miércoles, 30 de marzo de 2016

¿Complot contra el Papa Francisco?



El caprichoso y cíclico devenir de la Historia, podría hacer que dos Papas de la Iglesia Católica, separados en el tiempo y en la distancia por 35 años y un océano, queden hermanados por la brevedad de su mandato y la imagen de descrédito de la Iglesia que recibirán como herencia. Así, Juan Pablo I y Francisco pasarán a la Historia por su lucha contra el establishment vaticano, su innegable carisma personal y un estilo revolucionario plasmado en un estilo apologético propio basado en el desapego de las formalidades y en su don de gentes, quedando sus elecciones como hitos del finiquito de la concepción eurocéntrica de la Iglesia Romana y la irrupción de la Iglesia centrífuga.

Así, en los albores del siglo XXI, Francisco comenzó su Papado bajo el signo de la "Franciscomanía”, fenómeno sociológico que logrará que una persona sin conocimiento previo de los entresijos del Poder Vaticano ni ideario previo conocido, se convierta en icono de la juventud, insufle vientos de cambios y devuelva la ilusión y la esperanza a unos fieles sumidos en la perplejidad y la desilusión tras la significativa erosión de la imagen de la Iglesia Católica debido a los lacerantes episodios de acusaciones de pederastia, ilegalidades en la Banca Vaticana e intrigas palaciegas de la Curia Romana (trama de filtraciones conocida como “Vatileaks” ), que hicieron retrotraer a la Iglesia Católica a escenarios del siglo XIII y a la vigencia de las ideas de Francisco de Asís.

Cónclaves sorpresivos El ascenso al Papado en 1978 de Albino Luciani, "Il Papa del Sorriso" (El papa de la sonrisa), defensor de los postulados del Concilio Vaticano II, representó un golpe inesperado para los sectores más conservadores que intentaban imponer al conservador arzobispo genovés Giussepe Siri, al defender éste una interpretación más conservadora o incluso “una corrección de las revolucionarias reformas del Concilio Vaticano II”. Así, la sorpresiva elección de Luciani se debió al inestimable trabajo de proselitismo realizado por Giovanni Bennelli, (hombre de confianza de Pablo VI que consiguió que más del 80% de los votos del cónclave fueran a favor de Juan Pablo I), provocó la desilusión y el malestar del lobby de los cardenales más conservadores al significar su nombramiento una continuación de la política de su antecesor Pablo VI.

Por su parte, la inesperada renuncia de Benedicto XVI abrió la puerta a un candidato descartado por los vaticanistas que fruto de su miopía intelectual lo consideraron “no fiable”, olvidando que ya en el Cónclave del 2005 y apoyado por el Cardenal Martini fue finalista, aunque finalmente Ratzinger se convirtiera en Benedicto XVI tras desaconsejar el propio Bergoglio su elección al resto de cardenales participantes en el Conclave y finalmente, en el Cónclave del 13-3-13 y por vez primera en la Historia, un jesuita argentino de raíces italianas se impuso al teórico favorito del establishment vaticano, Angelo Scola, debido a las divisiones intestinas entre las facciones conservadoras detentoras del Poder con el Papa Ratzinger y tras haber descartado su candidatura el resto de cardenales no europeos debido al estigma del reciente escándalo del “Vatileaks”

Por Germán Gorraiz López * Analista Internacional

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