlo. Uno entonces se enorgullece de merecer un breve espacio de su tiempo y piensa en ese hombre capaz de derribar encierros y vencer lejanías, de repartir esperanzas y dar aliento; y piensa también, sin lugar a dudas, que lo siente cercano y solidario, tan útil como una bitácora y hecho medida para juzgarnos en cada instante de nuestras vidas.

Así, cuando me preparaba a continuar otro día de combate por la verdad, desde este puesto de periodista improvisado en el cual la pluma y la palabra hacen de adarga y escudo, cayó en mis manos una hermosa carta del hermano ausente para traerme desde lejos su presencia llena de ánimo y convicción, matizada de nostalgia y ternura, y hecha también descarnada declaración de combate por la vida.

Sus primeras palabras, tendieron entre los dos un puente tangible de afecto y hermandad:

30 de abril de 2004.

Mi querido hermano Percy:

Estas serán nuevamente unas cortas líneas que van llenas de una eterna admiración y de un aprecio infinito.

Y vino entonces la anécdota narrada en forma simple y directa, que sirvió no sólo para describirme su encuentro con mi libro “Reflexiones de un antiterrorista”, sino también para demostrarme cómo Tony aprovecha cualquier ocasión para denunciar el cruel terrorismo ejercido contra nuestra Patria y para descollar por su valor y fuerza de convicciones:

Quería hacerte saber que recibí y leí REFLEXIONES DE UN ANTITERRORISTA y volviste a estar en nuestra trinchera, y la verdad es que tú estás aquí en cada día de firmeza y optimismo.

Voy a contarte (…) primero de cuando recibí el libro, resulta que el paquete en donde venía llegó por CORREO LEGAL, cosa no habitual para este tipo de correspondencia. Me llamaron de la Oficina de Correo y allí frente a mí abrieron el paquete. Junto a este libro venía CARTAS DE IDA Y VUELTA, el hermoso de la correspondencia nuestra con nuestros hijos y niños cubanos, ese no tuvo problemas para que me lo entregaran, sin embargo, el título del tuyo causó interrogantes y me pidieron que les explicara de qué trataba el libro que tenía la palabra ANTITERRORISTA. Para mí fue un placer hablar de ti y de tu heroica y digna tarea en las entrañas del terrorismo miamense. Nadie dijo nada ante los argumentos de un libro de un hombre, pequeño, pero gigante en valor y en moral, que con su actividad salvó la vida de muchos otros hombres, mujeres y niños.

Bastante avergonzado por sus palabras de encomio, las cuales no creo merecer yo sino más bien él y sus otros hermanos injustamente encarcelados en Estados Unidos, continué leyendo su carta y me encontré de repente con una aseveración suya que causó en mí hilaridad por su natural ocurrencia y agudeza:

Lástima que no estuviera en inglés (el libro) y que no tuviera una copia adicional para habérsela obsequiado.

Y no podía faltar en su misiva la referencia a algo trascendental en la vida de ambos: nuestras madres. En cada carta cruzada, lo confieso, están ellas presentes en su genuina estatura y en la terca alusión a su presencia necesaria, cargadas ambas de desbordante ternura y en el recuerdo de sus regazos propicios para depositar dudas y preocupaciones, dolores y añoranzas. Mirtha, la de él, luchadora empedernida por la libertad de su hijo y sus hermanos prisioneros; Matha, la mía, fallecida en Cuba sin dejarse vencer en su amor a esta bella tierra de Tony, han sido el principal leiv motiv para que ambos camináramos por el sendero de los justos.

(…) y ahora como hermanos seguimos combatiendo con las armas de las ideas justas. Me emocionó la inclusión (en mi libro) de CRONICA DE UNA VISITA ANUNCIADA y de PUDISTES SER TÚ Y NO YO. No te miento al decirte que cada vez que leo tu relato del encuentro con mi madre en el día de su cumpleaños, lágrimas de emoción viene a mis ojos. ¿Acaso se puede ser revolucionario sin ternura y profundos sentimientos? Al hablar de mi madre te siento que hablas de la tuya y es que ambos somos hijos comunes de dos Marianas.

Y luego vino la despedida, con su consabido sabor amargo, sólo capaz de ser neutralizada por la fuerza y el optimismo contagiosos de Antonio Guerrero, mi hermano de combates y de afecto, capaz de aportarme ánimos para seguir en esta bella batalla emprendida a favor de la vida:
 
Un millón de cosas quedan en el “tintero”; no hacen falta muchas palabras para explicarte mis opiniones sobre tantas cosas injustas que acontecen en nuestro mundo, son las mismas que las tuyas, como lo es la convicción en la victoria de la razón, la verdad y la justicia.
Un fuerte abrazo hermano y revolucionario

Antonio Guerrero R.


Percy Francisco Alvarado Godoy

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