jueves, 27 de febrero de 2014

Obama hacia Cuba: más de lo mismo

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Mientras diferentes hechos apuntan hacia nuevas oportunidades para mejorar las relaciones con Cuba Obama usa la retórica sin que adopte ninguna medida concreta en esa dirección.

De un tiempo a esta parte gana fuerza en los Estados Unidos y en otros países la impresión de que cada vez más se dan las condiciones para un mejoramiento de las relaciones de Washington con Cuba, algo sobre lo que el Presidente Barack Obama podría influir decisivamente si hace uso de sus prerrogativas como jefe de Estado.

La tendencia que gana fuerza, sobre todo a partir del estrechón de manos de Obama con Presidente cubano Raúl Castro en las exequias del líder histórico sudafricano Nelson Mandela en Johannesburgo, a inicios de diciembre pasado, ha tenido su continuidad con la exitosa II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), efectuada en La Habana los días 28 y 29 de enero de 2014, y en la inauguración de la primera etapa de la Zona Especial de Desarrollo del puerto del Mariel  (ZEDM) el 27 de enero.

El mandatario estadounidense debe tener bien claro —y así debían aconsejárselo sus asesores— que Cuba ha sido aceptada definitivamente por los países de la región, con los cuales mantiene vínculos estrechos, y que cualquier avance de las relaciones con sus vecinos del sur pasa por una mejora de las relaciones entre Washington y La Habana.

Lamentablemente, todo parece indicar que en lugar de sacar las debidas conclusiones de la realidad puesta de manifiesto con la cumbre de la Celac, en los Estados Unidos han apostado a tratar de desmontar la incipiente voluntad integradora latinoamericana por medio del contraataque en Venezuela, en Argentina, en Ecuador… para quebrar el proceso de unidad tal como hicieran en tiempos de Bolívar.

Se crea entonces la impresión de que el esbozo de mejoramiento de las relaciones entre EE.UU. y Cuba depende del fracaso de la actual arremetida de la superpotencia contra la América Nuestra.

Ya en el plano puramente bilateral las condiciones para un acercamiento entre los dos países existen. Según analistas, bastaría que Obama cumpliera su palabra de eliminar la execrable prisión que mantiene en su ilegal base de Guantánamo y que dejara en libertad a los antiterroristas cubanos que cumplen injustas penas en cárceles de EE.UU. para allanar el camino a la aproximación diplomática y tal vez también económica.

Precisamente en el terreno económico hace rato que distintos factores  han llamado la atención en USA acerca de la necesidad de regularizar vínculos con la isla o al menos permitir que empresas privadas y organismos federales establezcan contactos con su contraparte, porque hay sectores de la economía cubana, como el turismo y el petróleo, especialmente atractivos para posibles inversores norteños.

De forma particular, las licitaciones en la zona económica cubana del Golfo de México suscitaron gran interés en los EE.UU., tanto en lo que atañe a posibles negocios como a las medidas conjuntas de seguridad ambiental que se pueden —y deben—tomar, sobre todo a partir de la experiencia derivada del derrame de crudo provocado por el accidente de una plataforma de la British Petroleum cerca de las costas de Louisiana.

Aunque el tema petróleo puede haber pasado a segundo plano, al menos temporalmente mientras se reinician las perforaciones exploratorias en el área, cerca de allí, puede decirse que frente por frente, emerge la futura zona franca y súper puerto del Mariel como atractivo imán para hipotéticas inversiones de compañías norteamericanas que, de no suavizarse el bloqueo, quedará vedado para ellas.

Pero volvamos al aspecto político. Hace pocos días se conocieron en USA los resultados de una encuesta según la cual el 56 por ciento de los estadounidenses están a favor de que se elimine el bloqueo y que el número llegaba al 63 por ciento en el estado de la Florida, donde se supone que debía ser mayor la oposición a la medida por residir allí los individuos más recalcitrantes de la derecha cubano-americana.

Si los Estados Unidos fuesen una verdadera democracia se impondría sin mayores problemas la decisión de quitar a Cuba de la lista de países terroristas en que de forma arbitraria Washington la incluyó un día. Igualmente se irían desmontando los instrumentos jurídicos del bloqueo hasta su total eliminación en un plazo razonablemente breve, puesto que es una política ineficaz, contraproducente y repudiada de forma aplastante por la comunidad internacional, incluidos los aliados de USA.

Pero la vida ha demostrado de manera inequívoca que en el país vecino reina la politiquería, no la alta política dimanante solo de una verdadera democracia, de ahí la existencia y funcionamiento de los Lobbies de influencia en el Congreso y la forma en que el dinero de los ricos y las grandes corporaciones interviene en el sistema, relegando a la intrascendencia la opinión del pueblo, por demás deformada por el barraje infamante de los medios.

Y en ese Congreso tiene una desproporcionada influencia el Lobby anticubano conformado por políticos cubanoamericanos como Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, Bob Menéndez y Ted Cruz, acérrimos enemigos de un acercamiento. Todo ello hace que poco se pueda esperar del actual debate en el Capitolio acerca del tema del bloqueo, sobre todo a partir de iniciativas de algunos congresistas demócratas y republicanos que se han pronunciado por su eliminación.

Por lo pronto, muy poco queda de las promesas de Barack Obama en relación con Cuba hechas en los tiempos de su candidatura y primer período presidencial, como no fuera la autorización para el libre envío de remesas y el derecho para los nacidos en la isla y radicados en USA a visitar a los suyos en su tierra. Porque en otros aspectos se ha opuesto a quitarnos de la lista de países terroristas e incluso ha recrudecido el bloqueo con su persecución a los negocios de La Habana con terceros.

De ahí que cuando este abogado y político empuña el micrófono para hablar del tema Cuba, se le mire desde acá con justificado y total escepticismo.

 Pastor Guzmán

Tomado de Escambray

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