El
pueblo exigió armas para defender sus derechos. Arbenz al fin, -tarde,
muy tarde, demasiado tarde- ordenó abrir los arsenales al pueblo y la
oficialidad se negó a obedecer la orden. La suerte estaba echada. Un
proceso de inclusión, uno más, se había perdido. Una vez más dos
factores parecen determinantes: La falta de organización y conciencia
revolucionarias en el pueblo, y una dirección mojigata, ambigua,
incapaz, en muchos casos vendida. Justo lo que no faltó en la Cuba
Revolucionaria y no debería faltar en la Venezuela Bolivariana.
La historia está allí para aprender de ella, para no ser engañados una y
otra vez por el seductor y sus infinitas artimañas, para no ser
violados una y mil veces con la ingenuidad de una jovencita quinceañera.
Hoy trataremos de tomar algunas lecciones de la dura historia
protagonizada por el querido pueblo guatemalteco. Entre otras cosas
veremos que el imperialismo se repite casi siempre, que poco cambian los
métodos y las estrategias y apenas modifica los instrumentos.