viernes, 20 de mayo de 2016

#ProhibidoOlvidar Objetivo: Cabaret "Tropicana". El más ambicioso plan terrorista contra Cuba en la década de los noventa



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Cuando se fundó Tropicana, a fines de la década de los treinta, como una inusual versión tropical del Folies Bergere, insertado en el ambiente paradisíaco tropical de una finca suburbana de Marianao, conocida como Villa Mina, unos pocos empresarios, capitaneados por Víctor Correa, apostaron por un futuro promisorio para su intento de crear un singular night club en este lugar. Sin embargo, nunca imaginaron que, muchos años después, su sueño se vería envuelto en una trama macabra de atentados terroristas que pondrían en peligro la vida de decenas de sus visitantes y destruirían el embrujo y la fama que durante largo tiempo heredaría.

Siendo un esporádico visitante al Salón "Bajo las Estrellas", siempre que entraba al lujoso lobby de cristal, me sentía extasiado por la música y la lujuriosa invitación de mi acompañante ocasional para pasar un rato de entretenimiento y gozo, de amor y ensueño, de deleite y abandono. Mucha vida hay aquí, me dije más de una vez, y la vida se me transformaba, entonces, en un caleidoscopio de luces multicolores, de vegetación idílica, de música sugestiva y de cuerpos sensuales. Tampoco yo imaginé que me vería envuelto, un tiempo después, en esas criminales intenciones y estaría involucrado en dos de los tres planes terroristas conocidos públicamente, destinados a destruir tan maravilloso lugar.

Un paraíso bajo las estrellas

El cabaret Tropicana es, hoy por hoy, uno de los más grandes y famosos centros nocturnos de Cuba. Se ha convertido, sin lugar a dudas, en un obligado punto de visita para el turista que arriba a la Isla. Es un complejo de instalaciones que oferta al visitante la opción de conocer lo mejor de la música cubana y de degustar deliciosos cócteles y platos de inimitable sabor. Cuenta con el Salón Bajo las Estrellas, lugar de ensueños en que la vegetación es parte de un siempre gigantesco espectáculo musical y donde casi mil espectadores disfrutan de bailes afrocubanos, voces nacionales e internacionales de calidad inigualable, así como del habano y del ron cubano. También posee el Salón Bajo las Estrellas, el restaurante Los Jardines y el bohemio Café Rodney.

Con una plantilla de más de 300 trabajadores, recibe cerca de medio millón de visitantes en un año en todas sus instalaciones. Por allí han pasado personalidades famosas del mundo artístico internacional, como Nat King Cole, Josephine Baker, Xavier Cugat, los Chavales de España, Carmen Miranda, Pedro Vargas, Libertad Lamarque, Tania Libertad, Alejandra Guzmán, Cheo Feliciano, Celia Cruz, Olga Guillot, Elena Burque, Rita Montaner, Bola de Nieve y muchos otros. Caracterizado por la belleza de sus instalaciones, el virtuosismo de sus bailarinas, la magnificencia de sus espectáculos y muchos otros atributos, recibió la condición de Monumento Nacional en el año 2002, según Decreto 178 del Consejo Nacional de Monumentos.

Tropicana: Objetivo del terrorismo de la mafia cubano americana

Durante la visita realizada a la Ciudad de Miami por Orfiris Pérez Cabrera, ciudadano cubano residente en la Isla, en el año 1993, con el propósito de encontrarse con su familiares residentes allí, fue contactado por el terrorista Luis Zúñiga Rey, miembro de la Fundación Nacional Cubano Americana. La finalidad era bien clara: se le pagarían 20 000 dólares por colocar un artefacto explosivo en el cabaret Tropicana, así como por la realización de otras actividades violentas dentro del país.

De inmediato se dedicó este individuo a la consumación de las orientaciones recibidas en el exterior. Estudió pormenorizadamente las instalaciones del cabaret y se propuso a esperar por el abastecimiento de los medios explosivos que recibiría de sus jefes de Miami. Detectado por nuestros órganos de la Seguridad Cubana, se levantó sobre él un cerrado cerco operativo. Me correspondió a mí ser un supuesto enviado de los terroristas y, embargado por una confianza inusual en él, me expuso dichos planes al detalle.

Gracias a esta medida - y a otras que no es preciso comentar aquí - se logró neutralizar el primer plan de atentado contra el famoso Tropicana, que consistiría en la colocación de poderosos medios explosivos y/o incendiarios en el área destinada a los visitantes y bailarines. La neutralización del agente 18 de la FNCA, evidenciaba que los terroristas de la mafia cubano americana no tendrían reparo alguno en provocar decenas de muertos con tal de dañar a la Revolución.

Para mí, obviamente, resultó una experiencia inolvidable y experimenté el sano orgullo de saberme útil a Cuba, así como el ser un sencillo salvador de tanta vida inocente. Internamente, a la vez, experimenté un gran odio hacia aquellas personas capaces de matar con el fin lo lograr sus fines políticos y económicos.

Pero no podía suponer, en esos momentos, que la vida me depararía otra vez el privilegio de impedir a tiempo un nuevo atentado contra Tropicana. No podía imaginarlo, aún cuando convivía con esos criminales de Miami en mi condición de luchador antiterrorista en las propias entrañas del monstruo.

En agosto de 1994, en mi condición de agente de la FNCA en Cuba, recibí de boca de Francisco José Hernández Calvo (Pepe), presidente de esa terrorista organización, la orden de preparar un atentado con explosivos precisamente contra el afanado cabaret.

De inmediato, guiado por mis oficiales de la seguridad cubana, me dediqué a preparar el supuesto atentado: filmé y fotografié el Salón Bajo las Estrellas - el ya definido objetivo de los ataques - y les entregué un croquis del mismo.

En los viajes siguientes a la ciudad de Miami se fue perfilando el plan. En los próximos meses colocaría en este salón una carga explosiva que sólo asustaría a los turistas extranjeros y afectaría el creciente flujo de los mismos al país. El lugar preciso sería en la zona aledaña al escenario e inmediatamente debajo del lugar en que toca la orquesta, precisamente en la zona de mayor concentración de visitantes foráneos.

En el mes de noviembre de 1994 todo está preparado:

- La bomba se colocaría entre los días 26 y 28 de noviembre de ese año.

- La explosión debía ocurrir en el Salón Bajo las Estrellas - bajo ningún concepto en otro lugar -, en el que se ubican cerca de 850 personas.

- Debía provocarse la explosión entre las 11 y las doce de la noche, en el preciso momento de mayor actividad en la instalación.

- Debía dejar un espacio de tiempo prudencial entre la colocación del explosivo y su detonación, de manera que me permitiera escapar de allí sin levantar sospechas. (Recuérdese que debía colocar otra carga explosiva en un hotel de Varadero).

- Si era capturado, bajo ningún concepto debía hacer alusión a mis contactos con la FNCA.

Recibiendo indicaciones de mis jefes de la FNCA, viajé a Guatemala el 22 de noviembre de 1994 y me hospedé en el Hotel Camino Real, ubicado en la zona 10 de la Ciudad Capital. Allí recibí un pormenorizado entrenamiento en el manejo de los explosivos nada menos que por parte de Luis Posada Carriles y de Gaspar Jiménez Escobedo, hoy detenidos en Panamá por preparar un atentado contra Fidel Castro durante la realización de la X Cumbre Iberoamericana.

Luego de regresar a la Habana con los explosivos, el día 25 de noviembre, para nosotros todo estaba claro:

. La supuesta bomba de ruido era realmente una carga de 450 gramos del poderoso explosivo conocido como C-4.

. De explotar, dado su potencia y características, habría provocado la muerte de cerca de 100 personas, así como heridas y mutilaciones a muchos más.

. Hubiera resultado un poderoso impacto al creciente flujo de turistas a Cuba, inobjetable propósito de tan siniestro plan.

Otra vez me correspondió, en compañía de varios anónimos combatientes de la seguridad cubana, el honroso papel de salvaguardar la vida de cubanos y extranjeros, víctimas inocentes del odio obcecado de los terroristas de Miami.

Otra vez Tropicana era la víctima inocente. Otra vez la muerte le amenazó. Cuando nuestro pueblo creía que el enemigo se había cansado de vulnerar su tranquilidad y amenazar su vida, una nueva noticia sorprendió a todos: El 26 de abril del 2002, fueron capturados los ciudadanos de origen cubano Ihosvany Suris de la Torre, Máximo Pradera Valdés y Santiago Padrón Quintero. Vinieron estos terroristas desde Miami, financiados por la FNCA, con un claro propósito: atentar nuevamente contra el cabaret Tropicana.

Estos tres intentos de agresión terrorista contra una instalación turística cubana no constituyen acciones fortuitas y aisladas. Son parte de la oleada terrorista contra Cuba desarrollada durante más de cuatro décadas, con el abierto propósito de destruir a la Revolución. Son, por ende, sólo tres intentos que se han hecho públicos. Otros aún subyacen en el mayor secreto y otros, los que están por venir, recibirán la misma respuesta de nuestro pueblo.

Algunas consideraciones finales

Ya para nadie es un secreto lo que reseño en este artículo. Mucha información se ha difundido al respecto y varios órganos de prensa le han dado amplia cobertura. Sin embargo, algunas investigaciones posteriores me han permitido dimensionar en su exacta medida el daño que Cuba y el mundo recibirían como resultado de estas acciones terroristas.

Cada uno de estos días en que existió el peligro potencial de los sabotajes, asistieron a Tropicana, aproximadamente, alrededor de 850 personas por día, lo que sumado a los más de trescientas personas que laboran allí, se hubiera puesto en peligro la vida de más de mil (¡1000!) ciudadanos inocentes.

Partiendo de estudios relacionados con el tipo de turistas que visitan dicha instalación, se sabe ya que en esos días acudieron ciudadanos norteamericanos, canadienses, mejicanos, argentinos, uruguayos, italianos, ingleses, suizos, franceses, rusos, belgas, alemanes y de otros países en menor número. Todos podrían haber muerto sin importar nacionalidad ni ideología. Su único delito habría sido visitar a Cuba.

Con independencia de que los Estados Unidos han recibido amplia información sobre estos planes terroristas, nunca el gobierno norteamericano ha enjuiciado a los responsables. Estos deambulan por las calles de Miami con total indolencia e impunidad. Incluso se han fotografiado con presidentes de ese país y han recibido de ellos las promesas de acabar con Cuba.

¿Es que estas víctimas posibles se diferencian en algo de los asesinados salvajemente el 11 de septiembre? ¿Es que estos terroristas no tienen culpa? ¿O a eso es a lo que se le llama "luchar por la libertad de Cuba"?

Percy Francisco Alvarado Godoy (Fraile) es escritor guatemalteco, ex - agente de la Seguridad del Estado de Cuba. 23 de mayo del 2003

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