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lunes, 14 de octubre de 2013

LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ CUMPLE 60 AÑOS.




Este 21 de septiembre se cumplieron 60 años del inició la causa Nº 37 o Juicio del Moncada contra el Dr. Fidel Castro Ruz y la Juventud del Centenario que el 26 de Julio de 1953 asaltaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, con la finalidad de recuperar la mancillada República de Cuba por el golpe de Estado y dictadura de Fulgencio Batista; “las fuerzas revolucionarias tuvieron 8 muertos y 10 heridos en el combate propiamente dicho. La cifra de mártires se elevaría a 61, con los asesinatos que contra ellos cometieron ese y los siguientes cuatro días…” [i] El teniente Pedro Sarría Tartabul, honesto militar, el 1º de agosto de 1953 capturó y salvó la vida de Fidel, al entregarlo al Vivac o prisión preventiva de Santiago de Cuba.

     Fidel Castro, joven de 27 años, recién graduado fue  dirigente y organizador de la gesta patriótica del Moncada; en su condición de abogado asumió la defensa de la Generación del Centenario, jóvenes moncadistas que sobrevivieron a los asesinos de la dictadura: con palabra afilada, enérgico verbo y la verdad como evangelio fue denunciando, uno a uno, los horrendos crímenes del Coronal Andrés Pérez Chaumont, Coronel Alberto del Río Chaviano y demás esbirros; desde el primer día, los acusados se convirtieron en acusadores, el verbo de Fidel no fue resistido por el régimen, por lo que fue separado del juicio original y procesarlo un mes después; el 16 de octubre en uno de los juicios más sonados y silenciados de Cuba, Fidel asumió su autodefensa conocida como LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ; al citado juicio, además de magistrados y escolta militar, asistieron seis periodistas, la hija de un magistrado y otra abogada anónima, quien resulta ser Pilar Seisdedos Rivas, a quien tuve el privilegio de entrevistar en uno de mis viajes a Santiago de Cuba, me contó Doña Pilar que Fidel cuando salió del juzgado la saludó, más o menos así: “Somos colegas”. Fidel fue condenado y desde la cárcel, clandestinamente, reconstruyó su coloquial auto-defensa y por medio de Haydée Santamaría, Melba Hernández y jóvenes del movimiento, dieron a conocer LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ, que devino en programa del el Movimiento 26 de Julio;  de esta forma el pueblo cubano conoció la verdad acerca de los asaltantes del Moncada, que peleaban por la libertad de la patria; este 16 de octubre 2013, cumple 60 años aquella valiosa autodefensa y la Revolución Cubana celebra aquel acontecimiento con más de 54 años de resistencia desde su triunfo el 1º de enero de 1959.

Fidel adelantándose a los hechos dijo a los magistrados: “condenadme, no importa, la historia me absolverá” aquellos encausados, hoy forman parte de los héroes del Moncada, héroes de la Cárcel Modelo o Cárcel Fecunda, héroes del Granma, héroes de la Sierra Maestra, héroes de Playa Girón y demás resistencias que hacen de la Revolución Cubana  un cambio en la historia mundial: antes y después de Fidel Castro.

Para Radio Habana Cuba
José Alfredo Pineda Dubón
San José, Costa Rica.

lunes, 29 de julio de 2013

Carta de Fidel: ¨He vivido para luchar¨

 
 
“Un líder latinoamericano y mundial, al que deseo rendir hoy especial tributo por lo que hizo a favor de nuestro pueblo y a otros del Caribe y del mundo es Hugo Chávez Frías; él estaría aquí hoy entre nosotros si no hubiese caído en su valiente combate por la vida; él como nosotros no luchó para vivir; vivió para luchar”. (Texto completo)

Queridos amigos:

El viernes 26 de julio se arriba al 60 aniversario del asalto al regimiento del Moncada en Santiago de Cuba y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Conozco que numerosas delegaciones piensan viajar a Cuba para compartir con nosotros esa fecha en la que nuestro pequeño y explotado país decidió proseguir la lucha inconclusa por la independencia de la Patria.

Ya entonces también nuestro Movimiento estaba fuertemente influido por las nuevas ideas que se debatían en el mundo.

Nada se repite exactamente igual en la historia. Simón Bolívar, libertador de América, proclamó un día el deseo de crear en América la mayor y más justa de las naciones, con capital en el istmo de Panamá. Incansable creador y visionario, se adelantó más tarde al sentenciar que Estados Unidos parecían destinados a plagar la América de miserias a nombre de la libertad.

Cuba sufrió, como América del Sur, Centro América y México con el territorio que le fuere arrebatado a sangre y fuego por el insaciable y voraz vecino del norte, que se apoderó de su oro, su petróleo, sus bosques fabulosos de sequoia, sus mejores tierras y sus más ricas y abundantes aguas pesqueras.

No estaré sin embargo con ustedes en Santiago de Cuba, pues debo respetar la obvia resistencia de los guardianes de la salud. Puedo en cambio escribir y trasmitir ideas y recuerdos, que siempre serán útiles, al menos para el que escribe.

Hace breves días, cuando observaba desde mi asiento en la parte media de un vehículo de doble tracción lo que fuera un viejo centro genético para la producción lechera, pude leer una brevísima síntesis de solo un párrafo del discurso pronunciado el Primero de Mayo del año 2000, hacía ya más de 13 años.

El tiempo borrará aquellas palabras en letra negra sobre una pared blanqueada con cal.

“Revolución […] es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”

Ahora se cumplen 60 años de aquel hecho ocurrido en 1953, sin duda valeroso y demostrativo de la capacidad de nuestro pueblo para crear y enfrentar a partir de cero cualquier tarea. La experiencia posterior nos enseñó que habría sido más seguro comenzar la lucha por las montañas, algo que planeábamos hacer si tomada la fortaleza del Moncada, no podíamos resistir la contraofensiva militar de la tiranía con las armas que ocupáramos en Santiago de Cuba, más que suficientes para vencer en aquella contienda y mucho más rápidamente que el tiempo invertido después.

Los 160 hombres escogidos para la operación fueron seleccionados entre 1 200 con los que contábamos, entrenados entre los jóvenes de las antiguas provincias de La Habana y el este de Pinar del Río, afiliados a un partido radical de la nación cubana donde todavía el espíritu pequeño burgués inculcado por los dueños extranjeros y sus medios de divulgación, en mayor o menor medida, influían en todos los rincones del país.

Yo había tenido el privilegio de estudiar, y ya en la universidad adquirí una consciencia política a partir de cero. No está de más repetir lo que he contado otras veces, la primera célula marxista del Movimiento la creé yo con Abel Santamaría y Jesús Montané, utilizando una biografía de Carlos Marx, escrita por Franz Mehring.

El Partido Comunista, integrado por personas serias y consagradas de Cuba, soportaba los avatares del Movimiento Comunista Internacional. La Revolución reiniciada el 26 de julio recogió las experiencias de nuestra historia, el espíritu abnegado y combativo de la clase obrera, la inteligencia y espíritu creativo de nuestros escritores y artistas, así como la capacidad que yacía en la mente de nuestro personal científico, que ha crecido como la espuma. Nada se parece hoy a lo de ayer. Nosotros mismos, a los que el azar nos designó el papel de dirigentes, nos podríamos abochornar de la ignorancia que todavía muestran nuestros conocimientos. El día que no aprendamos algo nuevo será un día perdido.

El ser humano es producto de las leyes rigurosas que rigen la vida. ¿Desde cuándo? Desde tiempos infinitos ¿Hasta cuándo? Hasta tiempos infinitos. Las respuestas también lo son.

Por ello, aunque no las comparta, respeto el derecho de los seres humanos a buscar respuestas divinas, preguntas que pueden hacerse, siempre y cuando las mismas no tiendan a justificar el odio y no la solidaridad en el seno de nuestra propia especie, error en el que han caído muchas en uno u otro momento de su historia.

Aquel atrevido intento no fue sin duda un acto improvisado; admito sin embargo que a partir de la experiencia acumulada habría sido mucho más realista y más seguro iniciar aquella lucha por las montañas de la Sierra Maestra. Con los 18 fusiles que logramos reunir después del durísimo revés que sufrimos en Alegría de Pío, en parte por inexperiencia y el incumplimiento de las instrucciones recibidas por el Movimiento en Cuba, y también por la excesiva confianza nuestra en el poder de fuego de los expedicionarios armados con más de 50 fusiles con mirilla telescópica, y su entrenamiento en tiro. Atentos sin embargo a los vuelos rasantes de los aviones de combate del enemigo, descuidamos la vigilancia en tierra y nos atacaron en un pequeño cayo de monte a pocos metros de nosotros. Nunca más nos pudo sorprender de esa forma el enemigo.

En los combates librados después siempre fue al revés, y en las acciones finales, con menos de 300 combatientes, en 70 días de incesante lucha derrotamos la ofensiva de más de 10 mil hombres de sus fuerzas élites. En los combates librados durante dos años siempre los bombarderos y cazas del enemigo en solo 20 minutos solían estar encima de nosotros. No consta sin embargo que haya muerto un solo combatiente por esa causa en aquella dura lucha. Todo cambió en las décadas siguientes con la nueva tecnología desarrollada por Estados Unidos y sumadas a las fuerzas reaccionarias en América Latina y el mundo, aliadas a ellos. Siempre los pueblos encontrarán las formas adecuadas de lucha.

Ustedes estarán allí, en el escenario del primer combate.

Cuando, después de los hechos que se consumaron el 26 de julio, un último carro se acerca y me recoge, monté en la parte trasera del vehículo repleto del personal, otro combatiente se acerca por la derecha; me bajo y le doy mi asiento; el carro parte y me quedo solo. Hasta el momento que me recogieron por primera vez en medio de la calle, con la escopeta semiautomática Browning y cartuchos calibre 12 de balines, trataba de impedir que dos hombres usaran una ametralladora calibre 50 desde el techo de uno de los pisos del edificio central de mando del amplio campo militar; era lo único que podía verse del tiroteo generalizado que se escuchaba.

Los pocos compañeros que con Ramiro Valdés habían penetrado en la primera barraca despertaron a los soldados que allí dormían y, según me explicaron posteriormente, estaban en paños menores.

No pude hablar con Abel ni otros de su grupo que desde un alto edificio al fondo del hospital civil, dominaban la parte trasera de los dormitorios. Yo consideraba que era absolutamente obvio para él lo que estaba ocurriendo. Tal vez pensó que yo había muerto.

Raúl, que estaba con el grupo de Lester Rodríguez, veía con claridad lo que estaba ocurriendo y pensaba que estábamos muertos. Cuando el jefe de esa escuadra decide bajar, toman el elevador, y al llegar abajo, le arrebata el fusil a un sargento que no hace resistencia, ni tampoco los soldados que iban con él. Toma el mando del grupo y organiza la salida del edificio.

Mi preocupación fundamental era en ese momento el grupo de compañeros que supuestamente había ocupado el cuartel de Bayamo y no tenía noticia alguna de nosotros. Por mi parte, contaba todavía con suficientes cartuchos y pensaba vender bien cara mi vida luchando contra los soldados de la tiranía.

De repente aparece otro carro: venía a buscarme; y de nuevo albergo la esperanza de ayudar a los compañeros de Bayamo con una acción en el cuartel del Caney.

Varios carros esperaban al final de la avenida donde yo pensaba tomar la dirección correcta hacia ese punto. Pero el propio compañero que conducía el vehículo que entró para buscarme no la tomó, siguió hacia la casa de donde partimos por la madrugada, allí se cambió de ropa. Yo cambié de arma y tomé un rifle semiautomático calibre 22 con punta de acero, con un poco de más alcance que la calibre 12 de balines, me puse alguna ropa y a varios pasos de allí cruzamos una cerca de púas con aproximadamente 15 hombres armados, uno de ellos herido.

Otros dejaron sus armas y tomaron los vehículos tratando de buscar una salida. Conmigo iba Jesús Montané y algunos otros jefes. Caminamos horas aquella calurosa tarde por la falda norte de la Gran Piedra, una elevada montaña que trataríamos de cruzar para dirigirnos hacia el Realengo 18, un camino empinado del que Pablo de la Torriente, excelente escritor revolucionario, escribió que un hombre con un fusil podía resistir a un ejército. Pero, Pablo murió en España combatiendo en la Guerra Civil Española, donde alrededor de mil cubanos apoyaron a ese pueblo contra el fascismo. Lo había leído, pero nunca pude hablar con él, ya había viajado a España cuando yo estudiaba bachillerato.

Nosotros no pudimos ya proseguir hasta aquel realengo y permanecíamos al sur de la cordillera. La zona montañosa preferida por mí para la lucha guerrillera se situaba entre el santuario del Cobre y el central Pilón; planeé por ello cruzar hasta el otro lado de la bahía de Santiago de Cuba por un punto que conocía desde que estudié en el Colegio de Dolores, en la ciudad donde ustedes se reunirán. Gran parte de nuestro pequeñísimo grupo estaba agotado por el hambre y las fatigas. Un herido había sido evacuado y Jesús Montané que apenas podía mantenerse en pie. Otros dos, con menos responsabilidad pero más saludables, marcharían conmigo hacia el occidente de aquellas montañas. Pero los hechos más dramáticos y menos esperanzadores estaban todavía por llegar. En la tarde le dimos instrucciones al resto de los compañeros de esconder sus débiles armas en algún lugar del bosque y dirigirse aquella noche a la casa confortable de un campesino que vivía a orillas de la carretera que iba de Santiago a la playa, que disponía de ganado y tenía comunicación telefónica con la ciudad. Sin duda fueron interceptadas por el ejército. El enemigo de todas formas conocía el área cercana por donde nos movíamos. Antes del amanecer, una escuadra de la jefatura militar fuertemente armada, nos despertó con la punta de sus fusiles. Las venas del cuello, y el rostro de aquellos soldados bien alimentados, se veían latir deformadas por la excitación. Nos dábamos por muertos y en el acto estalla la discusión. Sin embargo no me habían identificado. Al atarme profundamente y preguntarme el nombre, irónicamente les doy uno que usábamos en bromas de la peor especie. No podía comprender que no se dieran cuenta de la verdad. Uno de ellos, con rostro descompuesto, vociferaba que ellos eran los defensores de la patria. Con voz fuerte le respondo que ellos eran los opresores, como los soldados españoles en la lucha de nuestro pueblo por la independencia.

El jefe de la patrulla era un hombre negro que a duras penas podía mantener el mando. ¡No disparen!, les gritaba constantemente a los soldados.

En voz más baja repetía: “Las ideas no se matan, las ideas no se matan”. En una de aquellas ocasiones se acerca a mi y con voz baja dice y repite: “Ustedes son muy valientes, muchachos”. Al escuchar aquellas palabras le digo: “Teniente, yo soy Fidel Castro”; y el responde:

“No se lo digas a nadie”. De nuevo el azar se impone con todas sus fuerzas.

El teniente no era oficial del regimiento, tenía otra responsabilidad legal en la región de Oriente.

Más adelante se imponen de nuevo los hechos más importantes todavía.

A los compañeros que debían desmovilizarse les doy instrucciones de guardar las armas, y después los custodiaríamos hasta el punto donde debían hacer contacto con las personas del Obispo.

La opinión pública de Santiago de Cuba había reaccionado con energía frente a los horribles crímenes cometidos por el ejército batistiano contra los revolucionarios.

Monseñor Pérez Serantes, Obispo de Santiago de Cuba, había obtenido algunas garantías favorables a sus gestiones por el respeto a la vida de los revolucionarios prisioneros. A Sarría, sin embargo, le quedaba una batalla por librar contra el mando del regimiento que esta vez delegó la tarea al más connotado esbirro de la carnicería impuesta por el jefe militar de Santiago de Cuba, que le ordenó trasladar los detenidos al Moncada.

Por primera vez en nuestra Patria los jóvenes habían entablado una lucha semejante frente a lo que fuera hasta el Primero de Enero de 1959: una colonia yanki.

Al llegar a la casa del vecino junto a la estrecha carretera que une la ciudad con la playa Siboney, un pequeño camión esperaba. Sarría me sentó entre el chofer y él. Cientos de metros más adelante se topan con el vehículo del comandante Chaumont que demanda la entrega del prisionero. Como en una película de ciencia ficción el teniente discute y afirma que no entregará al prisionero, en vez de eso lo presentará al Vivac de Santiago de Cuba y no a la sede del regimiento. Es así como el hecho rememora una inusual experiencia.

Es imposible en tan breve tiempo expresarle a nuestros ilustres visitantes las ideas que suscitan en mi mente los increíbles tiempos que estamos viviendo.

No puedo pensar que dentro de 10 años, en el 70 aniversario, escribiría un libro. Desgraciadamente nadie puede asegurar que habrá un 70, un 80, un 90, o un centésimo aniversario del Moncada. En la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, de Río de Janeiro, dije que una especie estaba en peligro de extinción: el hombre. Pero entonces creía que sería cuestión de siglos. Ahora no soy tan optimista. De todas formas nada me preocupa; seguirá existiendo la vida en la inabarcable dimensión del espacio y el tiempo.

Mientras tanto digo solo algo, ya que cada día amanece para todos los habitantes de Cuba y del mundo:

Los líderes de cualquiera de las más de 200 naciones grandes y pequeñas, revolucionarias o no, necesitan seguir viviendo. Tan difícil es la tarea de crear la justicia y el bienestar, que los líderes de cada país necesitan autoridad, o de lo contrario reinará el caos.

En días recientes se intentó calumniar a nuestra Revolución, tratando de presentar al Jefe de Estado y Gobierno de Cuba, engañando a la Organización de Naciones Unidas y a otros jefes de Estado, imputándole una doble conducta.

No vacilo en asegurar que aunque durante años nos negamos a suscribir acuerdos sobre la prohibición de tales armas porque no estábamos de acuerdo en otorgar esas prerrogativas a ningún Estado, nunca trataríamos de fabricar un arma nuclear.

Estamos contra todas las armas nucleares. Ninguna nación, grande o pequeña, debe poseer ese instrumento de exterminio, capaz de poner fin a la existencia humana en el planeta. Cualquiera de los que tales armas poseen, dispone ya de suficientes para crear la catástrofe.

Jamás el temor a morir, ha impedido las guerras en ninguna parte del planeta. Hoy no solo las armas nucleares sino también el Cambio Climático es el peligro más inminente que en menos de un siglo puede hacer imposible la supervivencia de la especie humana.

Un líder latinoamericano y mundial, al que deseo rendir hoy especial tributo por lo que hizo a favor de nuestro pueblo y a otros del Caribe y del mundo es Hugo Chávez Frías; él estaría aquí hoy entre nosotros si no hubiese caído en su valiente combate por la vida; él como nosotros no luchó para vivir; vivió para luchar.

Fidel Castro Ruz
Julio 26 de 2013
6 y 5 a.m.

sábado, 27 de julio de 2013

René en su primer 26, tras el regreso a Cuba

Es impresionante estar aquí, y para mí un honor y un privilegio que ojalá pueda compartir pronto con mis cuatro hermanos aun presos injustamente en Estados Unidos por combatir el terrorismo, dijo el Héroe de la República de Cuba René González, al asistir al primer acto central por la gesta del Moncada, tras su regreso a la Isla.
 
En breve intercambio con la prensa, González dirigió un mensaje a los pueblos del orbe, a los que vean esta manifestación de pueblo, que respiren este ambiente, el espíritu del pueblo cubano, y entiendan lo que nos impulsa, cómo es de genuino este proceso, que lo sientan y se lo digan al mundo.

René asistió acompañado de su esposa Olga Salanueva, a la conmemoración central por los 60 años de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

El Héroe intercambió brevemente con periodistas acreditados para la cobertura de la conmemoración y los invitó a respirar el ambiente de pueblo reinante en este histórico Día de la Rebeldía Nacional y transmitir esa imagen al mundo.

Precisamente, en la celebración del aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes participaron de Italia cinco miembros de la Asociación de Solidaridad Internacionalista con Cuba, que apoya la causa de Los Cinco.

En exclusiva a la AIN, Serena Bartolucci manifestó la alegría de conocer la presencia de René en el acto y reiteró que no cejarán en la lucha hasta el regreso de sus cuatro compañeros.

Nosotros acudimos con una representación al coloquio internacional que se realiza en la provincia de Holguín, para reclamar la liberación de Gerardo, Antonio, Ramón y Fernando, que cumplen en Estados Unidos desmesuradas e injustas condenas, acotó.

Con respecto al acto de Santiago de Cuba, dijo que fue muy conmovedor escuchar en vivo las voces de líderes latinoamericanos, que solo conocía por la prensa.

Se refirió, además, a la atmósfera familiar que existió en el antiguo cuartel Moncada, ya que los mandatarios se expresaron como hermanos de ideales que son.

Esa asociación de solidaridad, indicó Serena Bartolucci, surgió hace 20 años en Italia para luchar contra la desinformación que hay sobre Cuba en el mundo, y también para ayudar con fondos en proyectos acerca de fuentes renovables de energía en centros de educación del país caribeño.

 (AIN)/(Granma)

Tomado de  http://siempreconcuba.wordpress.com

viernes, 26 de julio de 2013

Nuestro cemento del porvenir: EL MONCADA

"...cambios materiales son más fáciles que los cambios culturales”, como dijera Pepe Mujica, en su intervención,  o “el mundo cambia y se mueve porque hay gente comprometida para hacerlo cambiar”, precisó el exguerrillero uruguayo".


En casa el 26 de julio formaba parte del calendario familiar de celebraciones, al igual que el fin de año, el Día de las madres, e incluso la Navidad. Se asaba un lechón y todos esperábamos el discurso de Fidel para orientarnos en torno a los cambios y retos del socialismo cubano.

Con la llegada del período especial hubo que hacer a un lado la celebración festiva, pero nos quedamos con el ritual político cultural, y creo, que la mayoría de los cubanos se plantan frente al televisor a dialogar con el orador de turno, o con su líder,  en la tribuna de la Patria.

Esto último no es baladí, pues en la naturaleza secreta del hombre de esta tierra, ocurre una conversación virtual con Fidel o Raúl Castro, lo mismo se aprueban las palabras dichas, que se condenan los desaciertos en todo un año de trabajo. Yo diría que ese día, Cuba es una tribuna mediática, un gran escenario, donde el pueblo participa junto a sus dirigentes en proyectos pasados y futuros.

Este 26 de julio no ha sido igual, Fidel no está físicamente en el acto, es un cubano más frente al televisor, aprueba o desaprueba gestos, frases, y en silencio dialoga, lo mismo con Raúl, que con todos los mandatarios latinoamericanos que desfilan por la tribuna. Reconoce el hecho de saberse un paradigma de revolucionario en tiempos donde “los cambios materiales son más fáciles que los cambios culturales”, como dijera Pepe Mujica, en su intervención,  o “el mundo cambia y se mueve porque hay gente comprometida para hacerlo cambiar”, precisó el exguerrillero uruguayo.

Fidel sabe que el  Moncada es  faro de dignidad para los pueblos de América Latina y el  mundo. Tal vez por eso, en fecha de rebeldía nacional, nuevamente resurge la frase del teniente  Pedro Sarría, su salvador en aquella epopeya, con más vigencia que nunca: “Las ideas no se matan”.

Como cubano de a pie, humilde por cuna y vida construida, sentí en lo más profundo de mi espíritu las palabras de Mujica, creo que habló a los revolucionarios del mundo, de América Latina, y en un gesto bohemio, de joven en cuerpo viejo sentenció: “los cambios culturales son el cemento del porvenir”.

Con las ideas no se matan y los cambios culturales son el cemento del porvenir, es tiempo de seguir sobre Rocinante, por caminos cada vez más ciertos de integración americana, convencidos, como dijera Mujica, que “los cambios sociales no tienen un laboratorio donde se puedan experimentar…Los cambios sociales  no están a la vuelta de la esquina. Lo imposible siempre cuesta más”.  
 
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu 

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