¿Se puede dar la licencia para matar a una máquina? ¿Hay alguna forma de que los robots
respeten las leyes de la guerra, la Convención de Ginebra? Estas
preguntas han llegado a Naciones Unidas, porque han dejado de ser
hipótesis de trabajo o planteamientos de ciencia-ficción para
convertirse en un dilema real, ante el que las principales potencias
militares del mundo deberán pronunciarse.
Actualmente al menos
media docena de países mantienen abiertos programas de armas con
capacidad de actuar de forma autónoma (aunque todavía no de matar), los
llamados robots asesinos (Killer Robots), armas autónomas letales en la
terminología de la ONU. Por segunda vez, este organismo internacional
tratará el tema en Ginebra dentro de la Convención de Armas
Convencionales (CCW, en sus siglas en inglés) en noviembre. "El asunto
está en Naciones Unidas porque la comunidad internacional se ha dado
cuenta de que no se trata de una nueva arma: esto cambia la guerra",
asegura Steve Gross, responsable de la división de armamento de Human
Rights Watch.