 |
| Objetivos de la Operación Salto de Longitud |
Los
máximos dirigentes nazis tenían entre sus planes acabar con la cúpula
dirigente Aliada. Para ello existían dos planes, el proyectado por el RSHA (ReichsSicherheitsHauptAmt, Oficina central de la seguridad del Reich) y el diseñado por el Abwehr; estaban denominados, respectivamente, con los nombres en clave “Operación Salto de Longitud” y “Operación tres por tres”.
Para
concertar una acción común, la mañana del 14 de agosto de 1943 hubo en
Berlín una reunión cumbre entre los máximos responsables de las dos
centrales de espionaje. Participaron el jefe de la RSHA, Kaltenbrunner; el jefe de la VI sección, Schellenberg; el almirante Canaris, jefe de la Abwehr, y Georg Hans, jefe de la primera sección de la Abwer.
En esta reunión fueron concretadas las líneas de desarrollo de la operación:
1.- La organización del atentado, en cuya ejecución participarían tanto el RSHA como la Abwehr, debía tener prioridad absoluta.
2.- Su nombre convencional era “Operación Salto de Longitud”.
3.-
Desde aquel momento, todos los agentes debían multiplicar sus esfuerzos
para saber dónde tendría lugar el encuentro de los tres máximos
dirigentes aliados.
4.- Los planes debían tener en cuenta que en la conferencia podría participar también De Gaulle.
5.-
Las cuatro escuadras de acción del RSHA y de la Abwehr, que hasta
entonces habían sido adiestradas separadamente, debían ser unificadas.
6.- Los departamentos técnicos de las dos organizaciones deberían cooperar en el proyecto de nuevas armas especiales.
7.-
El más riguroso secreto debía rodear los preparativos de la operación;
ni los comandos deberían saber con certeza para qué operación estaban
siendo adiestrados.
8.- Los responsables de la operación serían Schellenberg, por el RSHA, y Freytag Loringoven , por la Abwehr;
pero Kaltenbrunner y Canaris debían ser informados diariamente y a su
vez enviarían informes a Hitler a través de Himmler y Keitel.
Mientras
tanto, Stalin se había dejado convencer y había aceptado encontrarse
con los dos jefes Aliados. Pero, ¿dónde? Desconfiado por naturaleza y
por comprensibles motivaciones políticas, Stalin no tenía ningún deseo
de moverse de Moscú. Por otra parte, por razones de protocolo y de base,
Churchill y Roosevelt no consideraban oportuno marchar en peregrinación
a Moscú. Se tenía, pues, que escoger un país neutral. Sucesivamente
fueron indicadas desde Londres y Washington las localidades más
diversas, y finalmente fue escogida Teherán porque, dada la vecindad de
Irán con la URSS, los servicios de seguridad soviéticos pensaban que era
la sede más oportuna y más fácilmente controlable.
Desde aquel momento, Teherán fue “Cairo tres” en los mensajes cifrados que las tres grandes potencias aliadas se cambiaban (la conferencia estaba indicada por la palabra “Eureka”).
El secreto fue mantenido tan bien que los alemanes, aunque al corriente
de los preparativos de la conferencia, no lograron descubrir dónde
tendría lugar.
La situación era tal que Himmler, no sabiendo a quién
acudir, pensó incluso pedir ayuda a adivinos (había hecho lo mismo para
descubrir el lugar en el que tenían prisionero a Mussolini). Así, en la
segunda mitad de Agosto, todos los comandantes de campos de
concentración recibieron este telegrama:
“El
Reichsführer de las SS y el jefe de la policía alemana buscan expertos
en ocultismo, quiromancia y radiestesia para una misión secreta de la
máxima importancia para la seguridad del Reich”
Durante algunos días pasaron por su despacho docenas de magos a los que dirigía siempre la misma pregunta:
“Algunas
personalidades van a reunirse. Dígame cuándo y dónde tendrá lugar este
encuentro. Si colabora y es útil, le prometo hacerle emigrar a un país
neutral”.
 |
| Otto Skorzeny |
Los resultados, naturalmente, fueron decepcionantes
para los alemanes, pero en compensación los internados lograron recibir
por unos días un trato humano, y uno de ellos, el hipnotizador francés
Jean-Jacques Beguin, logró incluso fugarse.
Finalmente fueron los agentes de la Abwehr los que descubrieron que el misterioso “Cairo tres” correspondía a la capital iraniana, y desde aquel momento la “Operación Salto de Longitud” entró en su fase más delicada.
Todos
los hombres seleccionados para la misión fueron reunidos en el más
prestigioso campo de entrenamiento de la Abwehr, Quenzgut, y comenzaron a
prepararse escrupulosamente. Ninguno de ellos sabía cuál era el
verdadero objetivo de la operación; sólo sabían que con toda
probabilidad operarían en Teherán.
A la hora de escoger al jefe
de la arriesgada empresa, Hitler no tuvo dudas: Otto Skorzeny. Pero este
puso alguna excusa y rehusó el encargo.
 |
| Walter Schultz |
El agente de Canaris era ciudadano soviético
Obligados
a buscar un nuevo jefe de la operación, los alemanes hicieron al final
una elección que se revelará desastrosa: El comandante de las SS Walter Schultz.
Sobrino
de un viejo amigo del almirante Canaris, Walter Schultz era un agente
del servicio secreto alemán muy experto en problemas orientales y
perfecto conocedor de muchas lenguas, incluido el persa. En suma, el
hombre tenía todas las cualidades requeridas para llevar a término una
empresa tan difícil, pero tenía un “defecto” que sus superiores
ignoraban: Schultz era en realidad un ciudadano soviético infiltrado
desde hacía años en los servicios secretos nazis.
La historia de Walter Schultz parece inverosímil que se cuenta en el libro: “Complot contra Eureka”,
en el que se cuenta la fantástica historia de Walter Schultz, alias
Ilya Svetlov, agente secreto soviético. Según los detalles revelados en
el libro, la aventura increíble de Svetlov-Schultz tuvo comienzo en una
granja de Azerbaiyán, donde trabajaba su familia. El más querido amigo
de su padre era un inmigrante alemán, Otto Schultz, un comunista que al
estallar la revolución soviética había abandonado su Munich natal para
trasladarse a la URSS.
Después se había asentado con su familia
en Azerbaiyán, donde había entablado amistad con los Svetlov. Ilya, que
en aquel entonces era un niño, se hizo así amigo del hijo de Otto,
Friedrich Schultz, de su misma edad. En aquellos años, Rusia estaba
inmersa todavía en la guerra civil, y también en Azerbaiyán se
realizaban continuos encuentros con entre “guardias rojos” y “guardias
blancos”. En uno de estos encuentros perdió la vida Otto Schultz, y
desde aquel momento Friedrich fue a vivir a casa de los Svetlov.
Los
años pasaron rápidamente, e Ilya, terminados los estudios, fue elegido
para seguir un curso de doctrina política en la liga juvenil comunista
de Bakú. Los cursos estaban organizados por la OGPU, una sección
especial de la policía secreta. Ilya no era particularmente brillante,
pero tenía una inteligencia sólida y reflexiva, y sobre todo tenía la
ventaja de conocer muchas lenguas extranjeras, algunas de las cuales,
como el alemán, tan perfectamente que podía ser tomado por un verdadero
alemán.
La ocasión de hacerse agente secreto se presentó de modo
absolutamente casual. Apenas había vuelto a casa para un breve permiso
cuando su amigo Friedrich le confió haber recibido el día anterior una
carta de su tío Hans Schultz, el hermano de su padre que vivía en
Munich. El tío contaba al sobrino que se había hecho rico y que tenía
importantes amistades políticas, pero anunciaba también que había
perdido a su mujer y a su única hija, de modo que si Friedrich quería,
lo acogería en su casa y lo trataría como a un hijo.
Pero
Friedrich no estaba animado con la propuesta. Se sentía ruso, era novio
de una muchacha rusa y quería vivir en Rusia. Ilya Svetlov, cuando supo
esta historia, husmeó un posible golpe. Se precipitó a Bakú para
informar a sus instructores, y unos días después recibió respuesta: a
Alemania iría él asumiendo el nombre de Friedrich Schultz. La
sustitución de personas era fácil: Tío y sobrino nunca se habían visto,
ni antes de ahora habían tenido intercambio epistolar. Solo era
necesario eliminar todas las huellas comprometedoras, hacer desaparecer
todas las fotografías del verdadero Friedrich y convencer a éste de
alejarse de Azerbaiyán. Al cabo de pocas semanas estaba todo preparado. A
Friedrich le ofrecieron un ventajoso trabajo en una república asiática
de la URSS, y el joven se casó, tomó el apellido de la mujer y se
trasladó a su nueva casa. Ilya se apresuró a responder a Hans Schultz, y
fingiéndose su sobrino, acepto la invitación.
Para no levantar
sospechas, las autoridades soviéticas fingieron crear muchos obstáculos a
la entrega del pasaporte, pero al cabo de año y medio (durante cuyo
tiempo Svetlov fue adiestrado en una escuela de espionaje). Ilya se
trasladó a Alemania. El agente secreto llegó a Munich en febrero de 1930
y una vez más la fortuna vino en su ayuda. Su tío, temiendo que el
muchacho pudiera tener problemas como emigrado ruso, le hizo pasar por
hijo de un pariente suyo de Hamburgo. Y desde ese momento Ilya Svetlov,
después de haber sido por un poco de tiempo Friedrich Schultz, se
convirtió en Walter Schultz.
Luego se trasladó a Berlín, donde,
siguiendo las ordenes de sus jefes, se matriculó en la universidad, en
la facultad de lenguas de Oriente Medio, y se hizo ferviente nazi. En
1933, con la subida de Hitler al poder, fue uno de los primeros en
alistarse en las tropas de asalto, se hizo novio de la hija de un alto
funcionario del Ministerio del Exterior y, a través de su tío, viejo
amigo de Canaris, entró en la Abwehr.
Su primera misión de
relieve fue en 1941, cuando Canaris le encargó preparar una serie de
actos de sabotaje en Persia para retrasar el avance de las tropas
soviéticas. Según las ordenes recibidas, asumió la identidad de un
comerciante suizo, Samuel Sulzer, que iba a Persia para un viaje de
negocios.
Atravesó en tren Polonia y la Unión Soviética, y el último
trozo del trayecto mató el tiempo jugando al ajedrez con un casual
compañero de departamento, un jovial armenio, con el que conversó larga y
calurosamente, comentando las diversas partidas. El armenio era en
realidad un agente soviético al que Schultz reveló el secreto de su
misión. En Persia trabajó con mucha habilidad y logró hacer fracasar
casi todos los actos de sabotaje sin levantar sospechas.
Por todo esto, algún tiempo después, Walter Schultz fue considerado como el hombre adecuado para dirigir la “Operación Salto de Longitud”
Teherán era una cueva de espías
Shultz
se enteró de haber sido elegido para tal empresa en la primera quincena
de octubre de 1943. Se lo comunicó personalmente Canaris en presencia
de Schellenberg: “Comandante Shultz –le
dijo–, le toca a usted llevar a su fin una misión crucial que ha ideado
el mismo Himmler y que el Führer ha aprobado incondicionalmente”.
Luego le esplicó cúal era su objetivo: preparar los puntos de
aterrizaje de los aviones que transportarían los comandos, escoger los
refugios en que debían ser escondidos los hombres y las armas, y
descubrir el recorrido que seguirían los Tres Grandes a su llegada a
Teherán. Era el golpe más grande que un agente secreto podía soñar
realizar, Pero también el más arriesgado. Y Schultz se dio pronto cuenta
cuando al momento de la partida hacia Persia supo que sería acompañado
por una agente de Schellenberg, una bella rubia que debía figurar como
su mujer, Anna Sulzer, esposa del comerciante suizo Samuel Sulzer. En
Teherán, el comandante advirtió en seguida al servicio secreto ruso del
diabólico plan nazi. En aquellos años, Teherán era una cueva de espías.
Codo con codo trabajaban espías ingleses, americanos, soviéticos y
alemanes. Los iraníes hacían de fondo vendiendo sus servicios tanto a
unos como a otros, siempre dispuestos a cambiar de bandera ante una
oferta mejor. Trabajar a salvo era casi imposible, y Schultz
probablemente dio un paso en falso.
Cual fuera su error, todavía no se sabe hoy.*
Pero lo hubo, de modo que la esposa-espía de Schellenberg empezó a
tener fuertes sospechas contra el hombre que oficialmente era su marido.
Pero también Anna Sulzer se encontraba en una situación difícil ¿Cómo
comunicar sus sospechas a Berlín cuando la emisora de radio estaba en
manos de Schultz? Y, sobre todo, ¿cómo actuar para no alarmar al
interesado? Anna comunicó sus sospechas a otro agente alemán, y luego
decidió marcharse de Teherán y huir a Turquía, donde sería fácil ponerse
en contacto con el mando del RSHA.
Pero Schultz olfateó el
peligro, y antes de que la mujer tuviera la oportunidad de abandonar la
ciudad, los agentes rusos habían sido ya informados de que había que
detener a toda costa a la enviada de Schellenberg. Al día siguiente, su
coche fue encontrado en el fondo de un barranco. La policía persa
determinó que Anna había muerto en un accidente automovilístico y
archivó el caso. En aquellos días nadie tenía tiempo en Teherán para
hacer averiguaciones sobre un caso aparentemente claro.
El otro
agente nazi fue liquidado por Schultz después de una furiosa lucha en la
que había intentado matar al traidor. El comandante quedó así dueño
absoluto del campo. Aún antes de empezar, la “Operación Salto de
Longitud” estaba destinada al fracaso. La noche del 25 de noviembre,
pocas horas antes de la llegada de Stalin, los agentes soviéticos
peinaron Teherán y detuvieron a cerca de sesenta comandos alemanes en
pleno sueño. Al día siguiente, dos Junkers 52 de la Luftwaffe, cargados
con otras unidades de comandos enviadas desde Berlín, fueron atacados
por Mig soviéticos apenas se asomaron al espacio aéreo persa. Uno fue
derribado, y el otro, obligado a volver atrás.
En Teherán sólo
había escapado a la captura una patrulla alemana: seis hombres mandados
por el coronel Loten-Pflug. Gracias al apoyo de un influyente político
local, estaban tratando de reunir sicarios para intentar por su cuenta
la desesperada empresa. Pero tampoco tuvieron suerte, y fueron
capturados por los servicios secretos británicos. Los comandos fueron
detenidos el 2 de diciembre, o sea, la víspera de la partida de Teherán
de Stalin, de Roosevelt y de Churchill. En el momento de su captura
estaban poniendo a punto el atentado que debía tener lugar al día
siguiente en el aeropuerto.
Al final no sucedió nada, y no
sucedió porque Walter Schultz había hecho un buen trabajo y la
“Operación Salto de Longitud” había sido un fracaso completo.
Fuente: VV.AA. “Crónica militar y política de la Segunda Guerra Mundial”. Editorial SARPE, tomo 4
Tomado de: http://www.forosegundaguerra.com/