No es que nadie se dé cuenta; hasta los presidentes lo confiesan, a
veces. Por más de una década parece que mucho del debate político aquí
se trata de cómo están tan descompuestas las cosas.
No se cansan de decir que el sistema de migración "esta
descompuesto". No niegan que el sistema financiero está descompuesto (no
podían ocultarlo después de la crisis más grande desde la gran
depresión). Que la guerra contra las drogas no funciona, que el sistema
de educación está descompuesto, que el sistema de control de armas es
disfuncional, que hasta la manera en que se espía a todo mundo está mal
(aunque no queda claro si está mal sólo porque fue revelado, o si estaba
mal desde antes); ni hablar de la salud, el cambio climático, el
sistema penal y la infraestructura del país.
Cada semana hay más ejemplos:
¿Por qué no hay más banqueros en la cárcel?, preguntó la senadora
demócrata Elizabeth Warren en una audiencia con reguladores financieros
la semana pasada. Uno de los encargados de la Reserva Federal no tenía
respuesta. Warren afirmó que "el mensaje a todo banquero de Wall Street
es fuerte y claro: si violan la ley, no irán a la cárcel, pero pueden
acabar con un ingreso aún más alto", en referencia al ejecutivo en jefe
de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, quien, después de negociar una multa de
su empresa sobre las hipotecas que provocaron la peor crisis financiera
desde la gran depresión, recibió un incremento en su ingreso. Millones
de desempleados y millones de familias que se quedaron sin casa aún no
tienen respuestas.