jueves, 27 de junio de 2013

CHÁVEZ, ¿UN CASO DE BIOTERRORISMO?

 
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¿Fue el comandante Chávez asesinado? ¿El agresivo cáncer que lo atacó fue producto de una operación de alta tecnología médica y científica para dañar su salud y acabar con su vida? “¿Sería extraño que hubiesen desarrollado una tecnología para inocular el cáncer, y nadie lo sepa hasta ahora, y se descubra esto dentro de 50 o más años…?”, se preguntaba el propio Comandante el 28 de diciembre de 2011. Y remataba: “Fidel siempre me lo dijo, Chávez cuídate, tú eres muy descuidado… esta gente anda detrás de ti, ha desarrollado tecnología… cuidado con lo que comes, cuidado con una pequeña aguja, y te inyectan no sé qué…”

El presidente Nicolás Maduro no alberga dudas. Ha citado como antecedente el asesinato de Yasser Arafat en 2004, contaminado con Polonio 210, y cuyo crimen ha sido reconocido casi ocho años después. Rafael Ramírez, Diosdado Cabello, Elías Jaua y otros dirigentes de la Revolución han manifestado su convicción en esta hipótesis. Los médicos Roger Capella y Felipe Guzmán tampoco dudan: si el sistema inmunológico de una persona ha sido debilitado lo suficiente, se abren las puertas para un ataque biológico.

El biólogo Xenón Serrano afirma que existe hoy en día la tecnología para manipular virus, diversos agentes patógenos y tóxicos, capaces de replicar enfermedades en el cuerpo humano con un alto grado de precisión. El periodista Percy Alvarado es enfático: “Los ataques bioterroristas en la forma de enfermedades producidas en laboratorio son una constante en la historia de América Latina”.

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El bioterrorismo es la forma moderna que ha tomado la guerra bacteriológica, las técnicas y tecnologías desarrolladas para atacar, mediante agentes patógenos, a un enemigo. Algunos autores lo llaman, más sofisticadamente, ingeniería de la infección. Su desarrollo masivo vino durantela II Guerra Mundial. El III Reich lideró las investigaciones militares en el área de guerra biológica, y las aplicó masivamente en los campamentos de Auswitch y otros centros de exterminio. Ya en el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos recogió y expandió aquellos macabros inventos. A partir de 1946, Harry Truman reclutó a los principales científicos nazis para que replicaran sus investigaciones sobre armamento biológico en el área militar, espacial y de inteligencia. El ejército estadounidense y la CIA rápidamente se apropiaron de los nuevos armamentos biológicos. Pero, como afirma Percy Alvarado donde los nazis hicieron mayores aportes fue en el fortalecimiento del Fort Detrick, un centro de investigación científico- militar, cuya principal tarea consiste en descubrir cómo convertir enfermedades en armas biológicas, para atacar silenciosamente a los enemigos del “mundo libre”.

Uno de los jefes de investigación de Fort Detrick fue un ex aliado de Hitler, George Merck, propietario de la principal industria farmacéutica de EEUU. Grupos ambientalistas denunciaron a Fort Detrick como centro de experimentación de enfermedades y virus como el de inmunodeficiencia humana, el ébola, la peste bubónica, el ántrax y el virus del Nilo occidental.

Tras un escándalo producido por la muerte de ciudadanos residentes en las zonas cercanas debido a experimentos de aerosolización realizados desde el Fort Detrick, pasó a llamarse Centro Frederick para la Investigación del Cáncer y trabaja ahora bajo la supervisión del Departamento de Defensa,la CIA y el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Pese a esta increíble historia, el bioterrorismo es pintado por la prensa y el cine y percibido por el ciudadano común solo como la posibilidad de que un grupo de “extremistas locos y  asesinos” se hagan de armas químicas y/o biológicas y las usen para atacar a la población civil. Y no les falta razón: los que crean armas biológicas y las usan contra la población son, ciertamente, extremistas locos y asesinos.

Sólo que la gente está mirando al lado equivocado.

Tipo de virus oncogénico (Imagen archivo)

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No es posible entender el fenómeno del bioterrorismo sin pasearse por la tercera industria más poderosa sobre el planeta, después del petróleo y la industria militar: la industria farmacéutica. La industria de los fármacos ha jugado un rol decisivo en la ejecución de la guerra biológica: Merck, Bayer, Pfizer, Glaxo Smith Kline, Lilly, Sanofi Aventis, Novartis. Al tiempo que sus científicos prueban fármacos y productos para enfermedades conocidas, la industria farmacéutica desarrolla actividades de investigación para “nuevas enfermedades”. ¿Pero, de dónde surgen, quién inventa esas nuevas enfermedades? La reciente historia de la influenza AH1N1, Gilead, Donald Rumsfeld y el Tamiflu puede dar algunas pistas al respecto.
El maridaje entre industria militar e investigación bacteriológica es el eje de un sistema de intereses, de control geopolítico, médico y económico. Merck trabajó para Hitler y luego para EEUU en el desarrollo de armas biológicas. Bayer formó parte de las industrias químicas alemanas bajo el III Reich y creó algunas de las sustancias utilizadas para exterminar judíos, gitanos y comunistas. Pfizer ha sido acusada de realizar experimentos con humanos en Africa para probar vacunas contra la meningitis y otros fármacos. Todas esas marcas están en alguna gaveta de nuestra casa.

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Desde los años 60, el bioterrorismo escogió a Cuba como uno de sus blancos preferidos. En más de medio siglo, esta pequeña isla ha sido sistemáticamente atacada: todo comenzó con la Operación Mangosta que introdujo a la isla varios virus fuertemente patógenos. Luego vinieron la epifitia roya de la caña, la fiebre porcina africana, la contaminación de plantaciones con el moho azul del tabaco, el virus del dengue hemorrágico, que en 1981 mató a 158 cubanos, de ellos 61 niños, y el virus de la conjuntivitis hemorrágica. Cuba también fue agredida con el hongo exótico sigatoka negra, la varroasis y el thrips palmi, que afectó la producción de miel de abeja, en el primer caso, y de frijol, la papa, pimiento y otros cultivos. Guerra secreta, silenciosa, que aparece en los medios como casuales epidemias o inesperadas muertes, pero cuyo efecto es el pánico, el miedo y el terror. Guerra química, guerra biológica. De dominación.
Imagen archivo
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Mientras abiertamente se utiliza la guerra biológica contra los ejércitos y los pueblos enemigos (los bombardeos de napalm contra la población civil durante la Guerra de Vietnam, o la fumigación con glifosato de zonas campesinas en Colombia y Ecuador),la CIA ejecuta principalmente acciones selectivas contra personas o acciones secretas para provocar el caos económico y pánico médico en naciones a las que EEUU no les ha declarado la guerra.

En este contexto, la posible inoculación del cáncer aparece como una probabilidad cada vez más alta. Los sincrónicos padecimientos de cáncer de Lula Da Silva y Dilma Rouseff, Fernando Lugo y Hugo Chávez, y en menor grado, Evo Morales, replantean un escenario que los medios se apresuran a banalizar y ridiculizar como “teorías conspirativas”. Pero el cáncer, la afectación de la salud de dirigentes que desafían la hegemonía de Washington, la generación de inusuales epidemias en la población, son reales y suponen efectos humanos y políticos  reales sobre nuestros pueblos. Por ello, la investigación anunciada por el presidente Nicolás Maduro para esclarecer las causas y el origen de la enfermedad que nos arrebató al comandante Chávez, es no solo un acto de responsabilidad histórica y científica, sino un elemento vital para elevar la conciencia del pueblo frente a la guerra bioterrorista.
Aquí tampoco podemos optar entre vencer o morir. Necesario es vencer.

 William Castillo Bollé

 (Con textos de Karen Méndez, Jessica Sosa y  Percy Alvarado Godoy)

@planwac

Tomado de  http://despertaruniversitario.org

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