Cerrarles la boca. De
eso se trata. Un golpe del verdugo, una descarga del pelotón de
fusilamiento, y los secretos se van a la tumba. Saddam Hussein no tuvo
oportunidad de contarnos sus acuerdos con las empresas estadunidenses y
alemanas que proveyeron el gas que usó con los kurdos. Y ahora el espía
maestro de Kadafi, Abdalá Senussi, será fusilado en Libia antes que tenga
oportunidad de relatar la íntima relación que tenía con nuestros
servicios de seguridad occidentales cuando servía de enlace entre su
jefe, la CIA y el MI6.