Después
de cumplir con los compromisos formales de su agenda, el Secretario de Estado
John Kerry se fue a andar La Habana. Mientras paseaba por las calles y saludaba
al pueblo cubano como si fuera un vecino más, mientras admiraba monumentos
históricos y disfrutaba un refrigerio en un acogedor restaurante del casco
histórico de la capital, los extremistas de la derecha de Miami pataleaban y
derramaban lágrimas por la rabia que suele provocar la impotencia, y el saberse
cadáver de la historia. Lo de “cadáver” no es una palabra gratuita; ya expliqué
las razones para considerarlos de esa manera en un artículo publicado el 29 de
julio. (http://latardesemueve.com/archives/2300)
El
viernes 14 de agosto, cuando el reloj no hizo más que marcar la una de la
tarde, el dúo formado por la congresista Ileana Ros-Lehtinen y la negociante
Remedios Díaz-Oliver llamó al programa de Ninoska Lucrecia Pérez Castellón en
Radio Mambí, donde de pronto se formó la tertulia de los lamentos y el fracaso.
Las tres señoras, en preocupante negación de la realidad, decían que lo que
pasó en La Habana no podía estar pasando, que era un espejismo que ellas y su
amigo Jeb Bush lo iban a borrar.