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jueves, 26 de octubre de 2017

Vas bien, Iroel Sánchez



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Acostumbrados estamos los revolucionarios a ser foco de la guerra mediática y del ataque visceral de quienes, con rabiosa impotencia, solo atinan a usar la ofensa y la mentira en vano intento por dañar nuestra imagen como revolucionarios. Hoy le ha tocado el turno a mi compañero bloguero Iroel Sánchez, a quien el sitio web identificado como Represores cubanos ha colocado en su “lista negra” como presunto represor ideológico en Cuba, a partir de una denuncia de la llamada  Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FDHC), remedo inútil de quien acude a la amenaza y la presión mediática más vulgar para desestimular inútilmente a quienes apoyamos incondicionalmente a nuestra Revolución.
A mí me ha tocado el alto honor, desde hace muchos años, de ser foco de este tipo de ataques por parte de varios sitios contrarrevolucionarios como la propia Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FDHC), el falsario sitio  Repression ID, el Archivo Cuba, Nuevo Acción blog, Alianza Fuego, en el que tratan de atemorizar  a combatientes del MININT y las FAR, así como a miembros de nuestras organizaciones revolucionarias –a los cuales pretenden endilgar la falsa condición de represores– en un franco intento por amenazarlos, amedrentarlos y prometer futuros castigos a los mismos a causa de su labor de enfrentamiento a las actividades provocadoras de la contrarrevolución interna.
Puedo asegurar que tanto Iroel como mi propia persona, así como todos mis compañeros de trinchera, no temblamos ante estas burdas amenazas que solo hacen confirmar que nuestras denuncias y posturas hacen oportuna diana entre nuestros enemigos. En eso, vas bien Iroel.
Como ya señalé en otro artículo: “No nos preocupa el futuro pues le construimos con abnegación y entrega para nuestro pueblo, sabedores de que jamás hemos actuado contra él y sí contra quienes intentan envenenarlo con los cantos de sirena del capitalismo y con el odio de nuestros tradicionales enemigos. Sabemos, con convicción, que estamos absueltos por la historia.”

jueves, 8 de enero de 2015

Después del silencio

 

No creo que las primeras emociones llegaran durante el estreno de la serie. En marzo de 1979 era demasiado pequeño para recordar con tantos detalles tantas escenas en las que se revelaban las acciones de aquel David, así que seguro las recuerdo de alguna de las ocasiones en que regresó a la pequeña pantalla “En silencio ha tenido que ser”. Este miércoles he vuelto a ver algunas de aquellas escenas y recordé mi mayor preocupación de entonces.

Todavía era pequeño al terminar la serie en que se mostraban lo que para mí eran las únicas maneras de actuar de los agentes que la Seguridad del Estado en Cuba tenía que preparar para defendernos de los enemigos de la Patria. En mi ignorancia, aquello era como entregar las armas y renunciar a emplear otros en posteriores escenarios. Era evidente que estaba equivocado, después conocería de muchos otros héroes anónimos para los que el silencio era su mejor amuleto de vida.

Por muchos años solo fueron protagonistas de documentales y series de televisión hasta que a mediados del noventa un evento científico estudiantil al que asistí en Villa Clara como delegado me puso en el mismo teatro con un cubano que participó activamente en la creación de Radio y Televisión Martí. El que para muchos fue un ferviente “defensor de la libertad” al estilo de Miami, era el agente Orión de los órganos de la seguridad cubana. La historia de su vida, las pérdidas familiares por “culpa de su traición” y la repulsa de familiares y amigos era un precio que muchos, como él, han tenido que pagar.

Ver al David de la serie al lado del padre gravemente enfermo, a su hijo convencido de su traición o el silencio de su cómplice esposa, resultan razones suficientes para entender el enorme dilema que estos hombres y mujeres del silencio vivieron por largos años. No ha de resultar nada fácil equilibrar deber y razón.
Afortunadamente la vida me premió luego con el privilegio de conocer personalmente a algunos de ellos. Dejaron de ser historias de un libro Aleida Godínez, Alicia Zamora, Manuel David Orio y Percy Francisco Alvarado Godoy. Los “apátridas” que se mezclaban con las Damas de Blanco, con artistas y escritores, llegaban a poner antenas para que la contrarrevolución pudiera hacernos daño o intentaban crear descontento entre profesionales de sectores tan vitales como la salud y la educación, pasaron a ser mis “disidentes”.

Recuerdo gratamente el día en que Raúl Capote Fernández (Daniel), José Manuel Collera (Gerardo), Frank Carlos Vázquez (Robin), Carlos Serpa Maceira (Emilio) y Dalexis González (Raúl) se reunieron conmigo en Holguín para discutir sobre el futuro de Cuba.

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