Después
de protagonizar violentas demostraciones contra el gobierno de Rafael Correa,
principalmente en Quito, la oposición ultraderechista ha convertido a Guayaquil
en escenario de sus iracundas demostraciones, con la singularidad de que sus
máximos gestores son dos encumbradas estrellas de la oligarquía porteña (y
nacional, claro): el Alcalde Jaime Nebot Saadi y el banquero Guillermo Lasso.
El primero, saltando de su conocida condición de ‘líder cantonal’ al plano de
presidenciable a la fuerza, y el segundo como presidenciable a tiempo completo,
sin que nadie lo llame.
La
movilización decretada por el Alcalde se compondrá, en buena medida, de
empleados y policías municipales, sin que se descarte una importante
participación de elementos populares, que irán detrás de conocidos caballeros y
matronas que, por ahora, vestirán trajes modestos a fin de ocultar su faz de
pelucones. Y claro ocultarán las banderas y camisas negras del fascismo que representan para lucir camisetas con la benévola imagen del Papa Francisco.
Todo vivamente calculado. Lo que no podrán esconder es el odio que destilan
contra las propuestas de cambio de la Revolución Ciudadana, en particular
contra cualquier intento de tocarles el bolsillo, donde guardan dineros
legítimos y fortunas mal habidas.
Como quiera que sea, la
manipulación alcaldicia tendrá algún éxito, aumentado en forma gigante por la
complicidad de los medios privados, que comen en la misma mesa de la
oligarquía. Así tendremos que si Nebot reúne 20 mil seguidores, los medios
gritarán ¡50 mil!, y si congrega 30 mil, los medios clamarán ¡100 mil! Y la
masa, predispuesta al engaño, les creerá.