martes, 25 de febrero de 2014

Ya es hora de que EE.UU. levante el embargo a Cuba

 Barack Obama y Raúl Castro se encontraron en los funerales de Nelson mandela

Si una política no logra su objetivo, una de dos: o se cambia la política o se cambia el objetivo. Durante más de 50 años, Estados Unidos buscó sofocar el comunismo y promover la democracia en Cuba mediante las sanciones.

En noviembre del año pasado, Barack Obama admitió el fracaso de esta vieja política. “Tenemos que ser creativos . . . para seguir actualizando nuestras políticas”, aseguró en un evento de recaudación de fondos en Miami. 

El argumento intelectual para relajar y, eventualmente, eliminar el embargo es desde luego sólido. Obama debería ahora avanzar en eso. 

El momento nunca fue más propicio para un nuevo enfoque. El cambio en Cuba ya está en marcha, aunque en forma irregular. 

Desde que en 2008 reemplazó a su hermano mayor como presidente, Raúl Castro inició una serie de reformas económicas. Si bien apunta a “un socialismo revisado”, introdujo elementos propios de una economía de mercado. Unos 450.000 cubanos son emprendedores independientes. Su posición es precaria, y está atada a los caprichos de un Estado totalitario, pero ya operan en forma independiente del gobierno. Éste es un proceso muy bienvenido que debería fomentarse. 

Al mismo tiempo, del otro lado del Estrecho de Florida, se desmorona la oposición a un levantamiento del embargo. Este mes Alfonso Fanjul, patriarca de una dinastía azucarera pre revolucionaria, rompió con la opinión de la élite en el exilio diciendo que había viajado a Cuba dos veces, hablado con funcionarios y que invertiría en la isla “bajo determinadas circunstancias”. Unos pocos días después, una encuesta elaborada por el think-tank Atlantic Council señaló que una mayoría de norteamericanos y hasta los cubanoamericanos están a favor de normalizar las relaciones. La cooperación bilateral en el tema de migración, medio ambiente y lucha contra las drogas ya es buena. 

Mientras tanto, la Unión Europea está buscando un nuevo enfoque para Cuba, y todo Latinoamérica mantiene relaciones normales. Para algunos países de la región, es una manera barata de burlarse de los “gringos”. Para otros, representa un sincero deseo de aumentar las chances de que haya un aterrizaje suave. 

Esto beneficia a todos, especialmente al vecino más cercano de Cuba, Estados Unidos. La apertura a Cuba ahora mejoraría la posición de Norteamérica en la región mientras se acelera la posibilidad de cambio, especialmente dados los problemas que tiene el principal benefactor de Cuba, Venezuela. 

Obama flexibilizó ciertas restricciones al turismo y giros de dinero hacia Cuba. Debe avanzar más. Si bien para levantar el embargo en su totalidad es necesario un acto del Congreso, él puede recurrir a los poderes ejecutivos que tiene a su disposición. 

Se debería levantar las restricciones de viaje a Cuba; ampliar la lista de exportaciones autorizadas (actualmente incluye sólo alimentos y medicamentos); fomentar la actividad comercial de emprendimientos privados; y quitar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo. La Habana tuvo un papel crucial en las conversaciones de paz de Colombia, por lo que es una burla que Cuba siga incluida en esa lista. 

La meta del nuevo enfoque es simple. Cuantas más restricciones haya en la isla, menos tienen los cubanos y más serviles se vuelven para el Estado. Creando un espacio económico se crea libertad. 

Al mismo tiempo, un compromiso no implica el fin del apoyo a los derechos humanos o a la liberalización política. Por el contrario, brinda un contexto más creíble para las críticas. 

Obama quizás sufra un revés político cualquiera sea el nuevo enfoque. Cuba sigue siendo un tema emocional. Pero comprometerse no es contemporizar. Al respecto,Winston Churchill una vez dijo: “La contemporización tiene su lugar en toda política. Hay que estar seguro de aplicarla en el lugar correcto. Hay que contemporizar al débil; desafiar al fuerte”. 

El nuevo enfoque acepta que reconstruir la democracia en un país en el que la última vez que hubo elecciones libres fue en 1948 quizás sea un proceso incierto; y que la política debe tener su inicio en el lugar que se encuentra uno, no desde el lugar donde uno espera llegar. 

Tomado de  http://www.cronista.com/financialtimes

Redacción: Aunque el enfoque presenta varias incongruencias, existe en el mismo una visión de la urgencia de desmantelas una política anacrónica hacia Cuba por parte de EE UU.


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