Un mar inhóspito con olas de varios metros, fuertes vientos y sin tierra
a la vista. Ese es el aspecto en el sur del océano Índico, donde los
barcos buscan el avión de Malaysia Airlines
desaparecido hace 17 meses. La semana pasada se encontraron los que
podrían ser los primeros restos a unos 4.000 kilómetros al oeste. ¿Pero
servirá la identificación del fuselaje del vuelo MH370 para resolver el mayor misterio de la historia de la aviación?
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jueves, 6 de agosto de 2015
lunes, 18 de noviembre de 2013
Interrogantes sobre avión panameño caído en Colombia
"El avión bimotor Dash 8, de matrícula
N35PIT, con 6 ocupantes a bordo, 5 estadounidenses y un oficial
panameño, habría explotado en el aire, según testimonio de los
habitantes del sector El Morro, en Acandí, Chocó, donde se precipitó a
tierra."
"El Dash 8, de bandera panameña, estaba
dotado con un sistema de supresión de ruido y vibración llamado Quaiet,
un sistema de visión con cámaras infrarrojas para leer calor, capaces de
tomar fotografías y videos de objetos y personas en el terreno a 15 mil
pies de altura, incluso de noche, y un sistema para evadir radares."
"Cuatro de los 6 ocupantes de la
aeronave murieron en el siniestro aéreo, entre ellos el oficial panameño
Lloyd Nuñez, los sobrevivientes fueron trasladados a Medellín y Bogotá.
Sus identidades son un misterio."
El hecho conocido el 5 de octubre
pasado, confirma la participación directa de Panamá en el conflicto
colombiano y la colaboración que brinda en las activdades de espionaje
de Estados Unidos cuyos detalles han sido difundidos por Eduard Snowden,
informante, antiguo empleado de la Agencia Central de Inteligencia y de
la Agencia de Seguridad Nacional.
Las operaciones que se realizan, que
incluyen patrullaje en espacio aéreo de Colombia y otros países, forman
parte del acuerdo Salas-Becker suscrito por ambos países (Panamá y
Estados Unidos).
A continuación este interesante artículo del periodista colombiano, Juan Restrepo, del pasado 10 de noviembre.
Extraños sobrevuelos en el espacio aéreo colombiano
A raíz del incidente protagonizado por
dos bombarderos rusos que sobrevolaron territorio colombiano hubo todo
tipo de declaraciones; desde la “prudente” reacción de la Cancillería
hasta la recomendación de que se derribe las naves que reincidan en
semejante violación a la soberanía que hizo el inefable senador Roy
Barreras, perejil de todas las salsas de la política patria.
A uno le gustaría que la belicosidad y
energía que manifiestan algunos prohombres nacionales cuando se sienten
ofendidos y con “dolor de patria” por las afrentas que llegan del
exterior fueran iguales para todos ya sea frente a los rusos, los
norteamericanos o los mongoles.
Hace unas semanas, cayó un avión
norteamericano en Chocó. La nave, un Dash8 con cinco estadounidenses y
un panameño procedente de Balboa en Panamá, realizaba –según informó la
prensa en su momento- “sobrevuelos de vigilancia en la frontera
colombo-panameña y tenía base de operaciones en el país vecino”. Como
consecuencia del accidente murieron cuatro de los tripulantes y dos
salieron con vida aunque con heridas muy graves.
La información que se tuvo sobre este
incidente fue escueta y se olvidó pasadas unas horas. Por supuesto no
hubo la menor información de la embajada norteamericana y tampoco hubo
preocupación por parte del señor Barreras ni de ninguna de las voces
alteradas con el incidente de los aviones rusos.
¿Sabía la Aeronáutica Civil de ese
sobrevuelo nocturno, ya que ocurrió a la 1:00 de la madrugada? ¿Se
preguntó alguien por la naturaleza de esas actividades, aunque fuera por
simple curiosidad? ¿Ladenodada lucha contra el narcotráfico da patente
de corso a los norteamericanos para sobrevolar el territorio colombiano a
su antojo?
Los dos supervivientes de este
misterioso vuelo nocturno, ambos norteamericanos, fueron llevados a la
Fundación Santa Fé, en Bogotá, en donde fueron atendidos en principio
por facultativos de ese centro asistencial. Llegaron con quemaduras del
40% en el cuerpo y uno de ellos con fractura de cadera. Su estado era
grave y los médicos de la Santa Fé –por razones eminentemente
profesiones- se interesaron por saber en qué circunstancias había
ocurrido el accidente.
Según el testimonio que dio allí uno de
los supervivientes –y aquí viene un elemento que debería interesar a las
autoridades colombianas puesto que ocurrió en su espacio aéreo-,
“cuando sobrevolaban la zona, la nave explotó en pleno vuelo”, contó un
testigo de la conversación. El hombre narró la odisea vivida hasta que
encontraron un poblado desde donde pudieron pedir auxilio, pero al poco
tiempo de este primer intercambio de información entre médicos y
pacientes, las dependencias de la Santa Fé fueron “tomadas” por personal
norteamericano.
Llegaron médicos, diplomáticos, agentes
sin uniforme y mariners que impusieron la ley del silencio a los
accidentados. Aplicaron sus propios protocolos de tratamiento retirando
sondas y vendajes y reemplazándolos por los que llegaban en sus
ambulancias. Encriptaron la historia clínica de los heridos que se
encontraba en los computadores de la institución y ningún profesional de
la Santa Fé tuvo ya más acceso ni a esa información ni a los dos
pacientes que habían llegado horas antes en tan lamentable estado.
Al día siguiente -acompañados por sus
esposas, que habían sido traídas desde Panamá- los dos norteamericanos
fueron trasladados en sendos aviones-hospital hacia un centro de
quemados en Huston. ¿Se ha interesado alguien del gobierno por un avión
que “explotó en pleno vuelo” sobre Chocó? ¿Algún indignado senador se ha
preocupado por la aplicación de unos protocolos tan discutibles en un
centro hospitalario colombiano por parte de ciudadanos norteamericanos?
Antes de declarar la guerra a Rusia, si
es que vuelve a haber un incidente como el de los Tupolev, podrían los
ofendidos ciudadanos cuestionarse por incidentes como el arriba descrito
ya sean norteamericanos, rusos o mongoles sus protagonistas.
Fuente Kaos en la red
Tomado de http://clarindecolombia.info
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interrogantes,
secretismo
jueves, 29 de noviembre de 2012
La exhumación de Yaser Arafat y secretos de otras tumbas
Los restos mortales Yaser Arafat, fundador y primer jefe de la
Autoridad Nacional Palestina, fueron exhumados el pasado 27 de noviembre
del mausoleo en Ramallah, Cisjordania. El exlíder palestino falleció en
2004, a la edad de 75 años, en un hospital militar en las afueras de
París.
Según la versión oficial, Atafat murió por una hemorragia cerebral
provocada por una infección desconocida. Si se descubre una sustancia
tóxica en los restos mortales del expresidente palestino, la causa de su
muerte debería ser revisada.
Se la podría atribuir, por ejemplo, al envenenamiento con un isótopo
radiactivo, polonio 210, algo en lo que insisten varios medios de
información. Esto tendrá graves consecuencias políticas para Oriente
Próximo.
La apertura de la tumba de Arafat en Ramallah se diferencia de toda
una serie de exhumaciones de los restos de personalidades famosas que
tuvieron lugar en los últimos años, cuyas consecuencias son menos
amenazantes y más interesantes para el público e historiadores.
Arsénico para el emperador de Francia y mercurio para la emperatriz rusa
Ha pasado poco tiempo desde la muerte de Arafat. En los demás casos,
los restos se exhumaron después de un período mucho más largo. En caso
de ser revelada de inmediato, la causa real de la muerte de varias
personalidades históricas podría ser mucho más importante para el
destino de los pueblos e incluso el curso de la historia que el
descubrimiento de la causa de muerte del exlíder de la Autoridad
Nacional Palestina.
Pero con el paso del tiempo se ha reducido considerablemente la
importancia de estos casos, que ahora suscitan sólo un interés ligero
del público y disputas de los aficionados a la historia alternativa.
De hecho, si no se hubiera revelado la presencia de arsénico en el
cabello de Napoleón en los sesenta del siglo pasado sino en la década de
los veinte del siglo XIX, el sobrino de Bonaparte, Napoleón III, habría
podido sustituir a los Borbones en el trono francés antes de 1852.
Y los británicos, bajo cuya soberanía estaba la isla de Santa Elena
donde falleció Bonaparte, se habrían visto obligados a encontrar una
justificación razonable de la presencia de un alto contenido de arsénico
en su cuerpo.
Si no se hubiera revelado en el año 2000 una dosis letal de mercurio
en los restos exhumados de la primera esposa del zar ruso Ivan el
Terrible (1547-1584) Anastasia Románova, sino en 1560, inmediatamente
después de su muerte, es difícil imaginar qué habría hecho con los
boyardos (aristocracia) el zar, que sospechaba el envenenamiento.
Dos exhumaciones de importancia similar tuvieron lugar en la historia moderna de Rusia.
Exhumación de los restos de la familia imperial rusa
El 11 de julio de 1991, se exhumó una fosa común en las afueras de
Ekaterimburgo (los Urales). El modo de ejecución de los cadáveres
descubiertos no suscitaba dudas. Les fusilaron, rociaron con ácido,
quemaron y arrojaron los restos a una fosa.
Sólo no estaba claro que los cadáveres desenterrados eran los restos de la familia imperial rusa Románov y sus sirvientes.
Un análisis del ADN de los restos realizado de 1992 a 2008 confirmó
que se habían exhumado los restos del último zar ruso Nicolás II, su
esposa, su hijo y tres hijas de la fosa cerca de Ekaterimburgo.
Esta exhumación no provocó un revuelo extraordinario ni entre los
movimientos patrióticos rusos ni tampoco desencadenó cambios en el
régimen. Pero los resultados del análisis del ADN de los restos de la
familia imperial tuvieron consecuencias muy importantes para el
desarrollo de la investigación criminalística.
A mediados de los noventa, el análisis del ADN de los restos humanos
estaba poco desarrollado. Durante el estudio de los restos de la
familia imperial por los biólogos moleculares de Rusia, Gran Bretaña y
EEUU con el uso del equipo más avanzado, se elaboraron y se probaron
todos los métodos de pruebas ADN que hoy en día se emplean por los
expertos criminalistas de todo el mundo.
Exhumación de los restos del salvador de la dinastía de los Románov
La segunda exhumación importante para los rusos tuvo lugar en 2005 y,
como pasa con frecuencia en nuestro país, convirtió una antigua
tragedia en una farsa.
En diciembre de 2004, el presidente de Rusia Vladimir Putin decretó
festejar el 4 de noviembre como Día de la Unidad Nacional en vez del 7
de noviembre, aniversario de la revolución bolchevique.
Esta fiesta fue instituida en memoria a los acontecimientos
históricos de 1612, año en que un levantamiento popular encabezado por
Kuzma Minin y Dmitri Pozharski expulsó de Moscú a los invasores polacos y
puso fin a la época de revueltas populares provocadas por la grave
situación económica, política y social y las discordias religiosas.
No se sabe hasta hoy en día, quién propuso la idea de exhumar para la
primera celebración del Día de la Unidad Nacional los restos del héroe
legendario del movimiento de resistencia a los invasores polacos, Iván
Susanin, que sacrificó su vida para conducir engañosamente a los polacos
al espeso bosque y así salvar la vida al joven zar Mijaíl, de la
dinastía Romanov.
La misión de organizar la búsqueda y la identificación de los restos
de Iván Susanin fue encomendada al entonces gobernador de la provincia
de Kostromá (parte central de Rusia), Víctor Shershunov, y al arzobispo
de Kostromá y Gálich, Alexandr.
Se abrieron más de 200 tumbas en el territorio de la provincia de
Kostromá, donde intentaron abrirse paso los polacos ansiosos de capturar
al joven Románov, en busca de un cráneo con huellas de sablazos. Se
encontro cuatro.
El Centro ruso de Peritaje Médico estudió los restos aplicando todos
los métodos de análisis más avanzados: espectroscopia, tipificación del
ADN, etc.
Según el jefe del Departamento de Estudios Genéticos del Centro,
Pavel Ivanov, se identificó el ADN de siete vértebras y un diente de
ocho personas, incluidas mujeres. La idea con la exhumación de los
restos de Susanin fue un fiasco, mientras que las autoridades de
Kostromá esperaban al presidente Putin, al que prometieron mostrar al
héroe legendario.
Uno de los expertos propuso declarar que se había logrado exhumar los
restos de un familiar de Susanin. Al fin y al cabo, los expertos
informaron al gobernador de que los restos de Susanin “fueron
identificados con alto grado de probabilidad”. Pero las autoridades
regionales consideraron que este grado era insuficiente para presentar
esta información al presidente.
Los más jóvenes de la provincia de Kostromá se reían a carcajadas.
Pero tras la historia de la exhumación de los restos del salvador de la
dinastía de los Románov el tema pasó al olvido.
Joroba, manutención y suicidio
Las exhumaciones de importancia histórica y social se llevan a cabo en todo el mundo y últimamente aún gozan de popularidad.
En septiembre del año en curso, los arqueólogos británicos
encontraron debajo de un aparcamiento de la ciudad de Leicester los
restos de una persona que podría ser el rey Ricardo III (1452–1485),
último rey de la dinastía de los Plantagenet, que fue un hombre cruel, a
juzgar por las obras de William Shakespeare.
Ricardo III supuestamente ordenó asesinar a dos príncipes jóvenes
encerrados en la Torre de Londres que tenían más derechos para el trono.
Dos años después, en 1485, el rey Ricardo murió en la Batalla de
Bosworth.
Actualmente se lleva a cabo el análisis del ADN de los restos, pero
los científicos británicos ya desmintieron un mito sobre Ricardo III.
Aunque el rey tenía un defecto de esqueleto, no tenía una joroba enorme
como le presentaba William Shakespeare.
En 2011, se exhumaron los restos del expresidente chileno Salvador
Allende, que murió en 1973, cuando Augusto Pinochet tomó el poder en
Chile. Según la versión de los partidarios de Salvador Allende, éste fue
fusilado por los rebeldes en el Palacio de la Moneda el 11 de
septiembre de 1973, durante el golpe de Estado.
Pero el análisis de los restos puso en evidencia que Allende se suicidó, disparándose en la barbilla con un fusil de asalto.
En 2010, en Islandia se exhumaron los restos del excampeón de ajedrez
Bobby Fischer, fallecido en 2008, para determinar si era padre de Jinky
Young, la hija de nueves años de la antigua amante de Fischer.
La madre de Jinky, la japonesa Miyoko Watai, que se presentaba como
la viuda y heredera legal de Fischer, así como las autoridades fiscales
estadounidenses esperaban con impaciencia los resultados del análisis.
Fischer no era padre de la niña, lo que supuso el único resultado
positivo de la exhumación para otros herederos del gran ajedrecista.
El maratón de exhumaciones continúa. En un futuro próximo nos esperan
grandes descubrimientos provenientes de las tumbas de Giuseppe
Garibaldi, Pablo Neruda, etc.
La exhumación de Yaser Arafat es diferente. Sus resultados son
amenazantes y no representan mucho interés. Hay sólo dos posibilidades:
Arafat fue envenenado o no lo fue. Todo lo demás es política.
Serguei Petujov, RIA Novosti
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