El 10 de octubre pasado hubo una gran
manifestación en Ankara, Turquía. Miles de personas recorrieron la
ciudad condenando atentados habidos y exigiendo la paz. Empero, una gran
explosión provocada por dos terroristas suicidas dejó 95 muertos y 245
heridos: el peor atentado de la historia moderna de Turquía.
El
gobierno turco aprovechó el ataque para acusar a las milicias kurdas
del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), con las que está en
conflicto, pero fuentes de la seguridad del Estado indicaron desde el
principio que la masacre apuntaba al fundamentalista y sanguinario
Estado Islámico. Pero también hay otras responsabilidades y
culpabilidades del atentado de Ankara y de otros.
Aunque puede parecer la trama cutre de
una película mediocre de serie B, hay evidencias para afirmar que los
países más desarrollados de Occidente son también responsables de la
barbarie islámico-fundamentalista. Hay diversos modos de ser culpable:
no asesina sólo quien aprieta el gatillo. El derecho penal establece el
grado de responsabilidad en la comisión de delitos. En los crímenes hay
autores intelectuales, inductores, ejecutores, cómplices necesarios,
cómplices y encubridores. De esas responsabilidades por crímenes
terroristas, algunas corresponden a gobiernos occidentales.