Pero aunque la bioética
se desarrollase y adquiriese importancia especialmente gracias a
Nuremberg, con los años se destaparían algunos hechos históricos
descorazonadores. Es el caso de la Unidad 731, un complejo de investigación japonés que se dedicó, desde 1932 hasta 1945, a desarrollar armas biológicas cerca de la ciudad de Pingfan, en Manchuria. Después de probar los efectos de estas creaciones sobre miles de prisioneros, consiguieron propagar varias epidemias de peste en China, incumpliendo los acuerdos internacionales de Génova.