No es posible justipreciar este acontecimiento, presagio
del pronto fin de la prolongada guerra en Colombia, fuera del contexto
contradictorio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre La
Habana y Washington, y la sorprendente solución pacífica del agudo conflicto
fronterizo que estalló entre Caracas y Bogotá- de una parte- y la continuidad de la contraofensiva
estadounidense y oligárquica contra las transformaciones políticas y sociales
habidas en Latinoamérica en años recientes, que la reacción califica de “ciclo
progresista”