viernes, 17 de julio de 2015

El F-35 y su controvertido destino.



Siempre que surgen preguntas sobre si es prudente seguir con un sistema de armamento costoso, particularmente uno que se puso en marcha justo después de un programa que presagiaba los mismos retrasos y problemas de financiamiento, es probable que haya alguien en Washington dispuesto a señalar que los donativos de campaña fueron la razón de que se autorizara.

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Tres años tarde y unos 200.000 millones de dólares sobre el presupuesto original, el programa del Avión Caza de Ataque Conjunto F-35 (JSF, por sus siglas en inglés) por fin iniciará operaciones este mes.

El avión de combate estadounidense estuvo en desarrollo por casi 15 años, lo sometieron a seis años de pruebas y sufrió múltiples fallas de hardware y software en el proceso. Una vez que declaren que está listo para combate, será el sistema de armamento más costoso de la historia.

También será la aeronave más avanzada. Se dice que el F-35, al que también se conoce como Avión Caza de Ataque Conjunto, es la aeronave más letal y versátil de la era moderna. Combina capacidades avanzadas de invisibilidad, capacidades de bloqueo de radar, velocidad supersónica, agilidad extrema y tecnología fusión de avanzada.

Pero después de todo ese tiempo y dinero, los partidarios no han logrado apaciguar a los detractores, quienes consideran que el F-35 es un desperdicio.

El avión de combate indetectable de quinta generación se concibió en 2001 con el fin de actualizar la flota táctica militar estadounidense y asegurarse de que los rivales no desafíen a Estados Unidos en el aire.

“La superioridad aérea es un principio esencial en nuestra estrategia de defensa nacional”, dijo Jeff Miller, asambleísta republicano por Florida cuyo distrito electoral es sede del principal centro nacional de adiestramiento para el F-35. “Tenemos toda una gama de plataformas aéreas obsolescentes, algunas tienen tecnología que data de las décadas de 1960 y 1970″.

Señaló que Rusia y China son las principales razones por las que Estados Unidos ha estado tratando de mejorar su poderío aéreo mientras retira las plataformas antiguas.

“La superioridad aérea no fue problema en Iraq y Afganistán”, señaló Miller. “Pero como la estrategia del presidente indica que se redistribuirán nuestras fuerzas en el Pacífico y en vista de la agresividad territorial de China en el Mar del Sur y de las agresiones de Rusia en Ucrania, tener esta superioridad aérea será un disuasivo estratégico para las amenazas de sus similares”.

En vez de las funciones especializadas de las aeronaves más antiguas, el F-35 de un solo asiento puede ejecutar combates aire-aire, ataques aire-tierra, operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, según Lockheed Martin, el principal contratista del programa JSF.

Se espera que las fuerzas armadas anuncien este mes que la versión del F-35 para la Infantería de Marina esté “listo para combate”, lo que significa que está lo suficientemente desarrollado y que ha pasado las pruebas adecuadas para que lo vuelen en misiones de combate. Aunque los Infantes de Marina no piensan desplegar el avión hasta dentro de un año, la declaración es un hito para el programa porque técnicamente está listo para el despliegue.

Además tiene varias características innovadoras: el F-35 tiene un diseño único que permite que los pilotos compartan datos con otros pilotos y con sus comandantes inmediatamente; puede penetrar en territorio enemigo sin que los radares lo detecten, y su cúpula da a los pilotos una vista de su entorno de 360 grados.

“El F-35 dará una capacidad revolucionaria a Estados Unidos y sus aliados en las décadas por venir”, dijo Michael Rein, portavoz de Lockheed Martin.

Los costos y los reveses del programa

Sin embargo, el costo de estos beneficios es de casi 400.000 millones de dólares (unos 25.000 millones de pesos) por 2,457 aviones, casi el doble del estimado inicial. El mantenimiento y la operación del programa JSF a lo largo de su vida útil costarán al Pentágono casi 1 billón de dólares (aproximadamente 16 billones de pesos), según la Contraloría estadounidense (GAO, por sus siglas en inglés).

Este costo podría aumentar ya que su entrada en operaciones se ha visto afectada por retrasos programados y resultados decepcionantes en las pruebas… y podría haber más en el horizonte.

El 29 de junio, se publicaron en el sitio web War is Boring unos fragmentos de un informe filtrado de un piloto de prueba que señalaba que el F-35 estaba “en clara desventaja en cuestión de energía” en una simulación de combate aéreo que se llevó a cabo en enero; señaló que era incapaz de virar lo suficientemente rápido como para enfrentar al avión al que se espera que reemplace, el F-16.

Lockheed Martin señaló que el informe que War is Boring presentó está incompleto e insistió en que la aeronave que se usó en esta prueba no estaba equipada con el software, el sistema de armamento ni el recubrimiento indetectable con el que cuentan los aviones F-35 actuales.

“La tecnología de los F-35 está diseñada para enfrentar, disparar y eliminar a su enemigo desde distancias largas, no necesariamente en situaciones de ‘combate aéreo’ visual”, señaló la empresa en un comunicado en el que subrayó las “numerosas ocasiones” en las que el JSF ha derrotado al F-16 en simulaciones de combate.

Sin embargo, la aguda crítica del piloto de pruebas es solo una parte de la más reciente ronda de malas noticias.

En 2014, toda la flota de F-35 quedó varada en tierra luego de que ocurriera un incendio en los motores durante las pruebas y el programa tuvo problemas constantes con el software que frenaron las pruebas de la misión y causaron retrasos.

También hubo reveses en momentos clave, tales como el inicio del programa de vuelos de prueba, la entrega de la primera aeronave lista para la producción en masa y las pruebas de sistemas esenciales para las misiones, según la GAO.

“No creo que estuviéramos preparados para la cantidad de problemas que iban a surgir en las pruebas, ya fueran pruebas de la estructura, del fuselaje, de los motores, de la integración del software o de los sistemas de armamento”, dijo Jerry Hendrix, investigador sénior del Centro para la Nueva Seguridad Estadounidense.

El informe de la GAO de abril indica que se pueden esperar futuros problemas técnicos que probablemente eleven aún más los costos, ya que aún debe completarse casi el 40% de las pruebas de desarrollo del programa.

La lista de fallas y defectos es larga, de acuerdo con la asambleísta demócrata por California, Jackie Speier. Dijo que el sistema de logística del F-35 es poco confiable, la estabilidad de sus motores es “sumamente deficiente” y el sistema electrónico del casco de 400.000 dólares (unos 6.4 millones de pesos) hecho a la medida de cada piloto actualmente es incapaz de distinguir entre un aliado y un enemigo.

“En el mejor de los casos, cuando se declare la ‘capacidad de operación inicial’ a mediados de este año, estaremos lanzando un avión inestable que no podrá ejecutar muchas de sus misiones esenciales durante muchos años”, dijo Speier. “En el peor de los casos, habrá gente herida o lo dejaremos guardado en el hangar y gastaremos miles de millones de dólares en adaptaciones”.

El vocero de Lockheed, Michael Rein, se ofendió con las afirmaciones de Speier.

“Nosotros vemos un programa F-35 muy diferente. Nuestros principales líderes (en el Pentágono) señalan que el avión tiene buen desempeño y cambiará la forma en la que libraremos las guerras futuras”, dijo.

Agregó que cree que la mayoría de las dificultades técnicas quedaron atrás.

“No hay problemas técnicos que retrasen el programa”, dijo al señalar que la Infantería de Marina está a punto de declarar que su versión del F-35 está lista para operar en julio como se tiene programado.

El avión tiene configuraciones y capacidades ligeramente diferentes para cada rama de las fuerzas armadas, así que aunque la versión de los Infantes de Marina se declare operativa a mediados de este año, no estará disponible para combate por al menos dos años más y varias ramas estarán listas para usarlo hasta un tiempo después.

“Nadie ha declarado la victoria”, dijo Rein a CNN refiriéndose a la cantidad de pruebas y de desarrollo que aún deben completarse. “A final de cuentas, no estamos construyendo este avión para ir a exhibiciones aéreas y tomar fotos lindas. Se construye para defender a Estados Unidos y a sus aliados si fuera necesario”.

¿F-22 = F-35?

Lo que acrecienta la frustración de quienes han visto las dificultades del programa F-35 y los costos crecientes es que el Pentágono ya ha visto esta película antes.

Los expertos y los contratistas coinciden en que siempre surgen problemas inesperados en la fase de pruebas de cualquier sistema de armamento que tiene como objetivo integrar tecnología de punta, pero algunas personas dicen que los desafíos que se han vivido con el F-35 podrían haberse evitado si los fabricantes y los legisladores aplicaran lo aprendido del desarrollo de su otro avión de combate de quinta generación, el F-22.

Y no solo del F-22.

“No solo se trata de recordar al F-22 y los desafíos que enfrentamos con el F-22″, dijo Hendrix, quien subrayó que siempre hay un “riesgo elevado” de que haya algunos problemas de producción cuando se implementa tecnología nueva de esa clase. “Hay problemas mayores relativos al diseño de la estructura y de la misión que se remontan a varias décadas y que, francamente, deberíamos haber previsto también”.

El objetivo del F-22, predecesor del F-35, inicialmente era reemplazar a las aeronaves tácticas obsolescentes que se habían usado desde la década de 1980. El Pentágono planeaba reemplazar estas aeronaves más antiguas con una cantidad menor de aviones indetectables más costosos, pero más capaces, según un informe de la GAO de 2007.

Luego de que iniciara el desarrollo del F-22, las condiciones de amenaza cambiaron, se agregaron requisitos de ataques terrestres y de recopilación de información de inteligencia y los costos unitarios subieron más del doble, según la GAO.

Mientras enfatizaba que el F-22 y el F-35 eran “grandes logros” y “saltos cuánticos” en cuanto a tecnología y capacidades, el director de Adquisiciones de Sistemas de Defensa de la GAO, Michael Sullivan, dijo que los fabricantes se toparon con problemas cuando empezaron la producción de ambas aeronaves, antes de que la tecnología se hubiera desarrollado.

Esta estrategia de producir antes de que la tecnología estuviera disponible, como se hizo con el F-22 y el F-35, se conoce como concurrencia. Con esta estrategia se producen menos aviones y se prueban en una etapa temprana del proceso de desarrollo. Luego, se incrementa la tasa de producción cada año conforme madura la tecnología.

Luego es necesario hacer algunas modificaciones a estas aeronaves de acuerdo con los resultados de los vuelos de prueba, pero Lockheed Martin señaló que esta estrategia les permite entregar los aviones más pronto a cada rama de las fuerzas armadas.

Speier difirió con Lockheed Martin respecto a que la concurrencia ayude a expeditar el proceso de producción y afirmó que era el principal factor en el incremento del costo del programa.

“Corrimos a comprar una aeronave que tenía gran concurrencia durante las pruebas y luego ocultamos los costos futuros al postergar las pruebas, las actualizaciones y las adaptaciones”, dijo Speier, refiriéndose al F-22. “El resultado fue un programa que tuvimos que cancelar luego de que se fabricaran 555 aviones menos de los que la Fuerza Aérea quería inicialmente”.

Speier dijo que es evidente que hay una tendencia similar con el F-35.

“La magnitud de estos retrasos es abrumadora”, dijo. “El precio de agregar todas las pruebas, las adaptaciones y las capacidades que la oficina encargada del programa ha diferido será mayor que el costo total del programa F-22″.

El Pentágono gastó casi 67,000 millones de dólares (aproximadamente un billón de pesos) en el diseño, fabricación y despliegue de 187 naves F-22 entre 1997 y 2012.

Sin embargo, el precio promedio de cada avión alcanzó los 412 millones de dólares (unos 6,600 millones de pesos) para 2014 por los costos agregados de modernización que a final de cuentas provocaron que se detuviera la producción, según la GAO.

Aunque el costo total del programa JSF ya supera lo que costó el programa F-22, se espera que se obtengan considerablemente más aviones a un costo promedio de 135 millones de dólares (unos 2,100 millones de pesos) por unidad, según cálculos de la GAO.

Sin embargo, la GAO advirtió sobre los riesgos de los futuros aumentos de costos y los retrasos del F-35 en vista de la magnitud de la concurrencia que hay en el programa.

Pero Lockheed Martin defiende la forma en la que usa la concurrencia. En vez de detener por completo la producción durante cada etapa de pruebas, la cadena de suministro de Lockheed Martin ha logrado madurar al paso de la tecnología, dijo Rein. “Por eso es una mejor estrategia que el método lineal de construir un poco, hacer unas cuantas pruebas y luego tratar de empezar de nuevo”.

Sea como sea, los reveses en los programas F-22 y F-35 tuvieron repercusiones en toda la estrategia del Departamento de Defensa de Estados Unidos (DOD, por sus siglas en inglés) en cuanto a la modernización de su poderío aéreo táctico, según el informe de la GAO de 2007.

El informe indica que los retrasos y la reducción en la cantidad de aeronaves compradas significa que los recursos tuvieron que dedicarse a modificar las aeronaves existentes para que siguieran siendo relevantes en términos operativos.

Donativos de campaña

Siempre que surgen preguntas sobre si es prudente seguir con un sistema de armamento costoso, particularmente uno que se puso en marcha justo después de un programa que presagiaba los mismos retrasos y problemas de financiamiento, es probable que haya alguien en Washington dispuesto a señalar que los donativos de campaña fueron la razón de que se autorizara.

“El JSF es un programa importante para los contratistas y no querían que se cancelara”, dijo Viveca Novak, del Centro de Políticas Receptivas, quien señaló que los contratistas tienen la ventaja de que pueden apelar a varios legisladores porque las partes de los aviones se construyen en muchas partes del país.

Los contratistas en defensa usualmente son los principales donadores de las campañas, ya que los comités de acción política que representan a estas empresas reparten millones de dólares a los miembros de las campañas de los líderes de ambos partidos.

Estos donativos han aumentado considerablemente desde que empezó el desarrollo del JSF en 2001 y los partidarios del F-35 en el Capitolio usualmente están ligados a algunos de los personajes más importantes de la industria militar.

Según la organización de Novak, 2014 fue un año récord en cuanto a contribuciones del principal contratista del JSF, Lockheed Martin (4.1 millones de dólares), así como para los subcontratistas del programa, Northrop Grumman (4.1 millones de dólares), United Technologies ($2.1 millones de dólares) and BAE ($1.4 millones de dólares).

La Comisión de Servicios Armados y la Comisión de Presupuesto de la Asamblea de Representantes, así como la Comisión de Presupuesto del Senado, fueron los objetivos principales de todas estas empresas; los legisladores que forman parte de esas comisiones recibieron en total 1.7 millones de dólares, 1.3 millones de de dólares y 658,499 dólares, respectivamente, según el análisis del Center for Responsive Politics.

“Al parecer los contratistas buscan a los legisladores muy poderosos”, dijo Novak. “En vista de que el programa ha tenido muchos problemas, podría ser que la intención de las contribuciones es superar los defectos evidentes en el sistema”.

El principal receptor de los donativos de campaña de Lockheed Martin fue Mac Thornberry, asambleísta republicano por Texas y presidente de la Comisión de Servicios Armados de la Asamblea, quien recibió 75,900 dólares (cerca de 1.1 millones de pesos) de parte del gigante de la industria militar en 2014. Su campaña también recibió 29,000 dólares más de parte de Northrop Grumann ese mismo año.

El líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, de Kentucky; el asambleísta republicano por Ohio y presidente de la Subcomisión de Vigilancia de los Servicios Armados de la Asamblea, Michael Turner, y el asambleísta por Washington y principal demócrata de la comisión, Adam Smith, también recibieron contribuciones considerables.

Thornberry, McConnell, Turner y Smith no respondieron a las solicitudes de comentarios y declinaron hablar con CNN oficialmente.

El comité de campaña del asambleísta por Florida, Jeff Miller, recibió 11,000 dólares de Lockheed Martin y BAE Systems en 2014.

Miller ha sido constante partidario del JSF y también fue esencial para establecer la Base Eglin de la Fuerza Aérea en su distrito, que sería el principal centro de adiestramiento para el F-35 en Estados Unidos según su sitio web.
Miller, miembro de la directiva de la Comisión de Servicios Armados de la Asamblea, se opuso firmemente a una reforma que Speier propuso en abril, con la que se eliminarían seis aviones F-35 de la orden de compra de la Fuerza Aérea.
“Estoy a favor de un sistema de rendición de cuentas transparente que permita a los electores saber quién ha respaldado la campaña de un funcionario electo”, dijo Miller cuando se le preguntó sobre la influencia de los donativos de campaña en las prioridades políticas. “Siento que la mayoría de los donadores esperan encontrar a un funcionario electo que haga su mejor esfuerzo para que el gobierno funcione y que usará su criterio para tomar decisiones políticas y legislativas”.

Muchos legisladores y miembros del personal piensan, igual que Miller, que los donativos de campaña no dictan directamente las decisiones políticas ni inclinan considerablemente los objetivos políticos a costa del pueblo estadounidense.
“Esa clase de acusación (muestra) la ignorancia respecto a la historia de la Comisión en el tema del F-35″, dijo a CNN un asistente de la Comisión de Servicios Armados quien habló bajo anonimato en respuesta a las críticas de Novak; señaló que la comisión ha promovido los informes de las investigaciones de la GAO.

“Los miembros están muy concentrados en las consecuencias de una política errónea, particularmente en temas de seguridad nacional”, dijo el asistente. “Hay una preocupación abrumadora por los soldados y por mantener a salvo al país”.

El futuro del JSF

Sin importar cuál sea el efecto de las contribuciones de campaña, está claro que muchos expertos y legisladores que estaban preocupados por el plan de negocios del programa F-35 cuando empezó en 2001 aún tienen dudas, lo que provoca que pongan en tela de juicio la viabilidad a largo plazo del JSF.

“Tras sufrir años de crecimiento de costos y de retrasos inaceptables, parece que el programa empezó a estabilizarse. Con todo, persisten los desafíos en cuanto a costos, viabilidad y tecnología”, dijo el senador republicano por Arizona, John McCain, quien ha criticado el programa F-35 desde hace tiempo.
“Esta comisión seguirá estudiando minuciosamente la gestión general y el desempeño del programa F-35 y haremos que los individuos rindan cuentas”, dijo durante una audiencia de la Comisión de Servicios Armados del Senado en marzo de este año.

Miller respondió que los programas ambiciosos como este siempre tienen problemas.

“Uno podría sentirse presionado para encontrar el programa gubernamental perfecto y estoy seguro de que algunos de mis colegas tenían menos esperanzas que otros en las primeras etapas del programa JSF”, dijo.

Lockheed Martin reconoce abiertamente la historia controversial del JSF, particularmente durante principios y mediados de la década de 2000, cuando los administradores del programa hicieron “suposiciones exageradamente optimistas” respecto al itinerario de pruebas y producción, dijo Rein, el vocero de Lockheed Martin.

“No dejaron mucho margen por si se encontraba algo o si algo no salía conforme a lo planeado”, explicó.

Sin embargo, la empresa señala que los costos han bajado en general desde que los fabricantes y los legisladores reevaluaron los costos base del programa.
“El programa F-35 no ha solicitado al Congreso un centavo más de lo que ya contempla el presupuesto” porque la base del programa se volvió a trazar de forma que Lockheed Martin pagará por cualquier excedente del presupuesto, dijo Rein. “Lo que tenemos que hacer es pedirle a la gente que juzgue el programa que ya está en marcha y no el de 2007 o 2008″.

No todos están convencidos de que el programa está listo para que se incrementen los niveles de producción. A pesar de todo, Speier y otros críticos creen que el programa está muy avanzado y la necesidad de contar con aeronaves actualizadas es demasiado grande como para que tenga sentido poner fin al programa completo.

A pesar de que criticó que los programas JSF y F-22 adoptaran una estrategia de producción de compra previa y de que incluso recomendó que se retrasara el programa F-35 al principio porque había inquietudes respecto al diseño del prototipo inicial del avión, Sullivan, de la GAO, dijo que su dependencia nunca propuso que se cancelara completamente ni recomendaría desechar el programa a estas alturas.

“El JSF es algo ya concretado porque el programa ya está bien entrado en la etapa de producción… así que no creemos que sería inteligente cancelar el programa”, dijo Sullivan.

Sin embargo, la GAO recomendó al Departamento de Defensa que evaluara la viabilidad de su plan de aumentar considerablemente la cantidad de F-35 que comprará a lo largo de los próximos años, ya que las proyecciones actuales reflejan varias afirmaciones sobre el avance técnico y el financiamiento futuro del programa que podrían ser inexactas.

“Va a ser una aeronave genial, pero el modelo de negocios que tenían al principio muestra que apresuraron las cosas y ahora lo están pagando”, dijo Sullivan.

CNN/http://noticiaaldia.com

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