El líder de Al
Qaeda estaba seguro de que era necesario otro golpe que alterara la
seguridad "y los nervios" de los estadounidenses.
En los
meses anteriores a su muerte, en mayo de 2011, Osama bin Laden estaba
ocupado discutiendo nuevas estrategias -desde una tregua con Pakistán
hasta alianzas oportunistas con los grupos yihadistas que surgieron en
la Primavera Árabe- que le permitieran dedicar sus mayores esfuerzos a
inclinar lo que él llamaba "la balanza del miedo" con su principal
enemigo, Estados Unidos.