HAARP ha sido
señalado por muchos como una sofisticada arma capaz de influir en el clima,
modificándolo a su antojo para lograr condiciones favorables para la
operatividad de las tropas en un escenario bélico, e incluso ejercer influencia
nociva al poder controlar las mentes de las fuerzas vivas del enemigo. Este
cuestionamiento va más allá del uso estrictamente científico que pudo habérsele
dado, pues se sabe ya que el Pentágono lo empleó para fines bélicos.
La USAF ha decidido
finalizar en julio próximo el controvertido proyecto HAARP cuyo costo inicial
fue de día 300 millones de dólares y que requería un presupuesto anual de 5
millones de dólares para mantener su total operatividad.
La justificación
aparente del cierre de este programa cuyos copropietarios son la división de alta
tecnología de defensa de EE.UU. (DARPA) y la universidad de Alaska es, según
declaraciones de David Walker, subsecretario adjunto de la Fuerza Aérea de los
EE.UU. para la Ciencia, la Tecnología y la Ingeniería, que el mismo “significa
un área para la cual no vemos la necesidad para el futuro.”
A la par, el
funcionario de DARPA dejó entrever que EEUU se está moviendo hacia el estudio
de nuevas formas de investigación y aplicación en el campo militar, al declarar
también: “Nos estamos moviendo hacia otras formas de gestión de la ionosfera, algo
para lo que el HAARP fue diseñado para inyectar energía en la ionosfera y poder
realmente controlarla. Pero que el trabajo se ha completado”.
Estas declaraciones
sugieren la búsqueda de nuevas tecnologías que hacen ya obsoleto el programa
HAARP, lo que pone en el foco de la atención de expertos en el tema un nuevo
desarrollo de armamento de control del clima conocido como Tesla Weapon
Platform SBX-1. Atrás quedarán las misteriosas edificaciones y un sinnúmero de
antenas ubicadas en Gakona, Alaska.
| Plataforma móvil marítima SBX-1 |