No cabe la menor de las
dudas de que representantes de la extrema derecha anticubana y sus aliados
intentan por todos los medios –valiéndose incluso de perversos mercenarios que
no representan la voluntad del pueblo cubano– de presionar al presidente
electo, Donald Trump, para que modifique la política USA hacia Cuba, en una
amalgama de posturas que confluyen en el franco intento de viciar el proceso de
acercamiento diplomático entre ambas naciones y los diálogos que sostienen
ambos gobiernos.
Un claro ejemplo que
involucra al grupo mafioso anticubano representado, entre otros, por Ileana
Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart en este empeño desesperado, se puso de
manifiesto cuando ambos miembros del congreso USA instaron a Trump para que
modifique la política norteamericana hacia Cuba, en una rueda de prensa
realizada en Miami. A su reclamo se sumó una figura que está encontrando
espacio mediático como representante de los más retrógrados intereses anticubanos
en esta coyuntura, el ex congresista por Florida Lincoln Díaz-Balart y
liderzuelo por herencia de la organización terrorista “La
Rosa Blanca”.
Sin temor a dudas
estos sectores coinciden en el temor de que Trump haya usado a la extrema
derecha anticubana de La Florida en un juego electoral para ganar votos y opte
por continuar las débiles políticas de acercamiento diplomático trazadas por
Obama.