Diego Rodríguez,
nacido en Colombia, enseñaba español en una escuela pública cuando el FBI quiso
reclutarlo por primera vez a fines de los años 80 con la intención de
incorporar personal de habla hispana para aumentar la diversidad. Su respuesta
inicial fue "no, gracias. Estoy muy satisfecho enseñando".
Pero más tarde
cambió de idea. Cuando ingresó en la agencia, trabajó principalmente en casos
de drogas. Más de 25 años después, como director asistente a cargo de la
oficina del FBI en Nueva York, supervisa a unos 2.000 agentes y algunos de los
casos de terrorismo, tráfico de información privilegiada, fraude cibernético y corrupción
pública.
Se trata de un
cargo con enorme potencial de proyección pública. Pero mientras otros altos
funcionarios de la aplicación de las leyes son reconocidos por el público,
Rodríguez ha mantenido mayormente una presencia discreta en su primer semestre
en el cargo, reflejando una manera de actuar que permite que los resultados de
sus agentes sean elocuentes.