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martes, 22 de enero de 2019

Ponencia de Percy Alvarado en el Foro Internacional de Periodistas por el 60 Aniversario de la Operación Verdad


Fidel nos convocó hace 60 años para enfrentar a la guerra inmoral y tendenciosa de nuestros enemigos mediante la Operación Verdad. Hoy, con Fidel presente en nuestros corazones y en nuestros principios y convicciones, tenemos el compromiso de unirnos, de fortalecer nuestras trincheras a favor de la verdad. ¡Honrémoslo a él y a todos aquellos que como Jorge Ricardo Masetti han dado continuidad a la difusión a las verdades y razones que nos mueven y convertido en roca indestructible a nuestros principios!
Hago, por tanto, un llamado a la unidad de esfuerzo para enfrentar a la guerra mediática contra nuestros gobiernos progresistas, a nuestros movimientos populares y a nuestros más genuinos líderes.
Si un día nos tocó a cada uno exclamar por el dolor y la disposición de seguir adelante la obra bolivariana: ¡Yo soy Chávez!, hoy nos toca decirle a nuestro Comandante Fidel: ¡Hemos sido, somos y seremos un Fidel en el combate por la suerte de nuestros pueblos y por hacer prevalecer la verdad!


lunes, 29 de julio de 2013

Carta de Fidel: ¨He vivido para luchar¨

 
 
“Un líder latinoamericano y mundial, al que deseo rendir hoy especial tributo por lo que hizo a favor de nuestro pueblo y a otros del Caribe y del mundo es Hugo Chávez Frías; él estaría aquí hoy entre nosotros si no hubiese caído en su valiente combate por la vida; él como nosotros no luchó para vivir; vivió para luchar”. (Texto completo)

Queridos amigos:

El viernes 26 de julio se arriba al 60 aniversario del asalto al regimiento del Moncada en Santiago de Cuba y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Conozco que numerosas delegaciones piensan viajar a Cuba para compartir con nosotros esa fecha en la que nuestro pequeño y explotado país decidió proseguir la lucha inconclusa por la independencia de la Patria.

Ya entonces también nuestro Movimiento estaba fuertemente influido por las nuevas ideas que se debatían en el mundo.

Nada se repite exactamente igual en la historia. Simón Bolívar, libertador de América, proclamó un día el deseo de crear en América la mayor y más justa de las naciones, con capital en el istmo de Panamá. Incansable creador y visionario, se adelantó más tarde al sentenciar que Estados Unidos parecían destinados a plagar la América de miserias a nombre de la libertad.

Cuba sufrió, como América del Sur, Centro América y México con el territorio que le fuere arrebatado a sangre y fuego por el insaciable y voraz vecino del norte, que se apoderó de su oro, su petróleo, sus bosques fabulosos de sequoia, sus mejores tierras y sus más ricas y abundantes aguas pesqueras.

No estaré sin embargo con ustedes en Santiago de Cuba, pues debo respetar la obvia resistencia de los guardianes de la salud. Puedo en cambio escribir y trasmitir ideas y recuerdos, que siempre serán útiles, al menos para el que escribe.

Hace breves días, cuando observaba desde mi asiento en la parte media de un vehículo de doble tracción lo que fuera un viejo centro genético para la producción lechera, pude leer una brevísima síntesis de solo un párrafo del discurso pronunciado el Primero de Mayo del año 2000, hacía ya más de 13 años.

El tiempo borrará aquellas palabras en letra negra sobre una pared blanqueada con cal.

“Revolución […] es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”

Ahora se cumplen 60 años de aquel hecho ocurrido en 1953, sin duda valeroso y demostrativo de la capacidad de nuestro pueblo para crear y enfrentar a partir de cero cualquier tarea. La experiencia posterior nos enseñó que habría sido más seguro comenzar la lucha por las montañas, algo que planeábamos hacer si tomada la fortaleza del Moncada, no podíamos resistir la contraofensiva militar de la tiranía con las armas que ocupáramos en Santiago de Cuba, más que suficientes para vencer en aquella contienda y mucho más rápidamente que el tiempo invertido después.

Los 160 hombres escogidos para la operación fueron seleccionados entre 1 200 con los que contábamos, entrenados entre los jóvenes de las antiguas provincias de La Habana y el este de Pinar del Río, afiliados a un partido radical de la nación cubana donde todavía el espíritu pequeño burgués inculcado por los dueños extranjeros y sus medios de divulgación, en mayor o menor medida, influían en todos los rincones del país.

Yo había tenido el privilegio de estudiar, y ya en la universidad adquirí una consciencia política a partir de cero. No está de más repetir lo que he contado otras veces, la primera célula marxista del Movimiento la creé yo con Abel Santamaría y Jesús Montané, utilizando una biografía de Carlos Marx, escrita por Franz Mehring.

El Partido Comunista, integrado por personas serias y consagradas de Cuba, soportaba los avatares del Movimiento Comunista Internacional. La Revolución reiniciada el 26 de julio recogió las experiencias de nuestra historia, el espíritu abnegado y combativo de la clase obrera, la inteligencia y espíritu creativo de nuestros escritores y artistas, así como la capacidad que yacía en la mente de nuestro personal científico, que ha crecido como la espuma. Nada se parece hoy a lo de ayer. Nosotros mismos, a los que el azar nos designó el papel de dirigentes, nos podríamos abochornar de la ignorancia que todavía muestran nuestros conocimientos. El día que no aprendamos algo nuevo será un día perdido.

El ser humano es producto de las leyes rigurosas que rigen la vida. ¿Desde cuándo? Desde tiempos infinitos ¿Hasta cuándo? Hasta tiempos infinitos. Las respuestas también lo son.

Por ello, aunque no las comparta, respeto el derecho de los seres humanos a buscar respuestas divinas, preguntas que pueden hacerse, siempre y cuando las mismas no tiendan a justificar el odio y no la solidaridad en el seno de nuestra propia especie, error en el que han caído muchas en uno u otro momento de su historia.

Aquel atrevido intento no fue sin duda un acto improvisado; admito sin embargo que a partir de la experiencia acumulada habría sido mucho más realista y más seguro iniciar aquella lucha por las montañas de la Sierra Maestra. Con los 18 fusiles que logramos reunir después del durísimo revés que sufrimos en Alegría de Pío, en parte por inexperiencia y el incumplimiento de las instrucciones recibidas por el Movimiento en Cuba, y también por la excesiva confianza nuestra en el poder de fuego de los expedicionarios armados con más de 50 fusiles con mirilla telescópica, y su entrenamiento en tiro. Atentos sin embargo a los vuelos rasantes de los aviones de combate del enemigo, descuidamos la vigilancia en tierra y nos atacaron en un pequeño cayo de monte a pocos metros de nosotros. Nunca más nos pudo sorprender de esa forma el enemigo.

En los combates librados después siempre fue al revés, y en las acciones finales, con menos de 300 combatientes, en 70 días de incesante lucha derrotamos la ofensiva de más de 10 mil hombres de sus fuerzas élites. En los combates librados durante dos años siempre los bombarderos y cazas del enemigo en solo 20 minutos solían estar encima de nosotros. No consta sin embargo que haya muerto un solo combatiente por esa causa en aquella dura lucha. Todo cambió en las décadas siguientes con la nueva tecnología desarrollada por Estados Unidos y sumadas a las fuerzas reaccionarias en América Latina y el mundo, aliadas a ellos. Siempre los pueblos encontrarán las formas adecuadas de lucha.

Ustedes estarán allí, en el escenario del primer combate.

Cuando, después de los hechos que se consumaron el 26 de julio, un último carro se acerca y me recoge, monté en la parte trasera del vehículo repleto del personal, otro combatiente se acerca por la derecha; me bajo y le doy mi asiento; el carro parte y me quedo solo. Hasta el momento que me recogieron por primera vez en medio de la calle, con la escopeta semiautomática Browning y cartuchos calibre 12 de balines, trataba de impedir que dos hombres usaran una ametralladora calibre 50 desde el techo de uno de los pisos del edificio central de mando del amplio campo militar; era lo único que podía verse del tiroteo generalizado que se escuchaba.

Los pocos compañeros que con Ramiro Valdés habían penetrado en la primera barraca despertaron a los soldados que allí dormían y, según me explicaron posteriormente, estaban en paños menores.

No pude hablar con Abel ni otros de su grupo que desde un alto edificio al fondo del hospital civil, dominaban la parte trasera de los dormitorios. Yo consideraba que era absolutamente obvio para él lo que estaba ocurriendo. Tal vez pensó que yo había muerto.

Raúl, que estaba con el grupo de Lester Rodríguez, veía con claridad lo que estaba ocurriendo y pensaba que estábamos muertos. Cuando el jefe de esa escuadra decide bajar, toman el elevador, y al llegar abajo, le arrebata el fusil a un sargento que no hace resistencia, ni tampoco los soldados que iban con él. Toma el mando del grupo y organiza la salida del edificio.

Mi preocupación fundamental era en ese momento el grupo de compañeros que supuestamente había ocupado el cuartel de Bayamo y no tenía noticia alguna de nosotros. Por mi parte, contaba todavía con suficientes cartuchos y pensaba vender bien cara mi vida luchando contra los soldados de la tiranía.

De repente aparece otro carro: venía a buscarme; y de nuevo albergo la esperanza de ayudar a los compañeros de Bayamo con una acción en el cuartel del Caney.

Varios carros esperaban al final de la avenida donde yo pensaba tomar la dirección correcta hacia ese punto. Pero el propio compañero que conducía el vehículo que entró para buscarme no la tomó, siguió hacia la casa de donde partimos por la madrugada, allí se cambió de ropa. Yo cambié de arma y tomé un rifle semiautomático calibre 22 con punta de acero, con un poco de más alcance que la calibre 12 de balines, me puse alguna ropa y a varios pasos de allí cruzamos una cerca de púas con aproximadamente 15 hombres armados, uno de ellos herido.

Otros dejaron sus armas y tomaron los vehículos tratando de buscar una salida. Conmigo iba Jesús Montané y algunos otros jefes. Caminamos horas aquella calurosa tarde por la falda norte de la Gran Piedra, una elevada montaña que trataríamos de cruzar para dirigirnos hacia el Realengo 18, un camino empinado del que Pablo de la Torriente, excelente escritor revolucionario, escribió que un hombre con un fusil podía resistir a un ejército. Pero, Pablo murió en España combatiendo en la Guerra Civil Española, donde alrededor de mil cubanos apoyaron a ese pueblo contra el fascismo. Lo había leído, pero nunca pude hablar con él, ya había viajado a España cuando yo estudiaba bachillerato.

Nosotros no pudimos ya proseguir hasta aquel realengo y permanecíamos al sur de la cordillera. La zona montañosa preferida por mí para la lucha guerrillera se situaba entre el santuario del Cobre y el central Pilón; planeé por ello cruzar hasta el otro lado de la bahía de Santiago de Cuba por un punto que conocía desde que estudié en el Colegio de Dolores, en la ciudad donde ustedes se reunirán. Gran parte de nuestro pequeñísimo grupo estaba agotado por el hambre y las fatigas. Un herido había sido evacuado y Jesús Montané que apenas podía mantenerse en pie. Otros dos, con menos responsabilidad pero más saludables, marcharían conmigo hacia el occidente de aquellas montañas. Pero los hechos más dramáticos y menos esperanzadores estaban todavía por llegar. En la tarde le dimos instrucciones al resto de los compañeros de esconder sus débiles armas en algún lugar del bosque y dirigirse aquella noche a la casa confortable de un campesino que vivía a orillas de la carretera que iba de Santiago a la playa, que disponía de ganado y tenía comunicación telefónica con la ciudad. Sin duda fueron interceptadas por el ejército. El enemigo de todas formas conocía el área cercana por donde nos movíamos. Antes del amanecer, una escuadra de la jefatura militar fuertemente armada, nos despertó con la punta de sus fusiles. Las venas del cuello, y el rostro de aquellos soldados bien alimentados, se veían latir deformadas por la excitación. Nos dábamos por muertos y en el acto estalla la discusión. Sin embargo no me habían identificado. Al atarme profundamente y preguntarme el nombre, irónicamente les doy uno que usábamos en bromas de la peor especie. No podía comprender que no se dieran cuenta de la verdad. Uno de ellos, con rostro descompuesto, vociferaba que ellos eran los defensores de la patria. Con voz fuerte le respondo que ellos eran los opresores, como los soldados españoles en la lucha de nuestro pueblo por la independencia.

El jefe de la patrulla era un hombre negro que a duras penas podía mantener el mando. ¡No disparen!, les gritaba constantemente a los soldados.

En voz más baja repetía: “Las ideas no se matan, las ideas no se matan”. En una de aquellas ocasiones se acerca a mi y con voz baja dice y repite: “Ustedes son muy valientes, muchachos”. Al escuchar aquellas palabras le digo: “Teniente, yo soy Fidel Castro”; y el responde:

“No se lo digas a nadie”. De nuevo el azar se impone con todas sus fuerzas.

El teniente no era oficial del regimiento, tenía otra responsabilidad legal en la región de Oriente.

Más adelante se imponen de nuevo los hechos más importantes todavía.

A los compañeros que debían desmovilizarse les doy instrucciones de guardar las armas, y después los custodiaríamos hasta el punto donde debían hacer contacto con las personas del Obispo.

La opinión pública de Santiago de Cuba había reaccionado con energía frente a los horribles crímenes cometidos por el ejército batistiano contra los revolucionarios.

Monseñor Pérez Serantes, Obispo de Santiago de Cuba, había obtenido algunas garantías favorables a sus gestiones por el respeto a la vida de los revolucionarios prisioneros. A Sarría, sin embargo, le quedaba una batalla por librar contra el mando del regimiento que esta vez delegó la tarea al más connotado esbirro de la carnicería impuesta por el jefe militar de Santiago de Cuba, que le ordenó trasladar los detenidos al Moncada.

Por primera vez en nuestra Patria los jóvenes habían entablado una lucha semejante frente a lo que fuera hasta el Primero de Enero de 1959: una colonia yanki.

Al llegar a la casa del vecino junto a la estrecha carretera que une la ciudad con la playa Siboney, un pequeño camión esperaba. Sarría me sentó entre el chofer y él. Cientos de metros más adelante se topan con el vehículo del comandante Chaumont que demanda la entrega del prisionero. Como en una película de ciencia ficción el teniente discute y afirma que no entregará al prisionero, en vez de eso lo presentará al Vivac de Santiago de Cuba y no a la sede del regimiento. Es así como el hecho rememora una inusual experiencia.

Es imposible en tan breve tiempo expresarle a nuestros ilustres visitantes las ideas que suscitan en mi mente los increíbles tiempos que estamos viviendo.

No puedo pensar que dentro de 10 años, en el 70 aniversario, escribiría un libro. Desgraciadamente nadie puede asegurar que habrá un 70, un 80, un 90, o un centésimo aniversario del Moncada. En la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, de Río de Janeiro, dije que una especie estaba en peligro de extinción: el hombre. Pero entonces creía que sería cuestión de siglos. Ahora no soy tan optimista. De todas formas nada me preocupa; seguirá existiendo la vida en la inabarcable dimensión del espacio y el tiempo.

Mientras tanto digo solo algo, ya que cada día amanece para todos los habitantes de Cuba y del mundo:

Los líderes de cualquiera de las más de 200 naciones grandes y pequeñas, revolucionarias o no, necesitan seguir viviendo. Tan difícil es la tarea de crear la justicia y el bienestar, que los líderes de cada país necesitan autoridad, o de lo contrario reinará el caos.

En días recientes se intentó calumniar a nuestra Revolución, tratando de presentar al Jefe de Estado y Gobierno de Cuba, engañando a la Organización de Naciones Unidas y a otros jefes de Estado, imputándole una doble conducta.

No vacilo en asegurar que aunque durante años nos negamos a suscribir acuerdos sobre la prohibición de tales armas porque no estábamos de acuerdo en otorgar esas prerrogativas a ningún Estado, nunca trataríamos de fabricar un arma nuclear.

Estamos contra todas las armas nucleares. Ninguna nación, grande o pequeña, debe poseer ese instrumento de exterminio, capaz de poner fin a la existencia humana en el planeta. Cualquiera de los que tales armas poseen, dispone ya de suficientes para crear la catástrofe.

Jamás el temor a morir, ha impedido las guerras en ninguna parte del planeta. Hoy no solo las armas nucleares sino también el Cambio Climático es el peligro más inminente que en menos de un siglo puede hacer imposible la supervivencia de la especie humana.

Un líder latinoamericano y mundial, al que deseo rendir hoy especial tributo por lo que hizo a favor de nuestro pueblo y a otros del Caribe y del mundo es Hugo Chávez Frías; él estaría aquí hoy entre nosotros si no hubiese caído en su valiente combate por la vida; él como nosotros no luchó para vivir; vivió para luchar.

Fidel Castro Ruz
Julio 26 de 2013
6 y 5 a.m.

domingo, 28 de julio de 2013

A 60 años de notable victoria militar de Corea del Norte sobre EE UU



La República Popular Democrática de Corea celebra hoy el 60 aniversario de su victoria sobre las tropas norteamericanas. Habrá actos, desfiles y festivales artísticos recordando ese triunfo y honrando a sus tres millones de caídos.

Los detractores de Corea del Norte creerán que los festejos por la victoria de hace sesenta años contra las tropas de Estados Unidos consistirían en desfiles militares. Error. También los habrá, como forma de “mostrar los dientes” a la superpotencia que entonces, a mediados del siglo XX y ya entrado el actual, no cesa en su intento de agredirla. Sin embargo, además de sus tanques T-72 y sus aviones, sus soldados masculinos y femeninos desfilando con paso marcial, etc, el país socialista realizó actividades culturales y deportivas. Es una nación feliz por haber sobrevivido a la invasión de 1950 y a los planes de arrasarla con bombas nucleares, como propuso entonces sin éxito el general Douglas MacArthur al presidente Harry Truman.

En Pyongyang arrancó el 22 de julio el Arirang, o Festival del Sol, “la mayor representación gimnástica del mundo, con la actuación sincronizada de miles de jóvenes, efectos de luz y fuegos artificiales”, según la agencia norcoreana KCNA.

El cable refirió que esa función “arrancó la efusiva ovación de los espectadores al combinar perfectamente las músicas, danzas, gimnasia y circo, la pizarra humana en constante cambio, los originales aparatos de escenografía y los aparatos de iluminación”

En el campo de juego y en las tribunas actuaban decenas de miles de personas “coordinados a la perfección, a los que acompañan las acrobacias y bailes sincronizados de miles de jóvenes entre espectaculares efectos de luz y pirotécnicos”.

El Festival del Sol se hace todos los años pero tuvo una versión especial, por coincidir con el sexagésimo aniversario del armisticio que puso fin a la Guerra de Corea.

A propósito, el cable contiene una información que el cronista desconocía y posiblemente mucha gente también. ¿Cuál es el estadio de fútbol con más capacidad de espectadores? ¿El Maracaná de Brasil, el del Real Madrid de España, el del Bayern Munich de Alemania o el del Manchester inglés? No. El Festival Arirang se celebra “en el estadio de fútbol más grande del planeta, el Reungrado 1 de Mayo de Pyongyang (150.000 espectadores)”.

¿El mayor estadio de fútbol del mundo en Corea del Norte y uno no lo sabía? Y hay pulpos que manejan el grueso de la información planetaria y allí lo que tenga que ver con la RPDC está interdicto o tergiversado.

Socialismo dinástico

El cronista siente admiración por las proezas culturales y deportivas norcoreanas en la actualidad, su victoria de 1953 y por su continuidad política como estado socialista soberano que no se derritió como otros socialismos europeos.

Pero hay un aspecto que hace un poco de ruido: el estilo de sucesión gubernamental y partidaria. Desde 1948 en que se proclamó la república popular e independiente, luego de una durísima guerra de guerrillas contra el imperio japonés, su presidente fue el extraordinario líder comunista Kim Il Sung.

Cuando Kim falleció en 1994, tomó la posta estatal su hijo, Kim Jong il, con antecedentes en cargos dirigentes desde varios años antes. Este segundo Kim murió de un infarto en diciembre de 2011, cuando viajaba en tren como parte de un buen estilo de gobierno de estar relacionado con la gente.

Y lo sucedió su hijo de 29 años, Kim Jong Un, ascendido también a comandante en jefe del Ejército, un instrumento decisivo en la defensa de una plaza constantemente sondeada para su agresión por parte del vecino (Corea del Sur) y el intruso (EE UU).

Abuelo, hijo y nieto en la línea sucesoria. Parece mucho para un sistema como el socialista, tradicionalmente basado en el debate, las luchas, los congresos, las promociones, depuraciones y síntesis superadoras.

Los “avanzados” británicos, españoles, suecos, japoneses y holandeses no podrían criticar ni una línea a los norcoreanos, pues ellos tienen sus reyes, celebran sus casamientos y pase de coronas como en Holanda, o los nacimientos de los príncipes como hace días en Londres. 

Otros pueblos mucho más valiosos, como los originarios, también suelen transmitir los cacicazgos de padre a hijo, y tendrán sus culturas y razones para hacerlo. Puede que los norcoreanos cuenten con motivos para ese aspecto casi dinástico de su socialismo con ideología juche. Las dudas del cronista siguen intactas...

¿Quién es el peligroso?

En aquel análisis debe tenerse en cuenta, sin que lo explique todo, la circunstancia excepcional que vive un país pequeño, con 24 millones de habitantes, sometido a la amenaza militar. Al sur del paralelo 38, que lo divide de Corea del Sur, están las tropas bien armadas de su mal vecino y las bases norteamericanas, donde hay casi 30.000 soldados.

Además, cuando hay maniobras militares conjuntas con Corea del Sur, las cifras aumentan. En marzo y abril pasado hubo un ejercicio entre tropas de Seúl y 10.000 marines de Washington, llamado “Foal Eagle”. Y en mayo otro, del que participaron 70.000 soldados y numerosos barcos de guerra, incluido el portaaviones nuclear Nimitz. 

En el primero de los ejercicios se emplearon “bombarderos furtivos” B-2 Spirit, que debutan en la península, y los grandes bombarderos B-52, que pueden llevar armamento atómico. 

Se estima que en total EE UU cuenta con 55.000 ojivas nucleares. Una parte de las mismas está localizado en Corea del Sur, con permiso o pactos con el gobierno de la presidenta Park Geun-hye, del partido conservador e hija del ex presidente Park Chung-hee, uno de los más belicosos con sus vecinos.

La RPDC tendría a lo sumo 6 u 8 armas nucleares rústicas, con misiles que aún están en etapa de experimentación. La superpotencia tiene los 55.000 mencionados, con misiles desde tierra, agua y aire, en su territorio y en varias de sus 872 bases militares en el mundo. ¿Quién es el peligroso entonces para la paz?

La extrema dureza con que los norteamericanos tratan a Corea del Norte no tiene que ver solamente con las virtudes del gobierno de Pyongyang. EE UU tiene de blanco estratégico a China y ocupar Corea del Norte sería ganar una posición más ventajosa para atacar a Beijing, última escala de su viaje en el Pacífico...

Primera derrota de marines

Se suele discutir cuál fue la primera derrota de los ejércitos norteamericanos, en particular desde que en 1945 emergió de la Segunda Guerra Mundial como la cabeza del bloque de países capitalistas, desplazando al Reino Unido.

Suele creerse que ese primer traspié le fue propinado por el Vietnam de Ho chi minh y el general Nguyen Giap, quienes condujeron la guerra de liberación comenzada en 1964 y terminada en 1975. Y efectivamente esa fue una gran derrota, probablemente la mayor en su tipo, por la duración de la misma y los modernos armamentos empleados en contra de los vietnamitas.

A propósito, y aunque parezca increíble, la Academia premió con el Nobel de la Paz a Henry Kissinger, secretario de Estado de Richard Nixon, uno de los mayores responsables de aquel genocidio.

Otra victoria popular largamente celebrada, en particular por los sectores populares latinoamericanos, fue la de Cuba, frente a la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, en abril de 1961. La joven revolución de enero de 1959 quiso ser destruida con un contingente armado, financiado y organizado por la CIA y el Pentágono, con bases en Nicaragua y Guatemala, pero fue desbaratada por la resistencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la población cubana.

De todas maneras, sin quitarle ningún mérito a esa enorme victoria cubana, hay que recordar que los norteamericanos no intervinieron directamente en combate, salvo algunos aviadores y en el acompañamiento logístico naval.

China y Corea, hermanas

La guerra ganada por el Ejército Popular conducido por el presidente Kim puede ser caracterizada como la primera derrota bélica sufrida por los marines. Duró tres años, entre 1950 y 1953, justamente hasta el 27 de julio de ese año, cuando se cerró con un armisticio, sin firmarse la paz entre los dos bandos.

El heroísmo de los norcoreanos fue más que decuplicado por el sentimiento de estar defendiendo su propia nación. Por eso en algún momento de sus contraataques llegaron a entrar en la misma Seúl, a 60 kilómetros de su frontera. Fue entonces cuando MacArthur propuso repelerlos con la bomba nuclear, lo que hubiera generalizado su uso cinco años después de Hiroshima y Nagasaki. Sí emplearon armas bacteriológicas...

El gran mérito de esa victoria fue de los norcoreanos, con un aporte especial de los Voluntarios del Pueblo Chino, enviados por Mao Tsé tung (uno de sus hijos murió allí en combate).

La relación de los dos países es muy estrecha. El jueves 25 el Comité de Defensa Nacional de la RPDC ofreció en Pyongyang un banquete en honor de la delegación de veteranos de Voluntarios del Pueblo Chino y los veteranos y familiares de mártires del mismo cuerpo, de visita en Corea. 

China y Corea festejan unidos el 60º aniversario del triunfo, donde sufrieron más de 3 millones de muertos. Los yanquis no se la llevaron de arriba porque tuvieron 1.567.000 bajas, entre muertos y heridos, según un cable de Prensa Latina.


EMILIO MARÍN



sábado, 27 de julio de 2013

René en su primer 26, tras el regreso a Cuba

Es impresionante estar aquí, y para mí un honor y un privilegio que ojalá pueda compartir pronto con mis cuatro hermanos aun presos injustamente en Estados Unidos por combatir el terrorismo, dijo el Héroe de la República de Cuba René González, al asistir al primer acto central por la gesta del Moncada, tras su regreso a la Isla.
 
En breve intercambio con la prensa, González dirigió un mensaje a los pueblos del orbe, a los que vean esta manifestación de pueblo, que respiren este ambiente, el espíritu del pueblo cubano, y entiendan lo que nos impulsa, cómo es de genuino este proceso, que lo sientan y se lo digan al mundo.

René asistió acompañado de su esposa Olga Salanueva, a la conmemoración central por los 60 años de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

El Héroe intercambió brevemente con periodistas acreditados para la cobertura de la conmemoración y los invitó a respirar el ambiente de pueblo reinante en este histórico Día de la Rebeldía Nacional y transmitir esa imagen al mundo.

Precisamente, en la celebración del aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes participaron de Italia cinco miembros de la Asociación de Solidaridad Internacionalista con Cuba, que apoya la causa de Los Cinco.

En exclusiva a la AIN, Serena Bartolucci manifestó la alegría de conocer la presencia de René en el acto y reiteró que no cejarán en la lucha hasta el regreso de sus cuatro compañeros.

Nosotros acudimos con una representación al coloquio internacional que se realiza en la provincia de Holguín, para reclamar la liberación de Gerardo, Antonio, Ramón y Fernando, que cumplen en Estados Unidos desmesuradas e injustas condenas, acotó.

Con respecto al acto de Santiago de Cuba, dijo que fue muy conmovedor escuchar en vivo las voces de líderes latinoamericanos, que solo conocía por la prensa.

Se refirió, además, a la atmósfera familiar que existió en el antiguo cuartel Moncada, ya que los mandatarios se expresaron como hermanos de ideales que son.

Esa asociación de solidaridad, indicó Serena Bartolucci, surgió hace 20 años en Italia para luchar contra la desinformación que hay sobre Cuba en el mundo, y también para ayudar con fondos en proyectos acerca de fuentes renovables de energía en centros de educación del país caribeño.

 (AIN)/(Granma)

Tomado de  http://siempreconcuba.wordpress.com

viernes, 26 de julio de 2013

Nuestro cemento del porvenir: EL MONCADA

"...cambios materiales son más fáciles que los cambios culturales”, como dijera Pepe Mujica, en su intervención,  o “el mundo cambia y se mueve porque hay gente comprometida para hacerlo cambiar”, precisó el exguerrillero uruguayo".


En casa el 26 de julio formaba parte del calendario familiar de celebraciones, al igual que el fin de año, el Día de las madres, e incluso la Navidad. Se asaba un lechón y todos esperábamos el discurso de Fidel para orientarnos en torno a los cambios y retos del socialismo cubano.

Con la llegada del período especial hubo que hacer a un lado la celebración festiva, pero nos quedamos con el ritual político cultural, y creo, que la mayoría de los cubanos se plantan frente al televisor a dialogar con el orador de turno, o con su líder,  en la tribuna de la Patria.

Esto último no es baladí, pues en la naturaleza secreta del hombre de esta tierra, ocurre una conversación virtual con Fidel o Raúl Castro, lo mismo se aprueban las palabras dichas, que se condenan los desaciertos en todo un año de trabajo. Yo diría que ese día, Cuba es una tribuna mediática, un gran escenario, donde el pueblo participa junto a sus dirigentes en proyectos pasados y futuros.

Este 26 de julio no ha sido igual, Fidel no está físicamente en el acto, es un cubano más frente al televisor, aprueba o desaprueba gestos, frases, y en silencio dialoga, lo mismo con Raúl, que con todos los mandatarios latinoamericanos que desfilan por la tribuna. Reconoce el hecho de saberse un paradigma de revolucionario en tiempos donde “los cambios materiales son más fáciles que los cambios culturales”, como dijera Pepe Mujica, en su intervención,  o “el mundo cambia y se mueve porque hay gente comprometida para hacerlo cambiar”, precisó el exguerrillero uruguayo.

Fidel sabe que el  Moncada es  faro de dignidad para los pueblos de América Latina y el  mundo. Tal vez por eso, en fecha de rebeldía nacional, nuevamente resurge la frase del teniente  Pedro Sarría, su salvador en aquella epopeya, con más vigencia que nunca: “Las ideas no se matan”.

Como cubano de a pie, humilde por cuna y vida construida, sentí en lo más profundo de mi espíritu las palabras de Mujica, creo que habló a los revolucionarios del mundo, de América Latina, y en un gesto bohemio, de joven en cuerpo viejo sentenció: “los cambios culturales son el cemento del porvenir”.

Con las ideas no se matan y los cambios culturales son el cemento del porvenir, es tiempo de seguir sobre Rocinante, por caminos cada vez más ciertos de integración americana, convencidos, como dijera Mujica, que “los cambios sociales no tienen un laboratorio donde se puedan experimentar…Los cambios sociales  no están a la vuelta de la esquina. Lo imposible siempre cuesta más”.  
 
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu 

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