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lunes, 6 de mayo de 2013

Radio Martí, Juan Juan y las alabanzas a los huevos de un cibercombatiente.



 
La cloaca radiofónica de la contrarrevolución, la mal llamada Radio Martí, dedicó su programa 1800 Online, del pasado día 3 de mayo, a las 9 de la noche, a hablar acerca de los llamados ¨cibercombatientes¨ de la Revolución Cubana, bajo la conducción de Juan Juan Almeida y Lisandra Díaz, teniendo como invitada a Ana Olema, una pintora holguinera residente actualmente en North Caroline.



Ante una pregunta de  Lisandra sobre el motivo de la visita de Olema a Miami, se  puso en el aire la primera tontería de estos asalariados y detractores de oficio: Olema denominó a Miami como un municipio de Cuba. ¿Sabrá geografía esta pintora para cometer error garrafal o se dejó llevar simplemente por un sentido irreal de pertenencia? Miami no es parte de Cuba, aunque la habite mucho cubano bueno y un permanente odio demencial promovido por la mafia terrorista asentada en esa ciudad.



Luego explicó Olema el motivo de su viaje. Nada más y nada menos que contactar al contrarrevolucionario Antonio Rodiles, promotor de Estado de SATS, para brindarle su apoyo con respecto a la cuestionada Campaña por otra Cuba, conocida tan solo por varias centenas de quintacolumnistas dentro de la Isla. Según Olema, la misma ha promovido un ilusorio apoyo entre la intelectualidad cubana. ¿Estará loca?



Como Rodiles parece haberse convertido no solo en fabricante de videos cargados de falacias, sino también en promotor de carteles antigubernamentales, la Olema se brindó para entregar uno y promover un proyecto contrarrevolucionario desde Estados Unidos, enmarcado dentro de la ciberguerra enemiga, en forma de página web, identificada como deformeprofile.com. Su propósito es detectar cuentas en Twitter de supuestos ciberactivistas defensores de la Revolución, identificándolos y promoviendo los ataques mediáticos contra los mismos.



-       ¿Pones nombres?, preguntó Juan Juan, interesado.



-       Sí, pongo las cuentas directas en Twitter, solo que, es muy interesante a nivel visual, cuando tú entras a la página ves una serie de huevitos, no de colores, (…) me sirve como metáfora. Como metáfora de que tú entras en el sistema y de ti depende crear una verdadera personalidad y una verdadera conciencia. (…)  O sea, hay una serie de relación, porque no quería que se quedara en un cartel gráfico (…) sino que conectara con las redes sociales.



El tontuelo de Juan Juan, sin darse cuenta que iba a hacer el ridículo, comentó apresurado:



-       Me gusta muchísimo, de hecho, te voy a pedir un favor, que si tienes ahí los huevos de Percy Alvarado, por favor, sácalos, porque no me gustan, es mi ídolo (risas).



¿Quién le habrá dicho a este falso periodista que mis huevos andan por allí, pensé yo, y que Olema los tenía metidos en su cartera como un trofeo? Estoy seguro que JJ se ganó un buen pescozón de Consuelo, su colérica e incontrolable esposa, quien pensó que este inútil se había salido del libreto que le entregaron en Radio Martí.



Yo, mientras tanto, un poco sorprendido, me palpé el pantalón y respiré aliviado: los míos estaban allí, en su lugar. Nadie me los había robado.



Luego hubo una larga cháchara en la que Olema enaltece sus propios méritos y logros personales, dando muestras de un descomunal narcisismo, negando la ayuda de otros para encaminarse en la vida. Sin recato, dijo:



-       Ahora hay una cosa muy interesante, que normalmente cuando tú ves artistas de Estados Unidos o de Europa, que trabajan con la tecnología, tú ves que son jueguitos tecnológicos, o sea, es la vuelta del formalismo estético entre las artes plásticas llevada a las tecnologías. En mi caso, como yo siempre digo, yo soy una persona naive en la tecnología. ¿No se les parece a Yoani?



-       A mí me pueden encontrar fácilmente en las redes, buscan anaolema.tumble.com o buscan por anaolema en Google y enseguida aparezco, yo soy muy transparente, toda mi vida está en Internet.



De esta forma, sin penas ni glorias terminó este programa banal en Radio Martí, sin que los ciberactivistas revolucionarios salieran lesionados por la manida verborrea de sus detractores y ¨mis huevos¨ fueran, realmente, los protagonistas del mismo, gracias a uno de sus más fervientes fans.

¿Qué hubiera dicho JJ si hubiera sabido que Adolf Hitler tenía un solo testículo, mientras la naturaleza me premió con tres? Nada, que esto de los huevos, bien vale a JJ  el refrán que reza: ¨Hay quien mucho cacarea y no ha puesto nunca un huevo.¨

Percy Francisco Alvarado Godoy

sábado, 13 de abril de 2013

Ciberactivismo



ciberterrorismo

Las nuevas tecnologías, internet, las redes sociales han llegado a la ciudadanía con una aureola de democratización, participación e igualitarismo. No solamente se trataba de aparatitos, formatos y soportes fascinantes tecnológicamente -como toda tecnología innovadora-, sino que además resultaban -en tanto que igualitarias y baratas- libertadoras puesto que rompían el monopolio de la difusión de los grandes grupos de comunicación y las grandes empresas. No se podía pedir más. No negaremos que parte de todo esto es verdad, pero no basta con esa conclusión, existen muchos más elementos en torno a las nuevas tecnologías para los que debemos estar alertados y preparados. “El riesgo de internet es pensar que se vive la democracia en directo, cuando sólo es una democracia virtual. Internet no es más que la continuación de la utopía de querer hablar directamente con todo el mundo; el problema es pensar que eso va a resolver nuestros problemas reales”. Así de contundente se expresa Patrice Flichy, profesor de Sociología en la universidad francesa de Marne-la-Vallée, cofundador y director de la revista bimestral Réseaux y experto en internet.

Soy de los que piensan que corremos el peligro de que nuestro activismo político se despeñe por una pendiente hacia la virtualidad de los manifiestos y firmas en la red, los tuits y los comentarios de facebook. No dejamos de enorgullecernos porque se han recogido un millón de firmas en internet para que dimita Rajoy. ¿Y qué? Podrían haber sido diez mil o diez millones y hubiera tenido el mismo resultado. Recientemente se ha sabido que una de los principales portales de internet donde se alojan campañas de recogidas de firmas y envíos de emails, Change.org, está operado por la corporación estadounidense con ánimo de lucro Change.org Inc., con sede en el estado de Delaware, (uno de los tres estados norteamericanos, junto a Wyoming y Nevada, que permiten una exención de impuestos para sociedades limitadas (La Marea, 4-3-2013). Con algo menos de 100 trabajadores, la empresa facturó más de 15 millones de dólares en 2012. Change.org, según consta en su página web, no se hace responsable absolutamente de nada, ni tan siquiera de que los datos recogidos en la base de datos sean correctos o se encuentren duplicados por miles, como se ha demostrado más de una vez. No existe una Change España como tal, simplemente se trata de una página web traducida al castellano, cuya legislación aplicable de competencia y cuya jurisdicción se basan en la aceptación de las leyes del Estado de Delaware. En la página web de Change.org/es se hace gala de ser una empresa social (“Tenemos el orgullo de ser una empresa social, utilizando lo mejor de una empresa para promover el bien social”), pero Change Inc. no se ajusta al marco legal vigente en España para las empresas sociales se regulan por la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social. Es, por tanto, una empresa normal y corriente que gana dinero con las cibercampañas.

No olvidemos que las guerras y las hambrunas no son nada virtuales, con sus muertos no virtuales y los armamentos y criminales que las provocan, tampoco virtuales. Igualmente, nuestro salario y nuestras prestaciones sociales nos las están disminuyendo de forma real, mientras seguimos conectados al mundo virtual. La ofensiva tecnológica-virtual parece diseñada para sacarnos de la realidad auténtica y meternos en una realidad virtual con el objetivo de neutralizarnos. Existen juegos en internet para niños -y adultos- en el que el sistema te premia con “créditos” para comprar objetos virtuales previo envío de SMS con un coste en euros reales. Es decir, cambian con toda impunidad dinero real por dinero virtual. Del mismo modo actúa gran parte de la revolución tecnológica: nos roba nuestra vida real, sobre todo si puede ser potencialmente crítica y subversiva, y nos la cambia por vida virtual. Mientras los empobrecidos del mundo mueren de hambre, los que tienen para comer son aprehendidos y llevados al mundo virtual.

Frente a las redes virtuales, debemos apostar por construir redes reales. El primer paso es reconocer que las virtuales nunca pueden sustituirlas. Las redes de internet son precarias, coyunturales e impiden establecer lazos firmes entre sus miembros. Aunque resulte una obviedad, no hay que dejar de insistir en que los “amigos” de Facebook no son amigos. Unas redes firmes, sólidas y duraderas requieren personas que se encuentren físicamente en el mundo real, que se enfrenten a situaciones de la vida real en lugares físicos, cara a cara, que discutan sobre problemas comunes, objetivos y planes de acción. Todo ello sin la mediación de máquinas. Las redes sociales y el mundo virtual han socavado el histórico derecho de reunión y lo han sustituido por un hecho social alucinatorio: la falsa conciencia de reunión, la ‘ilusión de reunión’. La conciencia espectadora, presa de la pantalla, tras la cual ha sido deportada la propia vida, sólo encuentra interlocutores ficticios que desemboca en un autismo espectacular. En palabras premonitorias de adónde nos ha llevado internet, Guy Debord afirmó que “la ‘misión histórica de instaurar la verdad en el mundo’ no pueden realizarla ni el individuo aislado ni la muchedumbre atomizada”. Y, hoy, cada uno de nosotros, frente a nuestro ordenador, no somos otra cosa que muchedumbre atomizada. La alternativa según Debord era el Consejo Obrero como forma desalienada de la democracia. Sí, un término, el de Consejo Obrero, que puede parecer arcaico, pero que no es otra cosa que el encuentro físico de seres humanos oprimidos con el objetivo de liberarse y de cambiar el mundo.

 Por Pascual Serrano

(Tomado de Rebelión)

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