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viernes, 23 de mayo de 2014

La CIA elimina a sus servidores: Eladio Ceferino del Valle



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Tal como ocurriría con el brutal atentado a una aeronave de Cubana de Aviación, acaecido el 6 de octubre de 1976, la administración norteamericana de turno y las subsiguientes, trataron de camuflar la verdad comprometedora. Informes amarillentos y envejecidos por el tiempo descansan en alguna oficina de la CIA, bajo la tutela permanente de sus oficiales y directores, entre ellos varios hechos que tienen su origen en la administración norteamericana de Eisenhower, dedicada a desarrollar la más agresiva guerra sucia contra Cuba, encargando a la CIA, con Allan W. Dulles a la cabeza para cumplir tal cometido. Dulles encargó de estos planes a Joseph Caldwell King (J.C. King), quien era en ese entonces Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA y ya había comunicado a su Director, el 11 de diciembre de 1959, la "peligrosidad" de Cuba para EE UU y recomendó, a la vez, la realización de planes para la eliminación física de Fidel Castro y otros dirigentes cubanos.

Por instrucciones directas de Dulles, el coronel CIA J.C. King, estableció contactos directos con numerosos contrarrevolucionarios proclives a participar en acciones violentas contra Cuba, ayudado por Howard Hunt, sobre todo con aquellos directamente vinculados a la recientemente derrocada dictadura de Fulgencio Batista, entre los que se destacaron Rolando Masferrer, Manuel Artime Buesa, líder del  Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR);  José Ignacio Rasco, jefe del Movimiento Demócrata Cristiano (MDC), Aureliano Sánchez Arango, jefe de la triple A; Manuel "Tony" Varona, jefe de la Organización Auténtica; Justo Carrillo Hernández de la Organización Montecristi; así como una variada gama de políticos y esbirros, entre los que sobresalió Eladio Ceferino del Valle (Lado o Yito), uno de los integrantes de la Operación 40 de la CIA, la que se formó mediante decreto presidencial apenas 13 días después del atentado al vapor La Coubre. Por supuesto, Eladio del Valle pasó a ser miembro de este engendro identificado con las siglas WH-4 y a través del cual se implementaría el Plan de Operaciones Encubiertas contra Cuba.

EL SUCIO HISTORIAL DE DEL VALLE

Nacido en Cuba, el 26 de agosto de 1921, fue un incondicional partidario de la dictadura de Fulgencio Batista. Ocupando un cargo dentro del Congreso y fue concejal. Al salir de Cuba rumbo a Miami, hizo valer las relaciones que había establecido en la Isla con funcionarios de la CIA y del FBI, así como con algunos capos de la Cosa Nostra, para insertarse en los grupos terroristas radicados en esa ciudad floridana. Desde los primeros meses de su estadía en EE UU realizó actividades violentas contra Cuba en unión de otros individuos vinculados a la CIA como David Ferrie y  Sergio Arcacha Smith, con quien forma el Comité por Cuba Libre, grupo terrorista que recibió financiamiento de la CIA y de la mafia ítalo americana. Se conoce que Eladio del Valle contrató a David Ferrie para que lanzara bombas incendiarias contra objetivos cubanos, pagándole 1 000 USD por incursión. Del Valle usaba una tienda de comestibles en Miami como tapadera para guardar grandes cantidades de armas y explosivos para emplearlas en sus sabotajes contra la Isla. Nunca fue molestado por el FBI ni la CIA ya que, al igual que Ferrie, trabajaba para ambas agencias.

Eladio del Valle contrató a David Ferrie, un piloto de línea aérea primero, le vuelan en varias redadas cubano. Del Valle pagó Ferrie $ 1.000 por viaje, cuando la misión era lanzar bombas contra incendios en los campos de caña de azúcar y Ferrie aterrizó en una carretera desierta para recoger a los refugiados.

El interés de la CIA y de otras organizaciones de derecha hacia Eladio del Valle se puso de manifiesto en varias oportunidades, a pesar de sus vínculos con el narcotráfico, el contrabando de armas y su condición delictiva, hecho al que hace referencia un informe del FBI identificado como 1003-78541 MM 2-379, en el que se destacó: “La Oficina del Buró está consciente que  del Valle ha estado involucrado en actividades ilegales actividades en el pasado, incluyendo las operaciones de narcotráfico....”

Sin embargo, como se manifiesta en un Memorándum de las Fuerzas Armadas y Civiles Anti-Comunistas (FAYCA), escrito el 18 de octubre de 1960 por José A. Benítez, presidente del Comité Demócrata del Estado de Puerto Rico y dirigido a D. William Pauley [Pawley],  (REF: CIA, envío 2 de noviembre 1960. NARA # D0740), se recomienda el apoyo de la CIA y del senador Smathers a Eladio del Valle, vecino de 8245 Collins Avenue, Miami Beach, Florida, para los planes del mismo de realizar una invasión contra Cuba.

En el documento se pone de relieve que Eladio del Valle estaba especulando con un plan de invasión a Cuba, debidamente organizado e implementado, lo que fue creído por José A. Benítez. Este plan, tal vez fruto de una afiebrada imaginación de Eladio del Valle o de un intento de estafar a los potenciales promotores del mismo, consistía en introducir 150 hombres armados dentro de la isla, todos con experiencia militar en el ejército de Batista, a los que se sumarían miembros del Ejército Rebelde cubano en una de las provincias de la Isla. Posteriormente, a los diez días posteriores de realizada la invasión, se abriría otro frente en otra provincia de Cuba. De la misma manera, Eladio del Valle promueve en su plan la creación de células saboteadoras en la capital cubana.

“Si somos capaces de ofrecer ayuda para él, sus sacrificios mejores resultados que lo que le permite trabajar por sí mismo. (…) Él no tiene ninguna relación con otros dirigentes cubanos activos en sus planes, a pesar de que es un amigo personal de ellos.”

Continúa el Memorándum de Benítez: “A medida que ya cuenta con su propia fuerza, hecho y lograr por sus propios sacrificios, que deben proporcionar los 150 hombres con equipos adicionales que han de realizarse por los mismos los de Cuba dispuestos a unirse a ellos. (…) Además, me imagino, un poco de ayuda financiera para la las familias de los que van por ahí puede traer una favorable reacción.”

Otro MEMORANDO dirigido al Director del FBI (100-378541) por parte de SAC, Miami (2-379) (P) y fechado el 22 de junio de 1966, se refiere a Eladio Ceferino del Valle Gutierrez en relación con varios aspectos, entre los que se destaca que del Valle emplea sus barcos de pesca  para realizar operaciones de narcotráfico desde Panamá y República Dominicana. A la par. Hace referencia a la investigación de Aduanas sobre la operación de Masferrer en Cayo Marathon y cómo una acusación a del Valle por narcotráfico puede poner sobre aviso a Masferrer.

Luego de realizar varias acciones terroristas dentro de Cuba, tales como ataques a embarcaciones y quema de campos de caña, Eladio se vinculó estrechamente a la conspiración para asesinar al presidente Kennedy, reclutado por la CIA y la Cosa Nostra. Según declaró el agente encubierto del FBI, Harry Dean en 1975, Eladio del Valle fue uno de los gatilleros que asesinaron a Kennedy, aunque su acusación fue desoída. Años después, esta versión fue confirmada por Antonio de la Cuesta (Tony), capturado en Cuba el 29 de mayo de 1966, mientras realizó una infiltración por la zona de Monte Barreto, en el barrio capitalino de Miramar. De la Cuesta también involucró a Herminio Díaz García, fallecido durante la referida infiltración, como otro de los conspiradores en el magnicidio contra JFK. 

Otra versión lo colocó en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963, en la escena del asesinato de Kennedy, como uno de los francotiradores, junto a Loran Eugene Hall, dueño de un amplio historial criminal en EE UU y vinculado a la CIA y a la Cosa Nostra. Loran Hall se movió indistintamente por Luisiana, Florida y Texas, preparando actividades terroristas contra Cuba. Usaba el seudónimo de Lorenzo Pascillo y, según se sabe, perteneció a los Minutemen. En realidad, Hall era un informante del FBI y de la CIA.

Loran Hall desapareció por arte de magia y se cree que fue asesinado por la CIA.

LA MANO ASESINA DE LA CIA LE COBRA LAS CUENTAS

El fiscal especial que investigó el asesinato de John F. Kennedy caso, Jim Garrison, tuvo marcado interés en entrevistar a Eladio del Valle para esclarecer su participación, y la de otras personas, en la conspiración, pero no pudo dar con su paradero. La razón era simple: Eladio del Valle fue asesinado el 23 de febrero de 1967, a la 1:30 a.m., como resultado de un disparo en el corazón, apenas antes de que fuera asesinado su amigo de correrías y conspirador, David Ferrie. Su muerte ocurrió en la esquina de la 37 avenue y la 7 Street, en el North West de Miami. Su cadáver fue encontrado dentro de un auto, un Cadillac Fleetwood del año 1966, estacionado en ese parqueo, según detalló el detective A V Giordano del Departamento de Homicidios.

La Oficina Forense del Condado de Dade se refirió en un Informe Forense denominado Caso N º 420 A, a las causas de la muerte de Eladio del Valle, quien por ese entonces vivía en el 3101 NE 164 Street, en North Miami Beach, y contaba con 45 años de edad.

Según el reporte de la autopsia, realizado por el médico forense Peter L. Lardizábal, el cuerpo de Eladio del Valle presentó laceraciones en el cuero cabelludo y un pinchazo que en el lado izquierdo del pecho. Rigor mortis completo en el cuello, la mandíbula y todas las extremidades.

Las investigaciones condujeron hacia Teodosio Bahadue, a quien se le levantaron cargos por homicidio en el caso y quien solicitó recurso de Habeas Corpus HC-3237, el 15 de agosto de 1969, dictándose su libertad tras el pago de una fianza de 50 000 USD.

En la declaración inicial de Teodosio Bahadue ante las autoridades, realizada el 27 de febrero de 1967,  Bahadue dijo ser vecino de 5890 W. 14th Lane, en Hialeah, y dijo trabajar en la venta de equipos en un taller ubicado  en el 301 Palm Avenue y 1491 E. 4th Avenue en Hialeah. Manifestó conocer a Eladio del Valle desde hacía 4 años y tener relaciones comerciales a través de una compañía de exportación de equipamiento usado hacia República Dominicana, la  Untiem_Marine, ubicada  Drive South River, Miami, y usando a Santiago Rey Perna, gerente del hotel Ambassador  como contacto.

En el interrogatorio Bahadue dijo que del Valle recibió una llamada de un tal Sánchez, pero éste no estaba en la tienda. Luego intentó llamar a Sánchez cerda de 6 veces. El interrogado reconoció que Eladio del Valle “tenía un montón de enemigos en la política.” Bahadue reconoció a Masferrer como uno de estos enemigos.

Bahadue reconoció que del Valle estaba vinculado al contrabando de armas y venta de oro con varias personas, entre las que destacó a John Gallagher,  de la ciudad de Boston, así como a Marco Guin, residente en Miami.

El asesinato de Eladio del Valle quedó impune y la investigación condujo a un atolladero. Nunca se encontró a su asesino, como tampoco al de su socio David Ferrie. Otra vez la CIA eliminó a quien le sirvió como terrorista, informante y asesino. Era, simplemente, comprometedor y descartable.


Percy Francisco Alvarado Godoy

jueves, 22 de mayo de 2014

Otro peón asesinado por la CIA: Johnny Roselli.



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El 8 de octubre 1976, fue enviada una solicitud de Condado Dade al Departamento de Seguridad de la CIA con vista a solicitar apoyo para el esclarecimiento del ciudadano Johnny Roselli. El documento fue elaborado por Curtis R. Ríos, a nombre de la Oficina del Sheriff del Condado de Dade.

Según dicho documento, en el que parecen referencias a las indagatorias sobre varios contrarrevolucionarios cubanos residentes en La Florida, entre los que se encontraban Rolando Masferrer, Luciano Nieves Mestre, José de la Torriente, José Quintana, Joaquín Antonio Cortizo, Manuel Artime, entre otros, los que podían haber estado involucrados en el asesinato de Roselli o, al menos, tener vínculos de actividades con el mismo.

Varios antecedentes relacionados con Roselli lo vincularon con la Cosa Nostra, el FBI, la CIA, el asesinato del presidente John F. Kennedy y, directamente, a un grupo de la CIA denominado Operación 40, un grupo especial creado por la Agencia Central de Inteligencia como complemento de la Brigada 2506, con funciones operativas independientes a la misma, con las siguientes misiones específicas:

1) La infiltración de saboteadores dentro de Cuba, previo a la invasión de Playa Girón, para organizar grupos de apoyo a los invasores.

2) Durante el desarrollo de la invasión, los miembros de Operación 40 penetrarían la retaguardia de las fuerzas revolucionarias con misiones de asesinatos de dirigentes, búsqueda de inteligencia, así como otras misiones de sabotaje.

3) De existir un resultado positivo en la acción mercenaria, los 53 hombres de la Operación 40 se ocuparían de realizar la "limpieza general", de todas las personas comprometidas con la Revolución Cubana.

En un Memorándum a Richard Goodwin, firmado por Arthur Schlesinger, Jr., y emitido el 9 de junio 1961, con denominativo SSCIA 157-1002-10057 MRD, la CIA reconoció que el grupo Operación 40 debió dedicarse a "matar comunistas", para lo cual fue preparado en los métodos interrogatorio de tercer grado, tortura y terrorismo en general.

Los jefes de la CIA a cargo de este grupo eran David Atlee Philips, Howard Hunt y David Sánchez Morales, así como el jefe directo del mismo, Joaquín Sanjenis. Los más renombrados miembros de este operativo CIA fueron Luis Posada Carriles, Orlando Bosch Ávila, Félix Rodríguez Mendigutía, los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampoll, José Dionisio Suárez Esquivel, José Basulto León, Pedro Luis Díaz Lanz, Gaspar Jiménez Escobedo, José Miguel Battle, Antonio Veciana Blanch, Ricardo Morales Navarrete, Rafael Quintero Ibarbia, Eugenio Rolando Martínez, Frank Sturgis (Frank Fiorini), Eugenio Rolando Martínez, Porter Gross, Herminio Díaz, Eduardo Arocena Pérez, Rolando Masferrer Rojas, Bernard Barker, Pedro Remón Rodríguez, Barry Seal, Antonio Cuesta del Valle, Manuel Artime Buesa, Jorge Mas Canosa, Alberto Blanco Romariz, Virgilio Paz Romero, Alvin Ross Díaz,  Andrés Nazario Sargent, entre otros. Por supuesto, no faltó en la lista John Roselli, conocido por todos por el mote de “Handsone Johnny”, quien había fungido como enlace de la CIA con la mafia de Santos Trafficante.

LAS CULPAS DE ROSELLI

Tal vez su culpa principal, la que lo condujo a convertirse en un cadáver descuartizado y descompuesto metido dentro de un tonel metálico que fue encontrado flotando el 9 de agosto de 1976, en las aguas de la Bahía de Biscayne, cerca de Miami, fue hablar más de la cuenta, según el criterio de sus jefes de la CIA, ante un Comité del Congreso encargado de investigar el asesinato del presidente Kennedy y los planes magnicidas contra Fidel Castro.
De nada le sirvió para encontrar una muerte tan horrenda haberse cambiado su nombre originario, Filippo Sacco, y sus orígenes en Esperia, en Frosinone, Italia, para morir a manos de sus propios empleadores. Tampoco le valió de mucho su ascenso lento y difícil en el bajo mundo de la Cosa Nostra, iniciándose como gánster de poca monta en  Los Ángeles, bajo las órdenes de  Jack Dragna,  hasta convertirse en  representante de la Cosa Nostra de Chicago y de Los Ángeles, en 1954, nada menos que en la floreciente ciudad de Las Vegas. Tampoco le fueron de utilidad sus actividades como productor de películas de gánsteres en Hollywood, para evitar la muerte horrenda que le tocó.

Su destinó lo marcó el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959, la que dio al traste con el juego mafioso, y el haberse involucrado en los planes de Sam Giancana, capo mafioso de Chicago, y de Santo Trafficante, jefe de la mafia de Tampa, quienes lo emplearon como enlace con la CIA para asesinar al dirigente cubano, Fidel Castro.

La CIA contactó a Roselli a través del ex-agente del FBI, Robert Maheu, en 1960. Esta orientación vino directamente de Richard Helms, recién estrenado subdirector de la CIA, a cargo de Acciones subversivas. Luego de los contactos entre Maheu y los dos capos jefes de Roselli, comenzó la confabulación para asesinar a Fidel. Primero intentaron hacerlo con píldoras de veneno suministradas a Roselli por la CIA, con el fin de introducirlas en los alimentos de su importante objetivo. 

Un año después, en 1961, Roselli se dedicó a entrenar a varios tiradores en una base secreta de la CIA en Cay Sal Bank, con vistas a asesinar a Fidel. Ya Roselli estaba involucrado en la Operación 40, como uno de sus principales operativos en su estación de Miami, JMWAVE.

Nuevos planes y fracasos de la CIA en sus planes magnicidas contra Fidel lo vincularían a los principales jefes y operativos de la CIA como William King Harvey, David Atlee Philips, Howard Hunt y David Sánchez Morales.

La CIA, a través de William Harvey, jefe de su fuerza tarea, pidió al coronel Edwards que contactara a John Roselli, propiciándose una entrevista entre ambos en Miami, en la que  Harvey le orientó contactar a los contrarrevolucionarios cubanos asentados en esa ciudad. Corría el año 1962 y, en esta ocasión, Harvey le solicitó mantener al margen a sus jefes de la Cosa Nostra, así como al impredecible Maheu. Luego tuvieron tres reuniones más en las que planearon diversos planes de atentados contra Fidel Castro, usando principalmente a Tony Varona, en los que se incluía el uso de veneno y de distintos tipos de armamento. Roselli fue el receptor de los artilugios letales.

Más adelante se conocería el premio a la incondicionalidad de Roselli por parte de la CIA en cerca de tres oportunidades, en los años 1966, 1967 y 1971.  El Informe del Comité Church puso sobre el tapete que la Agencia evitó que éste fuera procesado por sus actividades gansteriles. Este destape propiciado por el Comité Church propició otras investigaciones del Comité Especial de la Cámara de Representantes sobre el asesinato del presidente Kennedy, que pusieron al desnudo los vínculos de la CIA con la mafia terrorista de Miami y la Cosa Nostra. Sin embargo, todo quedó allí. Un oscuro manto de tolerancia, confabulación y sucio compromiso acalló la verdad, hasta que el prontuario criminal de Roselli fuera sacado a la luz en 1971 por  Jack Anderson, un reportero del Washington Post, quien abrió las puertas para que la propia CIA se hiciera el harakiri en el año 2007, al desclasificar importantes documentos vinculados a estos sucesos.

No obstante, la CIA, particularmente William Harvey, vio en Roselli un operativo de experiencia para introducirlo en la conspiración que, con el FBI, la Cosa Nostra y otras élites ultra conservadoras norteamericanas, estaba dirigida a la eliminación física del presidente Kennedy. Varios elementos prueban esta aseveración:

-      Roselli se reunió con Jack Ruby en el otoño de 1963.

-  Hay quienes le vincularon, junto a Charles "Chuckie" Nicoletti, otro mafioso vinculado a la CIA y posteriormente asesinado, como dos de los gatilleros que atentaron contra Kennedy.  Así lo afirmó otro miembro de la CIA nombrado James Files.

-      Un mafioso que compartió celda con Roselli, el capo de New York, Bill Bonanno, afirmó en su autobiografía que le confesó haber disparado un tiro desde un alcantarillado localizado en Elm Street, en Dallas.

-    Un ex piloto de la CIA, "Tosh" Plumlee, afirmó que condujo a Roselli desde Tampa a Dallas, en la mañana del fatídico 22 de noviembre de 1963. 

-     Roselli fue usado para vender la falsa versión de que el asesinato de Kennedy había sido planeado por Cuba.

Los turbios negocios en Las Vegas lo llevaron a juicio en 1968, en el cual se le condenó por delitos migratorios, al carecer de la ciudadanía norteamericana, por lo que se ordenó su deportación a Italia por el Servicio de Inmigración y Naturalización. La CIA usó todas sus influencias e Italia se negó a aceptarlo.

LA SENTENCIA DE LA CIA

Sin poder escurrirse, Roselli se vio obligado a testificar ante el Comité del Senado estadounidense en Actividades de Inteligencia (SSCIA), presidido por el senador Frank Church, en los días 24 de junio y 22 de septiembre de 1975. Elocuente y sin medir los riesgos que contraía, Roselli develó los planes de la CIA para asesinar a Fidel Castro y el contenido de la secretísima Operación Mangosta. Ignoraba el pobre hablador que su jefe, Sam Giancana había sido asesinado apenas 48 horas antes.

Desvalido y asustado, Roselli sabía que había llegado su hora y que la CIA nunca perdonaba. Se refugió entonces en Miami hasta que recibió una nueva citación para testificar el día 26 de abril de 1976, esta vez en relación con la conspiración por asesinato del presidente Kennedy. Acudió al citatorio y, tal vez creyéndose protegido, habló por los codos. Fue llamado tres meses después, pero no apareció. Era el 28 de julio de 1976 y ni la SSCIA ni el FBI pudieron encontrarlo.

Roselli, en realidad, ya estaba muerto y descuartizado. Su cadáver flotaba dentro de un tonel, putrefacto, en las aguas de la Bahía de Biscayne.

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Cuerpo de Roselli al ser sacado de las aguas de la Bahía Biscayne

EL SILENCIO FORZOSO DE LOS IMPLICADOS EN LA MUERTE DE KENNEDY

La CIA, el FBI, la Cosa Nostra y la ultraderecha norteamericana trató a toda costa de borrar todas las trazas que pusieran sacar a la luz, aunque ello implicara el asesinato o la muerte sospechosa de decenas de personas. El objetivo fue obstaculizar cualquier acercamiento a la verdad y todavía, aún, se mantiene un oscuro silencio y un anuncio tácito de peligro para el que intente desentrañar lo sucedido. Los peones fueron cayendo, uno tras otro, sobre el sórdido tablero de ajedrez.

John Roselli no fue la única víctima. Algunas de las muertes de personas relacionadas con el caso evidenciaron esa aún latente amenaza.

En mayo de 1964 fue asesinado Gary Underhill, un agente de la CIA, quien dijo conocer la participación de la CIA en el asesinato de Kennedy, aunque su deceso fue visto como un suicidio. Otra persona, un ex agente del FBI nombrado Guy Bannister, sufrió un sospechoso ataque al corazón en junio de 1964. Asimismo, Mary Meyer, una amante de JFK cuyo ex esposo, Cord Meyer, pertenecía a la CIA, fue asesinada en octubre de 1964 en un parque de Washington, DC.

Igualmente, David Ferrie, un miembro de la Operación 40, murió de dudosa embolia cerebral en febrero de 1967. También su amigo, Eladio del Valle, recibió un disparo a corta distancia el día después de la muerte de Ferrie. 

Otro agente de la CIA, Clay Shaw, murió de un inesperado cáncer en febrero de 1974.

Otro de los involucrados en los planes de asesinato contra Kennedy y Fidel Castro, el capo mafioso Sam Giancana, fue asesinado en el sótano de su casa, amparado supuestamente en el Programa de Protección a Testigos Federales, en junio de 1975. No podía desnudar a la CIA ante el Comité de Inteligencia del Senado. 

Otro enlace entre la CIA y la Cosa Nostra, al igual que Roselli, Charles Nicoletti, también fue asesinado en Chicago en marzo de 1077.

El tufo de la sospecha también cuestionó el aparente suicidio del ex presidente cubano Carlos Prío Socarrás, en abril de 1977. 

Todos estos decesos dudosos y muchos no mencionados en esta lista, se suman a las muertes de Lee Harvey Oswald y de Jack Ruby, quienes sí estuvieron en el lugar adecuado y en la hora precisa en que se asesinó a Kennedy, aquel 22 de noviembre de 1963 en la Plaza Dealey, en Dallas, Texas. Otros, al menos pusieron su granito de arena para el éxito del magnicidio y de la macabra conspiración.

Todos, como Roselli, fueron piezas descartables para la CIA. De esta forma se cerró, ante los ojos del mundo, otro capítulo siniestro hasta ahora imposible de develar.


Percy Francisco Alvarado Godoy

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