miércoles, 16 de septiembre de 2015

BUMERANG EN POLÍTICA DE CLINTON HACIA CUBA



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En 1996, el Congreso, con la venia del Presidente Bill Clinton, aprobó la denominada “Ley de libertad y solidaridad democrática con Cuba” conocida como “Ley Helms-Burton”, que convirtió en ilegal muchas cosas normales. Lo que provocó su aparición fue una deliberada infracción de la ley por un grupo contrarrevolucionario de cubanos radicados en Miami y una equívoca respuesta por parte de la administración de Bill Clinton.

Dos destacados analistas estadounidenses de la política exterior de su país, recuerdan el origen endógeno de las dificultades que hoy afronta el gobierno estadounidense para implementar algunos de los cambios que ha anunciado en sus relaciones con Cuba, aparentemente a causa de aquella manipulación.

En un artículo aparecido en la revista Counterpunch el 8 de septiembre, el profesor emérito de Sociología de la Universidad de Nuevo México Nelson P. Valdés y el escritor Robert Sandals, ambos radicados en la ciudad de Albuquerque del estado de Nuevo México, describen porqué “cuando Estados Unidos se mueve hacia algún tipo de relaciones normales con Cuba, enfrenta el problema de que lo normal es actualmente ilegal”.

El 24 de febrero de 1996, tres pequeños Cessna Skymasters de la fuerza aérea del Estados Unidos partieron desde el aeropuerto de Opa-locka en el condado de Miami-Dade de la Florida. Los aviones eran regalos del Presidente George W. Bush a Hermanos al Rescate, una organización terrorista de exiliados cubanos basada en Miami, creada en 1991 y dirigida por José Basulto y William Schuss, cuya misión aparente era localizar y prestar asistencia a los balseros, emigrantes cubanos en el estrecho de Florida que en embarcaciones improvisadas trataban de alcanzar las costas de Estados Unidos, atraídos por la política migratoria con propósitos hostiles de Washington  hacia La Habana.

Basulto y Schuss habían recibido entrenamiento militar de la CIA en Estados Unidos y tomaron parte en la operación que preparó la invasión de Bahía de Cochinos por Playa Girón en 1961. Basulto participó más adelante en graves acciones de sabotaje contra Cuba junto otros connotados terroristas de la CIA, como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, autores de horrendos crímenes.

El plan para el vuelo que presentó Basulto tenía el supuesto propósito de buscar balseros en el estrecho de la Florida, aunque su objetivo real era penetrar en espacio aéreo exclusivo de  Cuba.

Los pilotos estaban conscientes de la intensa observación de que su vuelo era objeto por parte de varias agencias federales estadounidenses. Habían entrado en el espacio aéreo cubano en otras ocasiones haciendo caso omiso a las advertencias cubanas, para dejar caer octavillas contrarrevolucionarias sobre la capital cubana, sin despertar mucho interés estadounidense.

Pero esta vez, el Departamento de Estado había alertado a la Administración Federal de Aviación (FAA) que sería peligroso intentar otro vuelo sobre Cuba. Ciertamente, estaban convencidos de que la paciencia de las autoridades cubanas se había agotado porque así lo habían comunicado a su contraparte estadounidense.

Según se ha conocido posteriormente, desde muchos puntos de observación estadounidenses se observó cuando aviones de combate MiG cubanos derribaban uno de los Cessnas y seis minutos más tarde, un segundo misil aire-aire destruyó el segundo. Basulto con 3 pasajeros que viajaban en el tercer Cessna salieron de espacio aéreo cubano y huyeron de regreso hacia Opa-locka.

De inmediato, el presidente Clinton declaró el estado de emergencia nacional, estableció una zona de seguridad en las aguas alrededor de la península de la Florida, cerró el área al tráfico marítimo y aéreo no autorizado, y exigió una investigación por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y una condena a Cuba en la ONU.

El objetivo verdadero de la operación se logró cuando, en medio del alboroto y la condena a Cuba, Clinton promulgó ley Helms-Burton, que ha hecho más que cualquier otra pieza de legislación por congelar la política hostil de Washington contra Cuba y dejó al Presidente sin facultades para variarla en el futuro.

Era época de elecciones y es imposible sustraerse a la idea de que Clinton, que entonces luchaba por la reelección, cayó en una cruenta trampa promovida por la extrema derecha de la élite del poder.

Pretendió jugar a dos carriles, aunque nada indica que contar con el beneplácito de la contrarrevolución cubana en el sur de la Florida haya tenido algo que ver con su reelección.

Según Valdés y Sandals, la explicación más simple de cómo Basulto pudo volar aquel día pese a la formidable vigilancia de la FAA que existía sobre él entonces y las advertencias reiteradas del Departamento de Estado quizás sea la que el propio Bill Clinton incluyó en sus memorias: “Mi principal objetivo era la elección."

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