Todo comenzaba con un ‘inocente’ correo con un archivo adjunto de
Office. Al final, había cajeros automáticos que ‘botaban’ dinero sin
que, aparentemente, nadie se los pidiera. Lo que ocurría en medio era la
operación Carbanak, un esquema internacional revelado el pasado sábado por The New York Times y
descubierto por la firma de seguridad Kaspersky. La operación le
permitió a un grupo de cibercriminales robarse al menos 1.000 millones
de dólares de más de 30 bancos de todo el mundo.
Cuando los empleados descargaban y abrían el correo, un código
malicioso se instalaba en sus computadores y dejaba algo así como una
pequeña puerta abierta para los cibercriminales. A través de ella
lograban acceder a las máquinas de las instituciones e instalaban
software que grababa las pantallas y los movimientos de teclado. Lo
hacían para aprender cómo se hacían las cosas allí, qué software usaban y
qué protocolos seguía cada uno de los bancos.