
Usualmente, tanto para los poco
informados sobre la actividad de espionaje israelí a nivel internacional, incluso
para los investigadores de los crímenes del estado sionista, prevalece la
confusión sobre quiénes son los ejecutores de la guerra sucia que libra Israel
en el mundo, caracterizada por el asesinato selectivo de líderes palestinos y
árabes, desapariciones y secuestros, robos de secretos vitales para otras
naciones, oscuras confabulaciones
desestabilizadoras, sabotajes terroristas, ataques informáticos e, incluso, una
acentuada guerra desinformativa. Cuando algo siniestro ocurre, de inmediato
pensamos en el Mossad como el ejecutor de tales hechos, olvidándonos que el
estado sionista cuenta con un complejo andamiaje de inteligencia y
contraespionaje que opera más allá de sus fronteras y que incluye también a la
Dirección de Inteligencia Militar (AMAN) y a la Dirección de Contraespionaje
(SHABAK). Las confusiones son, hasta cierto punto de vista, lógicas. Estos
servicios, con cierta regularidad, realizan operaciones conjuntas en escenarios
internacionales, de forma tal que las operaciones interangencias tienden a
desinformar y engañar a la opinión pública, sobre la base de un uso más eficaz
de los recursos técnicos, financieros y de agentura.
Secciones del Mossad, como la Metsada,
coordina con unidades del Shabak y de la AMAN actividades operacionales en las
que coinciden los objetivos políticos del gobierno hebreo. De esta forma, la
política se convierte en patrocinador de espionaje y guerras sucias.