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viernes, 22 de agosto de 2014

¿Qué es en verdad el Estado Islámico?

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Durante siglos, los gobiernos han dicho a sus soldados y a su pueblo: conozcan al enemigo. El problema con el califato del Isis, el Estado Islámico –y es un gran problema para el presidente Obama después del asesinato del periodista James Foley–, es que no sabemos qué es. Nos hablan de sus carnicerías, de su crueldad, sus raptos de mujeres; de que entierran vivos a humanos, de su saña contra cristianos y yazidíes y sus decapitaciones públicas, pero eso es todo. Incluso el líder del EI, Abú Bakr Bagdadi, parece una combinación demencial del Mahdi que asesinó a Gordon de Jartum, el ejecutado Osama Bin Laden y Oliverio Cromwell, el que hizo a los civiles de Drogheda lo mismo que el lord protector musulmán Bagdadi ha hecho a sus enemigos.
 
El asesinato ritual de Foley es suficiente para disuadir hasta al más temerario de los periodistas de buscar una entrevista con Bagdadi. Nunca en Medio Oriente tanta tierra se había salido de límites hacia los medios occidentales. Tan ignorantes somos del Estado Islámico (antes de Irak y Levante) –una tierra oscura de la cual los reportes que vemos vienen de los videos que sus militantes toman con sus teléfonos–, que los Obama, Cameron y Hammond apenas pueden rechinar los dientes ante este enemigo indecible. Reacciones fáciles, pero a partir de las cuales no hay mucho para dónde avanzar.

Sin embargo, el EI sabe hacer una cosa: confrontar a Obama con un problema de rehenes de su país, el mismo enigma que enfrentó Tony Blair cuando Ken Bigley apareció ante el lente de la cámara de video. ¿Qué hacer? ¿Prestar oídos sordos a las advertencias y demostrar así que no le importan sus ciudadanos al emprender operaciones militares –lo cual es verdad–, o convertirse en otro Jimmy Carter, reverente ante todo capricho de los enemigos, hincar una rodilla en tierra y decir al Pentágono deténganse ahí?

Ahora Obama ha visto ya la siguiente amenaza contra un reportero estadunidense. ¿Vacilará? No puede hacerlo, ¿o sí? Sospecho que la respuesta será eso que los presidentes y primeros ministros siempre han hecho mejor tratándose de Medio Oriente, y anunciará que el asesinato de Foley muestra no sólo cuán terrible es el EI, sino cuán importante es continuar bombardeando para destruir tan nefasta institución. En otras palabras, convertir la sádica reacción del EI hacia los ataques aéreos en la razón por la cual Washington lleva a cabo los ataques aéreos. Después de todo, bombardeamos al EI porque mata a los yazidíes, despoja a los cristianos y amenaza a los kurdos. Y luego a Irak. Ahora tenemos otra razón para bombardear el califato de Bagdadi.

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