Llega un nuevo abril a nosotros y con él se rememora, obligatoriamente, a
aquellos que la mano asesina de la CIA y la contrarrevolución arrancaron
salvajemente de nuestro lado. Obreros como Rigoberto Sierra; decenas de gentes
sencillas muertos en Girón y en los ataques precedentes como Eduardo García
Delgado; la inolvidable Fe del Valle, asesinada en el sabotaje a la tienda “El
Encanto”; nuestros funcionarios como Sergio
Pérez del Castillo, asesinado cuando una bomba fue colocada en la oficina
comercial de Cuba en Montreal, Canadá; nuestros diplomáticos Adriana Corcho
Callejas y Efrén Monteagudo Rodríguez, asesinados en Portugal cuando una bomba explotó
en nuestra embajada en ese país; así como el humilde pescador Bienvenido Máuriz
Díaz. No podemos olvidarnos jamás de estos crímenes, pues tenemos memoria y
nuestros muertos aún reclaman justicia.
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viernes, 31 de marzo de 2017
miércoles, 1 de febrero de 2017
En Cuba, febrero no ha sido sólo un mes propicio para el amor
Para muchos, febrero
es un mes propicio para el amor. Con sobrado entusiasmo se preparan para
ofrecer al ser amado las más disímiles muestras de afecto, como si pretendieran
con ello hacerle saber cuán importante lugar ocupan en la vida de cada uno.
Es entonces cuando
aparecen en el buscado entretiempo que se roba a la cotidianeidad una muestra
de cariño, una caricia reprimida y ofrecida en tierno beso cual entrega
absoluta. Flores y sueños, ilusiones y promesas, suspiros y emociones se juntan
en un hermoso calidoscopio capaz de prolongar y darle vida a lo más humano de
nosotros. Sin embargo, para los cubanos, febrero no puede identificarse
solamente con el mes más propicio para el amor. Mucho luto hay en él, mucho
recuerdo triste capaz de lacerar a la memoria, mucho dolor vivido hora tras
hora y provocado por la mano ignominiosa del asesino venido del Norte, solapado
en las sombras y armado de despiadadas intenciones. Cuba, pues, lo sabe bien y
lo tiene presente en las ausencias y los malos recuerdos.
Cada febrero cobra
dimensiones de amarga estatura para la familia de Pedro Morejón Quintana,
nacido en el seno de una humilde familia matancera de Los Arabos. Allí creció,
cercado por la pobreza y por la incapacidad de frenar a la tristeza que
habitaba en los ojos de sus mayores. Allí tuvo sus primeros sueños y allí le
brotó el amor, repentinamente, como las cosas buenas. Allí lo sorprendió
aquella Revolución que hizo suya, pues supo que estaba hecha para él y para los
suyos, dedicándose enteramente a consolidarla. Por ello, sin pensarlo dos
veces, se hizo miliciano. Por ello, también, sus manos callosas y firmes se
dedicaron a construir granjas avícolas, pensando que esa era la forma más
concreta de amasar el futuro.
Un buen día, ante el
llamado de la Patria, Pedro Morejón se transformó en Pedrito "el
alfabetizador" y se dedicó a enseñar a sus compañeros de labor. Este joven
obrero, devenido en maestro, fue asesinado el 21 de febrero de 1961 cuando
apenas se iniciaba la Campaña Nacional de Alfabetización. Ni la CIA ni los
asesinos armados por ellos y agrupados en una banda contrarrevolucionaria
podrían permitirle a Pedrito el privilegio de enseñar a los demás. Tampoco
pudieron permitirle su amor y entrega a la Revolución. Por eso lo asesinaron
salvajemente.
Febrero, pues, dejó
de ser un espacio de tiempo feliz para transformarse en cruel y amargo recuerdo
para sus seres queridos. Una familia más pagaba el precio por apostar por el
futuro. Pero no sería la única.
Cuando aún se lloraba
a Pedrito por parte de los suyos, era asesinado el miliciano Lázaro Elio García
Granados, el 23 de febrero, mientras cuidaba el almacén de la fábrica
"Regalías El Cuño", situada en la Habana. Otra familia más supo
entonces del dolor provocado por la contrarrevolución y sus amos. Cinco días
después, otro maestro voluntario pagaría con su vida el hacer suya la obra
renovadora de la Revolución. Narciso Máximo Gómez González, haciendo honor al
nombre que portaba, supo morir en su trinchera de combate humano y
desinteresado. Fue asesinado por elementos contrarrevolucionarios en Cubanacán,
Marianao, el 28 de febrero de 1961. Esas mismas manos asesinas habían provocado
heridas a siete alumnas y a una profesora, luego de colocar explosivos en una escuela
privada de la Capital.
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