Mientras Israel impregna de uranio enriquecido el suelo anegado en
sangre palestina de Gaza, Obama afirma que EE.UU. lo defenderá de las
“agresiones” de musulmanes y cristianos.
Un especialista amigo recordaba esta célebre frase del dramaturgo griego Esquilo aplicable al genocidio sionista contra el pueblo palestino de la Franja de Gaza: “En la guerra, la primera víctima es la verdad”.
Otras víctimas, estas del holocausto nazi contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, han expresado su repudio contra el crimen de lesa humanidad que el gobierno de Benjamín Netanyahu realiza contra la abarrotada población del pequeño lugar, en su afán de, bajo cualquier ridículo pretexto, exterminar o expulsar a los habitantes de lo que queda de Palestina.
Pero mientras algunas voces de protesta contra el genocidio se oyen, y apenas llega ayuda humanitaria –la primera fue venezolana- y solo Chile cortó relaciones comerciales, la inmensa mayoría de los israelíes aplauden alegremente los estallidos de bombas y misiles, algunos con uranio enriquecido, causantes hasta ahora de la muerte y heridas a más de 15 000 palestinos y la destrucción de unos 7 000 inmuebles, entre ellos hospitales y lugares de supuesto refugio de Naciones Unidas.
Aplauden alegremente la sagacidad de la inteligencia sionista para localizar y asesinar a los principales dirigentes de la odiada Hamas, con la destrucción de sus viviendas y muerte de familias enteras como “daños colaterales”.