Los
miembros de la CIA
sobornaron al conductor del camión que trasladaba la sonda Lunik para
que fuese el último en salir de las instalaciones y una vez fuera de
allí lo desviaron hasta una chatarrería abandonada donde inspeccionaron
durante varias horas. Mientras, se había hecho creer al funcionario de
la estación de tren que el último camión había tenido un percance y que
no llegaría hasta la mañana siguiente, por lo que, incomprensiblemente y
sin pedir más explicaciones, se marchó a su casa a dormir sin sospechar
nada raro.