miércoles, 23 de diciembre de 2015

La soberanía perdida



El presidente argentino, Mauricio Macri, fue a la Cumbre del MERCOSUR a llevar la agenda de Washington y atacar a Venezuela. Su actitud pareció más la de un empleado de la Embajada de Estados Unidos que la de un representante de los intereses nacionales.

La primera Cumbre del MERCOSUR en la que participó el presidente argentino, Mauricio Macri, dejó mucha tela para cortar. Como buen alumno, Macri fue decidido a cumplir con su tarea: atacar al Gobierno de Nicolás Maduro. El mandatario argentino leyó una declaración en la que pedía “la pronta liberación de los presos políticos en Venezuela, porque –según aseguró– en los Estados parte del MERCOSUR no puede haber lugar para presos por razones ideológicas ni la privación ilegítima de la libertad por pensar distinto”.

Cuando el presidente argentino dijo que en Venezuela había presos políticos, personas que habían sido arrestadas por “pensar distinto”, mintió descaradamente. En Venezuela no hay presos políticos, sino políticos que cometieron delitos, y que por esos hechos están presos.

En su discurso –sin nombrarlo–, hizo alusión al líder opositor Leopoldo López, arrestado luego de haber encabezado la revuelta de febrero de 2014. En aquel levantamiento contra el Gobierno democrático de Nicolás Maduro, cuando una periodista le preguntó cuándo iban a terminar las violentas protestas, López, en clara actitud golpista, respondió: “Cuando logremos sacar a quienes están gobernando”.

En esa revuelta, los manifestantes liderados por Leopoldo López incendiaron edificios de 19 Universidades y varios Ministerios y causaron la muerte de 43 personas. López no está preso por “pensar distinto” al Gobierno de Maduro, sino por su responsabilidad en esos hechos.

Los manifestantes liderados por Leopoldo López incendiaron edificios de 19 universidades y varios Ministerios y causaron la muerte de 43 personas. López no está preso por “pensar distinto”, sino por su responsabilidad en esos hechos.

El presidente argentino, aun procesado por montar una red de escuchas ilegales, es consciente de que en Venezuela no hay presos políticos. Sin embargo, la función que Macri ha elegido no parece ser la de la búsqueda de la verdad ni la de defender los intereses nacionales, sino la de cumplir con sus compromisos con Estados Unidos.

Macri ya había evidenciado su postura servil a Washington durante su campaña. Las únicas propuestas que dijo durante el debate previo al balotaje fueron que pediría la aplicación de la cláusula democrática contra Venezuela y que daría de baja el memorándum de entendimiento con Irán. Ambas medidas, marcadas por las agendas de las embajadas de Estados Unidos y de Israel.
La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, fue contundente en su respuesta al mandatario argentino: “Usted se refirió a Venezuela. Hablo en nombre del pueblo de Venezuela y en nombre del presidente de la República, Nicolás Maduro Moro. Usted está haciendo injerencismo sobre los asuntos de Venezuela”.

Rodríguez se refirió así al principio internacional que determina que “es obligación de todo Estado abstenerse de intervenir en los asuntos internos de otro Estado”. En ese sentido, la canciller recordó que “en Venezuela existen poderes públicos independientes que deben ser respetados por la comunidad internacional, si es que realmente respetamos los principios que fundamentan el derecho internacional público, como el derecho a la no injerencia en los asuntos internos, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, el derecho a la igualdad soberana de los Estados”.

Más adelante, la canciller venezolana le dijo a Macri: “Usted está defendiendo a esta persona”, y mostró fotos de la agencia AFP en las que se veía a Leopoldo López y a otros sujetos realizando acciones violentas durante las protestas de 2014. Sin embargo, nada pareció afectar al mandatario argentino: él ya había cumplido con su tarea al leer el texto que le escribieron para la ocasión.

Mauricio Macri, Leopoldo López, Henrique Capriles Radonsky y Álvaro Uribe Vélez son sólo algunos de los peones del imperio. Su meta: destruir lo que los procesos populares lograron en la región en esta última década. Quedará en los pueblos de nuestra Patria Grande encontrar los caminos de la soberanía y la dignidad.

Por Héctor Bernardo

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