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miércoles, 6 de febrero de 2013

Un asteroide pasará rozando la Tierra el 15 de febrero

Este asteroide será, muy probablemente, el objeto espacial de tamaño pequeño que más cerca se habrá acercado a la Tierra. La rozará, aunque no impactará con ella. El asteroide 2012 DA14 no representará ningún tipo de amenaza para el planeta, pese a que pasará a tan solo 27.700 kilómetros, en una trayectoria de sur a norte, más cerca incluso de la distancia en la que se encuentran los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones. Así lo aseguró ayer la NASA, que considera que el tránsito del cuerpo celeste a una distancia tan estrecha supondrá una «gran oportunidad para la ciencia». La cita será el próximo 15 de febrero y el momento de máximo acercamiento se situará a las 19.24 GMT (20.24 hora pninsular). El asteroide pasará tan cerca que hasta se podrá ver, si las condiciones meteorológicas lo permiten, con prismáticos o con un telescopio de aficionado.

El asteroide, que fue detectado por primera vez en febrero del pasado año por el Observatorio de la Sagra (Granada), en un proyecto operado por el Observatorio Astronómico de Mallorca, cuando se encontraba a más de cuatro millones de kilómetros de distancia de la Tierra, tiene poco más de 45 metros de diámetro y una masa de 130.000 toneladas. Es una roca relativamente pequeña, pero con un tamaño más que suficiente como para provocar un efecto devastador en la Tierra en un hipotético impacto. El asteroide liberaría una potencia de 2,5 megatones (la bomba atómica de Hiroshima tenía una de 0,02) y provocaría una importante destrucción a escala regional. El asteroide que chocó en 1908 en la región siberiana de Tunguska era un poco menor, de entre 30 y 40 metros de diámetro, y arrasó cerca de 1.200 kilómetros cuadrados de árboles.

Impacto cada 1.200 años 

En esta ocasión, sin embargo, cualquier peligro de colisión ha sido descartado por la NASA. El asteroide 2012 DA14 no chocará el 15 de febrero contra la Tierra, pero en algún momento sí podrían hacerlo los cerca de 500.000 objetos celestes que se encuentran en sus proximidades y que tienen un tamaño similar. De ellos, los astrónomos solo han descubierto un 1 % hasta el momento, que son a los que se les puede determinar su trayectoria. Las estadísticas indican que un cuerpo de estas características se aproxima a la Tierra una vez cada cuarenta años y puede impactar con ella una vez cada 1.200 años.

La distancia a la que pasará el asteroide está dentro de la banda de los satélites que se encuentran en la órbita geoestacionaria de la Tierra, a una distancia de 35.800 kilómetros por encima de la superficie terrestre. Sin embargo, también en este caso los expertos de la NASA descartan cualquier peligro de colisión. «Hay muy pocas posibilidades -indica la agencia en un comunicado- de que afecte a un satélite o a una nave espacial».

Por R. Romar

Tomado de  http://www.lavozdegalicia.es

martes, 28 de agosto de 2012

Proyectos de científicos de EEUU sobre clima pueden convertirse en arma

El físico norteamericano Rob Wood ideó cómo salvar a la humanidad del calentamiento global. Es suficiente, simplemente, asevera, crear nubes de agua salada de mar para que reflejen la radiación cósmica al espacio.

Sin embargo, los expertos rusos afirman que esta iniciativa está condenada al fracaso, es peligrosa e ineficaz.
Una nube de agua de mar va a deshacerse sin falta en una lluvia salada, destruirá gran cantidad de vegetación y hará inservible para la vida el agua dulce de los embalses. Después de tales precipitaciones suelen formarse desiertos sin vida. Los adversarios de las nubes artificiales están convencidos de que tales tecnologías pueden convertirse en arma climática. Por ejemplo, es posible originar inundaciones artificiales que destruyan ciudades enteras. En teoría se puede realizar tal variante apocalíptica. En particular porque el hombre sabe ya “dirigir” el tiempo, pero no a escala global, puntualiza Vladímir Chuprov, directivo de la sección energética de Green Peace de Rusia.
—Es posible regular lluvias. Cuando se acercaba a Moscú una nube radiactiva tras la avería en la central nuclear de Chernóbyl, se la trató con aerosoles. Las lluvias cayeron en las provincias de Tula y de Gómel. Si seguimos la “pista radiactiva”, veremos que entonces, en 1986, las lluvias no llegaron hasta Moscú.
Pero en la URSS no se creaba nubes sino que se variaba artificialmente el trayecto de su desplazamiento. Ahora no se puede crear nubes, no hay tecnologías al respecto.
Incluso si los científicos pueden crear una nube, quedará disipada al cabo de pocas horas. Y esto quiere decir que no se alcanzará a salvar el planeta del calentamiento global. Tanto menos porque las nubes no están en condiciones de influir cardinalmente en la temperatura de la atmósfera de la Tierra. A guisa de ejemplo Vladímir Chuprov aduce la fortísima erupción del volcán Pinatubo en Filipinas, en 1991. En aquella ocasión se formó una nube de ceniza de ciento veinticinco mil kilómetros cuadrados, igual, pues, a la superficie de Grecia.
—El estudio de los volcanes muestra que ellos forman nubes artificiales que cubren parcialmente el planeta de la radiación y la reflejan al espacio. Peri su efecto es de poca duración. El Pinatubo a inicios de los años noventa produjo la disminución de la temperatura aproximadamente por medio año. Luego todo volvió a su lugar, incluso se aceleró. Esto no puede ofrecer un efecto duradero para cambiar el clima.
Los científicos occidentales han promovido más de una vez proyectos para crear alrededor de la Tierra una faja de lentes gigantes, “basura espacial” o satélites para hacer frente a la radiación solar y sombrear las zonas de sequía. No obstante, nadie hasta la fecha se ha decidido a calcularlas consecuencias de tales proyectos.

sv/mo


La Voz de Rusia

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