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sábado, 15 de febrero de 2014

Golpe que no mata, fortalece



Son varias y poderosas las razones que permiten pensar que volverá a fracasar la ultraderecha venezolana en su nueva y reciente intentona de golpe de Estado. La primera y más obvia de esas razones es la carencia del factor sorpresa. Todo el mundo sabe en Venezuela y fuera de ella que el golpe viene. El propio presidente Nicolás Maduro ha avisado que su gobierno se enfrenta a un “golpe de Estado en desarrollo”.

La ausencia del factor sorpresa está impidiendo que se cumpla el requisito básico de un golpe: agarrar al presidente en piyama. Maduro está avisado y no hay elementos para suponer que habrá de descuidarse.

Una segunda razón es que en los últimos quince años, desde la elección de Hugo Chávez en 1999, las fuerzas armadas venezolanas, o al menos el grueso de ellas, no han dado señal alguna de interés por participar en un golpe de Estado. Y menos en un intento al que no se le ven posibilidades de éxito.

Como una tercera razón puede citarse la actual situación política latinoamericana, en la que un acuerdo básico es repudiar y aislar cualquier gobierno surgido de la ruptura del orden constitucional.

Es cierto que tal acuerdo básico de nada sirvió para impedir los golpes de Estado que depusieron a los gobiernos de Manuel Zelaya, en Honduras, y Fernando Lugo, en Paraguay. Pero, en cualquier caso, también es cierto que el golpismo se mueve más a gusto cuando calcula que podrá contar con la complicidad o vista gorda de otros gobiernos, lo que no acontecería ahora. Por lo demás, los gobiernos de Zelaya y Lugo no contaban con el inmenso respaldo popular con el que sí cuenta Maduro. Y, dicho sea de paso, con el que también cuentan Cristina Fernández, de Argentina, Evo Morales, de Bolivia, y Rafael Correa, de Ecuador, países en los que las derechas autóctonas y EU siguen trabajando en la agenda de un golpe de Estado con visos de éxito.

He aquí una cuarta razón. Los cabecillas del golpismo andan peleados entre sí. En una esquina está Henrique Capriles y en la otra María Corina Machado y Leopoldo López. Estos dos últimos miran a Capriles como un cartucho quemado y quieren sacarlo de la jugada. Pero Capriles no se deja. Y esta disputa interna en el golpismo finalmente favorece a Maduro.

Y aquí está una quinta razón. La experiencia reciente enseña que los puros disturbios callejeros y la violencia no forman un piso sólido para un golpe exitoso. Y que hasta los sectores sociales proclives al golpismo, pero no participantes activos, se cansan de la violencia que tiende a prolongarse sin resultados concretos e inmediatos.

Pero, como ha dicho el presidente Maduro, estamos frente a un golpe en desarrollo. Esta caracterización implica un proyecto de mediano o largo plazos. Y los disturbios callejeros, la violencia y el innegable financiamiento de los golpistas por cuenta del gobierno de Barack Obama sirven para ir creando el clima propicio a fin de dar el golpe más adelante.

Ese papel juegan la satanización de Maduro, el sabotaje económico, los asesinatos de personalidades ajenas a la política (como el de la ex Miss Universo venezolana), la inestabilidad social y la delincuencia común, programada, fomentada y financiada por los golpistas y por EU.

Se trata, en espera de mejores condiciones para el golpe, de minar a Maduro y al chavismo, con la finalidad última de derrotarlos en las urnas, cosa que hasta ahora ha sido imposible para la ultraderecha.

Dice la sentencia clásica que golpe que no mata, fortalece. Avisado y consciente del peligro que corre, Maduro no tiene otra salida que profundizar y radicalizar el proceso revolucionario, es decir, mantener y acrecentar su base de apoyo popular. De esto depende, finalmente, la presidencia de Maduro y el futuro del chavismo.

Tomado de  http://www.barrigaverde.net

lunes, 26 de agosto de 2013

¡No al sectarismo en la izquierda venezolana!



Fidel supo, desde temprano, predecir el valor de la unidad de todos los revolucionarios como condición esencial para hacer avanzar a la Revolución. Así lo manifestó en La Habana , aquel Primero de Mayo de 1960:  "(…) Cuando un pueblo se encara a una tarea como la que se ha encarado el pueblo de Cuba, cuando un pueblo, pequeño como el de Cuba, tiene adversarios poderosos como tiene Cuba hoy, todas las contingencias deben ser previstas, y ese pueblo debe saber qué es lo que tiene que hacer, y lo que tiene que hacer antes que nada, es saber que nunca puede dividirse ante una acción del enemigo, y que la reacción del pueblo es estrechar filas siempre. (…)"

También Chávez, el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, supo valorar la importancia de la unidad del pueblo para conquistar el futuro para él. Plenamente consciente de los desafíos de Venezuela, ausente o no, dijo sin reparos: “¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!, es imprescindible para ganar esta batalla y todas las que vienen”.

También el Che evaluó la necesidad de la unidad para alcanzar la victoria: "...todos los pueblos del mundo deben unirse para conseguir lo más sagrado, que es la libertad, que es el bienestar económico, que es el sentimiento de no tener absolutamente ningún problema salvable por delante..."

¿Por qué, entonces, me pregunto, todavía hay quienes prefieren sembrar divisiones ante los importantes deberes de dar continuidad a la obra revolucionaria? ¿Por qué, basados en fines aparentemente tácticos, en personales interpretaciones de la historia, en la preservación del foquismo, en el afán de protagonismo y en la ausencia de una sólida convicción revolucionaria, unos creamos divisiones y otros las propiciamos con nuestros actos excluyentes? ¿Es ésta, acaso, la mejor manera de garantizar la victoria y honrar los legados que nos han dejado hombres de la estatura de Bolívar y Chávez?

Realmente no entiendo cómo cada uno de los hombres auto proclamados izquierdistas y revolucionarios venezolanos abren brechas a la desunión en los momentos cruciales. El mismo Che dijo: "...quien aspire a ser dirigente tiene que poder enfrentarse, o mejor dicho, exponerse al veredicto de las masas, y tener confianza de que ha sido elegido dirigente o se propone como dirigente porque es el mejor entre los buenos, por su trabajo, por su espíritu de sacrificio, su constante actitud de vanguardia en todas las luchas que el proletariado debe realizar a diario para la construcción del socialismo".

El reto de las venideras elecciones del 8 de diciembre y la formación de las candidaturas manifiesta el serio peligro que puede causar nuevamente la desunión entre las fuerzas de izquierda en Venezuela. El núcleo aglutinador del Gran Polo Patriótico se ve afectado, en esta oportunidad, por el lanzamiento de candidaturas en cerca de cinco estados, propuestos por el Movimiento Electoral del Pueblo, el Movimiento Revolucionario Tupamaro y los Independientes por la Comunidad Nacional, lo debilita a las fuerzas de izquierda en Bolívar, Miranda, Portuguesa, Vargas y Apure. Con ello, sin lugar a dudas, se repetirán los estragos de las elecciones municipales en el 2004 y el 2008, en los que se perdieron 51 alcaldías a causa de estas divisiones y no llevar las fuerzas de izquierda a un candidato único. A estas fuerzas divisorias se ha sumado la Vanguardia Bicentenaria Revolucionarias (VBR), quien postula cerca de 100 aspirantes a nivel nacional.

¿Qué pretenden el sectarismo y el fraccionalismo en estos momentos en que la unidad es esencial? ¿Saboteo consciente de la continuidad del chavismo, sacar a flote extemporáneamente recelos y reservas durante años contra la actual dirección del país y el PSUV? ¿Castigar ciertas exclusiones, acaso, y  tratar de hacerse valer en la palestra política? Lo cierto es que nadie ve el riesgo que se corre y el peligro que acecha, pues de estas divisiones solo saldrá fortalecida la derecha rapaz y oportunista.

Hay tiempo, camaradas, para rectificar errores, para subsanar exclusiones, para hacer más participativa la democracia real que propugna el chavismo. Hay tiempo para pensar menos en nosotros mismos y más en la patria. Hay tiempo de hablar entre nosotros, a camisa quitada, y forjar la unidad  necesaria para seguir adelante. Creo que también el PCV debe actuar con objetividad en este trance.

El reto mayor del momento es serle fiel a Chávez, a su legado y, sobre todo, al pueblo. No hacerlo, sería abrir las puertas a una VI República, copia fiel de aquella IV República, ya desaparecida, que dejó a Venezuela en el luto, la dependencia y la pobreza. Es, simplemente, regalar nuestra dignidad y nuestra independencia. ¡Hagámoslo por Chávez!

Percy Francisco Alvarado Godoy.



viernes, 28 de junio de 2013

Amenazas y retos urgentes para Venezuela

Hace apenas 48 horas, el dirigente del PSUV Jorge Rodríguez y Ernesto Villegas, pusieron a disposición del público un  audio que recoge una tenebrosa conversación donde se implica a María Corina Machado y al representante del Movimiento 2 D, Germán Carrera Damas, de tener pleno conocimiento de una nueva conspiración: la derecha venezolana busca ayuda del gobierno yanqui y sus agencias para realizar un golpe de estado en Venezuela. Según la locuaz conversación, Ramón Guillermo Aveledo, uno de los cabecillas de la MUD, dio a conocer a funcionarios del Departamento de Estado la percepción de la reacción: agilizar por todos los medios posibles, incluida la opción putchista, la caída de la Revolución Bolivariana y terminar, de una vez por todas, con la conducción del chavismo y otras fuerzas de izquierda.

Recelosa de los avances de Aveledo y otros enviados ante Kerry,  María Corina se ofrece a tomar el caballo conspirativo por las riendas. Llena de afán protagónico y frustrada por el fracaso de las acciones desestabilizadoras de abril y de los resultados finales del voto electoral, se deslinda de la constitucionalidad y aboga por acciones más radicales que van desde la conspiración económica, la desestabilización política y las acciones subversivas y violentas.

Lo cierto es que la derecha busca opciones, salidas apresuradas como las que propone María Corina y Henrique Capriles, apoyadas en una táctica violenta en contubernio con la derecha colombiana, mientras Aveledo confía más en métodos más sofisticados, enfocados en la guerra mediática, la desinformación, la guerra del acaparamiento y la promoción del descontento social mediante rumores y guarimbas.

En Bogotá se conspira bajo la dirección de Álvaro Uribe y JJ Rendón, quienes barajan, indistintamente, la guerra económica, planes desestabilizadores y las acciones terroristas, apoyados en el paramilitarismo, el empleo de mercenarios y el apoyo gringo-sionista. Los viajes de Capriles y sus encuentros con el camaleónico Santos sirven de punto de coordinación para estas acciones.

Mientras tanto siguen levantándose, en el más absoluto silencio, campamentos para entrenar mercenarios en varios países latinoamericanos y altos funcionarios de gobiernos de derecha se involucran en planes magnicidas contra Nicolás Maduro y otros miembros de la dirección político-militar. Chile no ha sido la excepción.

Creo, a mi pesar, que se han cometido debilidades de las que el enemigo se nutre para la falaz guerra anti bolivariana y una de ellas es la mano suave y, a veces, dudosa, contra los corruptos. No sé si se teme a crear desconfianza en la base, pero sucedería realmente lo contrario. El pueblo exige honestidad y transparencia a sus dirigentes, entrega total y sacrificio, pues cuenta con el legado de Chávez como termómetro. No basta tomar acciones contra gentes como los diputados  Richard Mardo y Juan Carlos Caldera, contra el gerente del Seniat en Vargas, contra el funcionario de Indepabis en Sucre, y otros que no han sido realmente condenados, generando suspicacias y malestar, cuando aún quedan muchos por ser cuestionados judicialmente por sus actos y corruptelas. Muchas veces las investigaciones se estancan y quedan impunes quienes se benefician del narcotráfico, del acaparamiento, del nepotismo, del delito de cuello blanco, devenidos en peligrosos quintacolumnistas y potenciales traidores, compadres del oligarca y el banquero,  y amasadores de fortunas cuestionables. La cabeza culpable debe caer, sin importar lo alto de sus pedestales.

Allí está una de nuestras peligrosas debilidades. De poco vale gobernar en la calle - lo que no niego es un estilo encomiable de trabajo-, haciendo obras buenas y necesarias, si no sacudimos el árbol para deshacernos de los frutos podridos. El pueblo se siente atendido y contento, pero perdura el desánimo y la duda.

Muchas veces el enemigo interno, al que le damos responsabilidades, hace tanto daño como el guarimbeo de la derecha.  Muchas veces el desabastecimiento, la deliberada desorganización en los canales de distribución de alimentos y otras modalidades de acciones desestabilizadoras que se llevan a cabo en universidades y por grupos juveniles usados por la derecha, son formas de emerger la acción contrarrevolucionaria. Muchas veces la manipulación de la información, la desinformación de la derecha, y la que nosotros mismos provocamos, son el caldo de cultivo de las dudas y la inconformidad. Por ello, el uso de las redes sociales, objetivamente críticas, poniendo el dedo en la llaga, se convierte en un elemento de alerta temprana contra lo mal hecho. Quien escriba la verdad y lo haga honestamente, debe ser escuchado y no censurado.

Los revolucionarios siempre tendremos retos y muchos frentes que atender para enfrentar a nuestros enemigos. La sabiduría para vencer radica en estar siempre vigilantes, en contacto estrecho con el pueblo, organizándonos y autojuzgando cada acción que hacemos.

Confío en Venezuela y en los mejores hijos de Chávez. Esta Revolución no se la entregaremos ni al invasor, ni al enemigo interno.

Percy Francisco Alvarado Godoy

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