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lunes, 23 de diciembre de 2013

Así son y así destruyen las nuevas bombas de EE UU


 

Boeing ha suministrado la última bomba de precisión y bajos daños colaterales (Focused Lethality Munition, FLM) a la Fuerza Aérea estadounidense, de un contrato de 500 bombas.

La FLM es una versión de la bomba de pequeño diámetro (SBD), de 130 kg (285 lb) y 93 kg de explosivo, que produce mínimos daños colaterales al atacar un objetivo, al estar diseñada con un cuerpo y ojiva de fibra de carbono para minimizar la producción de fragmentos metálicos. Utiliza un compuesto explosivo multifase, desarrollado por el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, con pequeñas partículas de tungsteno que crea una zona de destrucción de unos metros, produciendo pocos daños fuera de esos metros de radio.

La FLM dispone de un sistema de guiado GPS, con un sistema de navegación inercial y un sistema antiperturbaciones GPS. Está equipada con unas alas desplegables en forma de diamante invertido que aumenta el alcance hasta los 111 km, fuera del alcance de los sistemas de defensa antiaérea, proporcionando más seguridad a las tripulaciones de los aviones lanzadores.

Utiliza los mismos sistemas que las bombas de pequeño diámetro, que puede llevar cuatro bombas y que se puede emplear en los puntos de carga externos de los aviones convencionales y en las bodegas interiores de los aviones furtivos F-22 y F-35 y de los bombarderos B-1 y B-2 y puede ser lanzada desde aviones no tripulados de combate (UCAV). Han sido lanzadas con éxito 23 bombas en 23 misiones.

La Fuerza Aérea estadounidense comenzó a principios de los años 90 del siglo pasado un programa para desarrollar bombas de gran precisión, que no fuesen afectadas por las condiciones meteorológicas, como lo eran las Paveway guiadas por láser. El programa condujo a la obtención de las municiones conjuntas de ataque directo (JDAM), con guía GPS, y el desarrollo posterior de las bombas de pequeño diámetro, de gran precisión y lanzadas a gran distancia del objetivo. Con esa mayor precisión y menor peso se pueden llevar más bombas y con un solo avión cumplir una misión de ataque a más objetivos. Y la Fuerza Aérea está interesada en el desarrollo de una nueva generación de armas modulares de mayor precisión, penetración, que no sean localizables (furtivas) y lanzadas a gran distancia.
En 2006, el Mando Central estadounidense, con responsabilidad en Irak y Afganistán, realizó una petición urgente para desarrollar una bomba que provocase menores daños colaterales en entornos urbanos, comenzando Boeing, en septiembre de ese año, el desarrollo de la bomba FLM, cuyas primeras cincuenta unidades entregó en marzo de 2008.

La bomba tiene un error circular probable de 5 a 8 m (el cincuenta por ciento de las bombas caerían en un círculo de esas dimensiones), que puede disminuirse actualizando los datos GPS antes de su lanzamiento, lo que la hace muy útil para atacar edificios urbanos, sin provocar daños colaterales.

Videos:

http://www.youtube.com/watch?v=rmiELSNtuUs&feature=player_detailpage

Tomado de  http://www.ateneadigital.es

martes, 7 de mayo de 2013

El drone X-51A ensaya con éxito el vuelo supersónico

X-51 Hypersonic final flight
Foto: Boeing
El drone norteamericano X-51A Waverider es el primero de la historia en alcanzar una velocidad de 6.300 kilómetros por hora (Mach 5.1) movido por un hidrocarburo, lo que le convierte en un sistema logísticamente viable. La prueba, realizada la semana pasada sobre el Océano Pacífico, ha sido “un éxito completo”, en palabras del director del programa de este vehículo  aéreo no tripulado (UAV) que desarrolla la Dirección del Laboratorio de Investigación de Sistemas Aeroespaciales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Con este aparato se pone la base de la investigación en vuelos supersónico para, en última instancia, ponerlo en práctica en futuras aeronaves, principalmente militares.

El avión completó más de 425 kilómetros en poco más de seis minutos, lo que supone el trayecto más largo recorrido en las cuatro pruebas de vuelo que ha realizado hasta el momento. Previamente había despegado del Centro de Pruebas Edwards de la Fuerza Aérea, en California, bajo el ala de un bombardero B-52H Stratofortres. Minutos después fue soltado desde una altura de 50.000 pies (más de 15 kilómetros) y aceleró hasta Mach 4.8 (más de 5.900 kilómetros por hora) en alrededor de 26 segundos gracias a la propulsión de un cohete de combustible sólido.

Seguidamente, tras desprenderse del cohete, se encendió su estatorreactor de combustión supersónica (denominado scramjet) hasta alcanzar Mach 5.1 a 60.000 pies de altura (cerca de 10.000 metros). Tras agotar los 240 segundos de combustible que cargaba, el drone continuó enviando datos telemétricos hasta que se estrelló en el mar, tal y como estaba previsto. En total se recogieron datos durante 370 segundos que se emplearán para el desarrollo de los futuros vuelos supersónicos, sobre todo en el ámbito militar, donde estas velocidades aportarán una ventaja significativa en futuros sistemas aéreos.

Se trata del último de los cuatro vehículos de prueba construidos en este programa iniciado en 2004 y en el que se han invertido 300 millones de dólares (230 millones de euros).

Lo que convierte al X-51A en un desarrollo único es la utilización de un combustible de hidrocarburo para mover su estatorreactor, y no hidrógeno, como han empleado otros vehículos que también han logrado alcanzar velocidades supersónicas, como se considera generalmente a aquellas superiores a Mach 5. El uso de hidrocarburo, un combustible logísticamente soportable, es considerado  como una premisa vital para la aplicación práctica del vuelo supersónico.

El hidrocarburo empleado por este avión se inyecta en la cámara de combustión del estatorreactor donde se mezcla con el aire que atraviesa la cámara y se enciende en un proceso que la Fuerza Aérea compara con el encendido de un fósforo en medio de un huracán.

En el desarrollo del X-51A están implicadas la empresa aeronáutica Boeing, la constructora de cohetes Pratt and Whitney Rocketdyne, la NASA y la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA, por sus  siglas en inglés).

Para Darryl Davis, presidente de Boeing Phantom Works, la principal división de investigación y desarrollo de la compañía Boeing, “esta prueba demuestra que la tecnología ha madurado hasta el punto de abrir la puerta a aplicaciones prácticas como los sistemas de defensa avanzado y el acceso al espacio con menores costes”.

El proyecto X-51A no cuenta con un programa sucesor inmediato, aunque la Fuerza Aérea continuará investigando los vuelos supersónicos.

Tomado de  http://www.infodefensa.com

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