Inyecciones de comida
de manera forzosa por vía rectal, privación del sueño durante más de 70
horas, ahogamientos simulados, amenazas sexuales con palos y palizas
varias son sólo algunas de las torturas a las que la CIA sometió a los
detenidos acusados de actividades relacionadas con el terrorismo entre
2002 y 2006, tras el terror desatado por los atentados del 11-S.