
La batalla contra la manipulación de la información, el ocultamiento y
la falsificación continúa. “Las manos limpias”, ahora se puede comprobar
con la documentación apabullante desplegada en ¿Quién mató al Che?
(Paidós), de Michael Ratner y Michael Steven Smith, están manchadas de
sangre. “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el
presente controla el pasado.” Esta frase de George Orwell ilustra la
práctica de la “negación plausible”, una forma de sistematizar la
mentira a la que apeló la CIA (Agencia Central de Inteligencia) para
desligarse del asesinato del Che Guevara en Bolivia, el 9 de octubre de
1967.
La versión inicial de su muerte, tal como la presentaron los militares bolivianos, fue que había muerto en medio de la batalla. Luego se supo que había caído prisionero y había sido fusilado. El presidente Lyndon Johnson afirmó que la orden de matarlo había sido emitida por el alto mando del gobierno boliviano y no por los Estados Unidos. Smith, abogado neoyorquino que integra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, plantea que “los documentos incluidos en el libro muestran que el gobierno estadounidense dio la orden directa de asesinar al Che”.
La versión inicial de su muerte, tal como la presentaron los militares bolivianos, fue que había muerto en medio de la batalla. Luego se supo que había caído prisionero y había sido fusilado. El presidente Lyndon Johnson afirmó que la orden de matarlo había sido emitida por el alto mando del gobierno boliviano y no por los Estados Unidos. Smith, abogado neoyorquino que integra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, plantea que “los documentos incluidos en el libro muestran que el gobierno estadounidense dio la orden directa de asesinar al Che”.