Diez años después de que, en una audaz y celebrada medida al inicio
de su mandato, José Luis Rodríguez Zapatero decidiera la vuelta a España
de las tropas que el año anterior había desplazado a Irak José María
Aznar, el Gobierno de Mariano Rajoy ha acordado enviar al torturado país
árabe 300 militares para instruir a su Ejército. Es una iniciativa que,
como la del 2013, se enmarca en una ofensiva internacional pilotada por
Estados Unidos, pero las circunstancias y los objetivos son muy
distintos. Entonces se trataba de derrocar a un régimen, el de Sadam,
que se decía que tenía unas armas de destrucción masiva que nunca
aparecieron; y hoy la misión es ayudar a los iraquís a defenderse del
azote de un vesánico grupo integrista, el Estado Islámico, que quiere
imponer a sangre y fuego un régimen feudal. Entonces los países que se
embarcaron en aquella aventura obraron por su cuenta y riesgo, sin
ninguna cobertura jurídica internacional; y hoy responden a la petición
del legítimo Gobierno iraquí. Y en lo que respecta a España, entonces el
Ejecutivo del PP desoyó las gigantescas manifestaciones contra la
invasión de Irak; y hoy (al menos por ahora) no ha tenido críticas
significativas y es apoyado por el PSOE y otros grupos.