Durante años, la CIA se lanzó a una carrera por el control mental de la población para la que se sirvió de todo tipo de drogas.
Un hombre trata de ahogarse porque asegura que su vientre está siendo devorado por serpientes. Otro grita “¡soy un avión!” antes de saltar por la ventana. Otro ve su propio corazón saliéndole por los pies en mitad del pánico. Una niña de 5 años alerta: “¡nos van a comer los tigres, cae sangre del techo!”. Otro, de 11 años, intenta estrangular a su abuela.
“Wow”, debieron pensar en la CIA tras comprobar los resultados de su
ocurrencia: habían añadido dietilamida de ácido lisérgico a una masa
horneada de harina, cereales y levadura.
Vamos: meterle LSD al pan.