lunes, 30 de enero de 2012

Resolución de la Primera Conferencia Nacional acerca de los Objetivos de Trabajo del Partido

La Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba discutió y analizó el Proyecto de Documento Base, dirigido al perfeccionamiento del trabajo del Partido en la actual coyuntura y en los próximos años, como vía de garantizar, en indestructible unión con el pueblo, la continuidad e irreversibilidad de nuestro socialismo.
Dicho documento fue analizado profundamente por los militantes en un proceso democrático, caracterizado por una amplia participación de todas las organizaciones de base y organismos de dirección del Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Del debate surgieron numerosas propuestas que condujeron a la modificación de la mayoría de los objetivos iniciales y a la inclusión de otros cinco. La Conferencia considera que los objetivos, en su formulación definitiva:
  • Consagran los fundamentos que rigen la vida del Partido, en especial los principios del centralismo democrático y la dirección colectiva como garantías de la unidad de acción, siempre en indisoluble vínculo con las masas.
  • Proyectan la actualización de los métodos y el estilo de trabajo, las estructuras, la política de cuadros y el trabajo político ideológico del Partido, así como sus relaciones con la UJC y las organizaciones de masas, con el propósito de ejercer la responsabilidad de controlar, impulsar y exigir el cabal cumplimiento de los acuerdos del 6to. Congreso, sobre todo los referidos a la actualización del modelo económico cubano.
  • Resumen las líneas básicas para asegurar, mediante el trabajo político ideológico, la defensa de los valores de nuestra sociedad y la unidad nacional en torno al Partido y la Revolución, incentivando la participación activa del pueblo en la toma de decisiones y el fortalecimiento de nuestra democracia socialista.
  • Puntualizan la responsabilidad y el papel que le corresponde jugar al Partido en la aplicación de la política de cuadros, ratificándose la necesidad de alcanzar resultados superiores en la promoción de mujeres, negros, mestizos y jóvenes a responsabilidades de dirección, partiendo de sus cualidades personales, preparación, experiencia y resultados alcanzados.
  • Priorizan la acción del Partido en la prevención y el enfrentamiento a la corrupción, las ilegalidades e indisciplinas y rechazan cualquier manifestación de impunidad.
  • Exigen desterrar definitivamente los rezagos, prejuicios y conductas discriminatorias de todo tipo y cumplir con firmeza el mandato de la Constitución de la República en su artículo No. 42, que proscribe la discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana y proclama la educación de todos en el principio de la igualdad de los seres humanos.
  • Actualizan los conceptos básicos que deben caracterizar las relaciones del Partido con la UJC y las organizaciones de masas. En particular, trazan indicaciones a la organización juvenil para que asuma, con un mayor rigor, su responsabilidad en la formación de las nuevas generaciones.
  • Definen las acciones para eliminar en los métodos y el estilo de trabajo del Partido la suplantación de funciones y decisiones que corresponden al Estado, el Gobierno y a las instituciones administrativas. Establecen que el Partido ejercerá sus responsabilidades de dirección y control mediante la comprobación del cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso y de los organismos superiores.
La Conferencia ratifica la responsabilidad que tienen los organismos de dirección, las organizaciones de base del Partido y sus militantes, en el control y cumplimiento de los objetivos acordados.
La Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, una vez evaluados los dictámenes de las cuatro comisiones creadas, acuerda:
- Aprobar los Objetivos de Trabajo del Partido, con las modificaciones acordadas.
- Facultar al Comité Central para que en correspondencia con dichos Objetivos, decida las modificaciones que estime pertinentes a los Estatutos del Partido.
- Responsabilizar al Buró Político para que siguiendo las indicaciones del Comité Central, apruebe y ponga en práctica las modificaciones necesarias a las Estructuras y Reglamentos del Partido.
- Encomendar al Buró Político la implementación de los Objetivos de Trabajo, mediante la acción del Secretariado y las estructuras del Partido, hasta las organizaciones de base.
- Atendiendo a que la Conferencia Nacional no incorporó nuevos miembros al Comité Central, se faculta a este organismo, para que pueda cooptar, por esta vez, hasta un 20 % del número de integrantes aprobado por el 6to. Congreso, en el período que comprende el presente mandato.

sábado, 28 de enero de 2012

EL FBI Y SU COMPLICIDAD EN EL ASESINATO DE KENNEDY.


Percy Francisco Alvarado Godoy

Kennedy con Artime, uno de los sospechosos de su muerte

Muchas veces el ex presidente John F. Kennedy fue centro de varias conspiraciones en las que el FBI, al menos, tuvo una sospechosa participación, sobre todo partiendo del supuesto de las serias contradicciones existentes entre los hermanos Kennedy y el entonces jefe del Buró, J Edgar Hoover. El propio The Washington Post confirmó que el presidente iba a ser asesinado en mayo de 1961, por un operativo de la CIA en Argelia, nada menos que  cuando éste visitara al presidente francés, general Charles de Gaulle, en París. Según la denuncia, estuvieron implicados varios agentes de la CIA como el cubano José Luis Romero, Frank Sturgis  y a Bernard  Barker. Existieron, sin lugar a dudas, evidencias de que Hoover conoció de este plan e hizo mutis al respecto, frustrándose el mismo por los servicios secretos francés y norteamericano,  y la existencia de varios imprevistos.

Otro intento de asesinato, casi silenciado, fue el que se iba a realizar contra él en La Florida. El 11 de enero 1962, el detective A. Tarabochia,  escribió a su supervisor, el teniente de la Policía de Miami de apellido Bromley,  acerca de un plan para asesinar al presidente Kennedy, con previo conocimiento del agente del Servicio Secreto Ernesto Aragón, el cual implicaba a un dominicano nombrado Rafael Anselmo Rodríguez Molins, residente en Chicago, quien viajaría a Miami con el fin de atentar contra la vida de JFK durante una posible visita del mismo a West Palm Beach. Para tal fin, se vinculó al contrarrevolucionario de origen cubano Pablo Armando López Estrada, ex miembro de Bragada 2506 y en esos momentos radicado en Nueva York.

Al día siguiente, Tarabochia, ya a cargo del Caso, identificado  como 2415 E,  esclareció en otra nota a su supervisor que López Estrada, vecino de 42-26 81 Street, apartamento 5H, Jackson Heights, en Nueva York, era mantenido económicamente por una organización denominada Consejo Revolucionario Cubano. Misteriosamente, el caso fue cerrado sin explicaciones posteriores, lo que se dio a conocer al jefe de la División de Miami, T.A. Buchanan.

La  implicación de la CIA  y de varios contrarrevolucionarios de origen cubano contra el presidente Kennedy en varias conspiraciones, tuvo como raíz esencial el hecho de que la CIA prácticamente lo embarcó en relación con la frustrada invasión por Playa Girón, manteniéndole relativamente desinformado de las peculiaridades de la agresión contra Cuba y sus posibles resultados, y  Kennedy, en respuesta, se enfureció y despidió a algunos altos oficiales de la Agencia involucrados directamente con el fracaso y muy ligados a la mafia terrorista anticubana, particularmente al entonces director de la Agencia, Allan Dulles, el 27 de septiembre de 1961, el que, a su vez, fue el fundador de la misma.  El camino del despido afectaría a  otros altos jefes como Richard Mersin Bissell, Frank Bender, Howard Hunt, Bernard  Barker muchos otros.

Por su parte, los contrarrevolucionarios cubanos no le perdonaron a Kennedy su negación a enviar aviones de guerra norteamericanos para apoyarlos y otras formas de intervención directa de EE UU en el conflicto de abril de 1961. Por tanto, Kennedy siempre fue visto como el culpable de la derrota deshonrosa de la Brigada 2506 y del fracaso de la Operación Pluto, así como un peligro potencial para la CIA y los planes en los que ésta los involucraba.
J Edgar Hoover

 De tal forma, no imaginando los riesgos que corría, 35avo. Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, labró su propio camino hacia la muerte, al ganarse tan poderosos enemigos que no vacilaron en confabularse para acabar con su vida un fatídico mediodía del  22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas, hace casi  48 años. Con su muerte, empero, se abrió un  enredo tal de especulaciones sobre los móviles y sus potenciales asesinos, recayendo las sospechas principales en la CIA, la Cosa Nostra, la contrarrevolución cubana, Richard Nixon, la ultraderecha  conservadora norteamericana e, incluso, en el propio  J Edgar Hoover, Director del FBI. Decenas de miles de páginas con diferentes especulaciones e implicados han sido redactadas por las tres investigaciones oficiales llevadas a cabo en torno a su asesinato, la de la Comisión Warren, las investigaciones del fiscal Jim Garrison y el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (HSCA), sin llegar al fondo de la verdad y limitándose a reducir la culpabilidad a una sola persona: Lee Harvey Oswald. Sin embargo, en 1979, la HSCA se vio obligada a admitir la posibilidad de la existencia de otro tirador, y, por tanto, la posibilidad de la existencia de una conspiración.
 Esclareciendo un poco de verdad.

JKK estaba obligado a visitar Texas por razones políticas, fundamentalmente, ante las venideras elecciones para la presidencia en 1964, y su periplo incluía las ciudades de Houston, San Antonio, Fort Worth y Dallas. Unos días antes había visitado la Florida con ese mismo propósito. Era cuestión vital para él aumentar una popularidad seriamente cuestionada, sobre todo en los estados sureños.

La  limusina descapotada, un Lincoln Continental de 1961, conducida por William Greer, y que tenía como pasajeros a Kennedy y su esposa Jacqueline, al igual que  a  John B. Connally, gobernador del estado y a su esposa, así como al agente del servicio secreto,  Roy Kellerman, se adentró en la calle Houston, pasando por la Plaza Dealey sobre las 12.30 del mediodía y tratando de girar en la intersección con la calle Elm, para luego pasar frente al Almacén de Libros Escolares de Texas. Allí, precisamente allí, se produjo el magnicidio. Tres disparos anunciaron para el norteamericano común que alguien, quien aún permanece en el más oscuro anonimato, atentó contra la vida de su presidente. Uno de los dos que impactaron en su cuerpo, fue el que le hirió mortalmente y le privó de la vida 30 minutos después.

Después del aterrizaje del avión presidencial (Air Force One) en la Base Aérea de Andrews, a las afueras de Washington DC, el cuerpo de Kennedy fue trasladado al para su autopsia.
Cadaver de Kennedy

La autopsia fue realizada por tres médicos de la Armada, ante una treintena de testigos,  entre ellos dos oficiales del FBI, en el Hospital Naval de Bethesda. Por su parte, el  informe del FBI sobre la autopsia de JFK fue realizado por los agentes especiales Sibert y O'Neill. Un apresurado informe del Buró, cargado de incongruencias, fue entregado a la Comisión Warren el 9 de diciembre de 1963, basándose en la teoría de que los tres disparos fueron hechos únicamente por Oswald, abriendo camino para que dicha Comisión excluyera la existencia de una conspiración contra el presidente, en un informe dado a conocer en septiembre de 1964,  y ocultando tácitamente la verdad sobre los hechos. A pesar de todo, aún persiste la sospecha no poco infundada de que se ha querido tapar la verdad, tal como lo demostró una encuesta de la ABC News, realizada en el 2003, en la que más del 70 % de los norteamericanos reconocen la existencia de una conspiración contra Kennedy como motivo de su desaparición física.

El chantaje de Hoover contra Kennedy.

J Edgar Hoover se dedicó a chantajear permanentemente a JFK en relación con sus asuntos de faldas extramatrimoniales. En varios dossiers, que guardaba celosamente, implicó al presidente con varias féminas, entre ellas Mimi Beardsley Alford, una joven becaria de la Casa Blanca con la que mantuvo relaciones  entre 1962 y 1963.  Sin embargo, el asunto más escabroso para JFK era la relación mantenida con una supuesta agente nazi, corresponsal de un periódico de Copenhague, de apellido Arvad. Otros nombres se vincularon románticamente con JFK hasta alcanzar más de una treintena, entre los que sobresalieron Alicia Darr Clark, Angie Dickison, Marlene Dietrich, Judith Campbell Exner, Durie Malcolm, Mary Meyer, Marilyn  Monroe, Ellen Rometsch (supuesta espía soviética), Pamela Turnure, Marion Fahnestock, entre otras. Por tales motivos, Hoover trató de usar a Kennedy a su antojo y para mantenerse indemne en las esferas del poder. Tuvo a su favor, y supo usarlo, un gran poder: el de la información.

Con independencia de que han existido varias teorías sobre el asesinato del Presidente John F. Kennedy, que involucran a un sinnúmero de personas y entidades, como son los casos del Sistema de Reserva Federal, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la KGB, la Mafia, al director de la Oficina Federal de Investigación (FBI) J. Edgar Hoover, al Vice-presidente Lyndon B. Johnson, a Richard Nixon, a Fidel Castro, a George H. W. Bush, a la mafia anticubana de Miami, a sectores ultraconservadores sureños, al Pentágono y a otros potenciales conspiradores,  no cabe la menor duda que el FBI manipuló deliberadamente las pruebas y que sirvió de soporte desinformativo  para ocultar  a los más posibles culpables: la CIA, la Cosa Nostra y la mafia contrarrevolucionaria radicada en Miami y Nueva Jersey, todos ellos mancomunadamente actuando en una macabra y bien urdida conspiración.
Jack Ruby

Luego del asesinato de Kennedy se desataría una descontrolada ola de asesinatos y sospechosas  desapariciones de todos aquellos de los que, de alguna manera, se creía estuvieran implicados en el magnicidio. El primero de ellos fue Lee Harvey Oswald, presunto culpable de la muerte de JFK, quien fue ultimado por  Jack Ruby  al mediodía del 24 de Noviembre, ante los ojos estupefactos de la prensa y en la propia entrada de la estación policíaca de Dallas. Curiosamente, Oswald fue declarado muerto en el mismo lugar en que muriera Kennedy y alrededor de la misma hora, facilitándoles a los interesados que, con el deceso del presunto homicida, se cerrara aparentemente el caso policial por el homicidio del presidente. La policía de Dallas ignoraba, por supuesto, algunos hechos importantes relacionados con Oswald:

1)    Aunque Oswald era monitoreado permanentemente por el FBI y su presencia en Dallas fue conocida por el Buró mediante el agente especial  James P. Hosty, quien  era el agente encargado de vigilarle permanentemente.

2)    Oswald trabajaba desde mediados de 1963 para Reilly Coffee Company, cuyo dueño tenía vínculos estrechos con los grupos contrarrevolucionarios Alpha 66 y el Directorio Estudiantil Revolucionario (DRE), y cuyas oficinas estaban situadas casi aledañas a la sede del FBI y el Servicio Secreto en Dallas.

3)    La CIA y el propio FBI habían creado para Oswald una fachada como simpatizante de la Cuba revolucionaria, dedicándolo a repartir volantes en defensa de la Isla y usando una oficina que, en realidad, era subvencionada por la CIA y por un agente del FBI nombrado Guy F. Banister. Precisamente cuando Oswald repartía estos supuestos volantes pro Cuba, se formó una trifulca, en realidad un montaje, entre éste y el contrarrevolucionario Carlos Bringuier. Luego de ser arrestados, ambos fueron liberados de inmediato por el FBI.

4)    La policía de Dallas ignoraba, igualmente, que Oswald  era acreedor de un expediente CIA identificado como 201-289248 CI/SIG, el cual fue creado el 9 de diciembre de 1960, y que lo vinculaba a los servicios de Contrainteligencia de la misma.

Los principales sospechosos en la muerte de Kennedy.

Muchos son los sospechosos de estar envueltos en la conspiración que dio al traste con la vida de Kennedy y muchas han sido, igualmente, las teorías sustentadas por diferentes investigadores, algunas de ellas sin fundamento real y otras que, sin embargo, esclarecen al menos el ambiente de contradicciones entre los grupos de poder  en EE UU en esa época. Algunas de ellas son:

1) Una de las teorías implicaron al entonces  vice-presidente Lyndon B. Johnson, vinculado a sectores conservadores tejanos y que asumió directamente la presidencia al morir JFK. No era oculto para nadie que Johnson atravesaba un mal momento político y corría dos serios peligros en esos momentos: en primer lugar, Kennedy valoraba no incluirlo en su fórmula para las presidenciales de 1964 y, por otro, estaba inmerso en serios problemas legales al estar sujeto a cuatro investigaciones de envergadura: una por violación de contratos gubernamentales, otra por prevaricación, otra por lavado de dinero y otra por soborno. Corría, indudablemente el riesgo de ser sometido a un impeachment, es decir, a su expulsión del cargo como vicepresidente. Desde luego, al asumir la presidencia, paralizó dichas investigaciones.
Un hecho particular pone en el brasero de la conspiración a Johnson, pues él fue quien organizó el cambio de ruta de la caravana presidencial en Dallas y la CIA comunicó a Oswald este cambio de recorrido casi de inmediato.

2) Otra teoría vinculó a la conspiración nada menos que a Richard Nixon, basándose en su seria frustración por la derrota sufrida ante Kennedy en la campaña presidencial de 1960. Uno de los implicados en el magnicidio de Dallas, Frank Sturgis, reconoció el 7 de mayo de 1990, ante un periodista del San Francisco Chronicle, que Richard Nixon estuvo interesado en escamotear la verdad sobre el asesinato de Kennedy, a la par que reconocía su participación en este hecho, cuando declaró: "… la razón por la que nosotros robamos en Watergate fue porque Nixon estaba interesado en parar las filtraciones de noticias relacionadas con las fotos de nuestro rol en el asesinato del Presidente John F. Kennedy."

3) Una de las teorías con mayor fundamento fue la que ha implicado a lo largo de los años a la  Agencia Central de Inteligencia (CIA), tras la posición férrea de Kennedy ante la misma luego del fracaso de la invasión de Playa Girón. Sin embargo, JFK cuestionaba a la Agencia  por planear tenebrosas conspiraciones para asesinar a líderes de otras naciones. Kennedy dispuso de evidencias de que la CIA había participado en los asesinatos del dictador dominicano Leónidas Trujillo, del presidente vietnamita Ngo Dinh Diem,  del presidente congolés Patricio  Lumumba  y del líder cubano, Fidel Castro. Iracundo, le expresó a su ayudante Clark Clifford, su deseo de desaparecer a la Agencia: “Algo muy malo está ocurriendo dentro de la CIA y quiero saber qué es. Quiero desmantelar en mil pedazos a la CIA y moverlos a los cuatro vientos.”
Allen Dulles

Aunque Kennedy sacó prácticamente al Jefe de la CIA, Allen Dulles de su cargo en septiembre de 1961, luego Johnson lo exoneró y lo colocó, nada menos, que como uno de los miembros de la Comisión Warren para investigar el asesinato del presidente que lo separó de su cargo. ¡Vaya, paradoja!

Todos estos desmanes criticados por Kennedy en su momento, salieron a luz pública, aunque solo en parte, entre 1975 y 1976, tras las investigaciones del Church Committee del Congreso norteamericano. La verdad es que durante décadas la CIA ha estado haciendo todo lo imposible  por evitar la desclasificación de sus archivos secretos relacionados con el asesinato de ex presidente norteamericano  John F. Kennedy, sabiéndose copartícipe de los conspiradores y de soporte de los contrarrevolucionarios de origen cubano, matones de la Cosa Nostra  y agentes de la CIA involucrados en el magnicidio.

Como lobos tras su presa, varios mafiosos italianos como John Roselli, Chauncey Holt y otros; junto a terroristas de origen cubano como Luis Posada Carriles, Félix Rodríguez Mendigutía, Antonio Veciana Blanch, Jorge Mas Canosa, Ceferino Eladio del Valle  y sus congéneres del DRE, Alpha 66 y la Operación 40; así como los oficiales de la CIA Frank Sturgis, David Sánchez Morales, David Atlee Phillips, Howard Hunt, Barry Seal, William Harvey, Gerry Hemming y Porter Goss, se involucraron en el mayor silencio para lograr su terrible y tenebroso cometido.

4) Otra versión involucró a J Edgar Hoover y al FBI como confabulados en la conspiración contra Kennedy, sobre todo porque el Director del Buró mantenía estrechos vínculos con la Cosa Nostra en EE UU y era reticente a desplegar una acción radical contra la misma. Dos elementos de presión pudieron haber sido usados por la mafia italiana contra Hoover: el chantaje  permanente de Meyer Lansky por saberlo homosexual y el hecho de que Hoover recibiera sobornos mediante un representante de los mafiosos nombrado Clint Murchison. Sin embargo, Kennedy aprobó las acciones anti  mafia de su hermano Bob, a cargo de la Secretaría de Justicia, persecución que superó notablemente a la administración anterior. Bob Kennedy sometió a los principales jefes de la mafia en Chicago, Tampa y Nueva Orleans, así como al corrupto líder del sindicato de los Unión Teamsters, Jimmy Hoffa, a cerca de 12 juicios. A partir de allí, la Cosa Nostra buscaría a los aliados perfectos: la CIA, el FBI y la contrarrevolución cubana, para matar a Kennedy.

5)  Existen también teorías que involucran a Israel en una conspiración Kennedy, supuestamente por la reticencia de éste al  programa nuclear secreto de los sionistas y por una aparente posición de condescendencia de JFK hacia los países árabes. 

6) Por último, el Servicio Secreto de los Estados Unidos tampoco escapa a las indagaciones de quienes escarban tras las herméticas puertas de la conspiración contra JFK. No fue casual que algunos agentes de este órgano no estuvieran en sus puestos de protección adosados a la limusina presidencial para proteger con sus cuerpos al mandatario de la acción de un francotirador. También se sabe hoy que parte del Servicio Secreto se había quedado disperso en las otras ciudades que como Miami, Houston, San Antonio y  Fort Worth, fueron visitadas con anterioridad por el presidente, dejando la parte principal de su custodia al ineficiente cuerpo policial de Dallas. El Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (HSCA) arribó a la conclusión de que el Presidente Kennedy no recibió protección adecuada en Dallas, pecando el Servicio Secreto de falta de profesionalidad al no analizar la información de que disponía sobre la potencial peligrosidad del ambiente en Dallas, así como por emplear a agentes que no estaban adecuadamente preparados para proteger al Presidente de un francotirador.

 La mafia anticubana y el asesinato de Kennedy.

Varios grupos contrarrevolucionarios estuvieron involucrados de alguna forma a los planes de asesinato contra Kennedy, contratados por la CIA y la Cosa Nostra, luego de recibir la consiguiente bendición del FBI que los monitoreaba permanentemente e, incluso, tenía agentes encubiertos dentro de ellos. Uno de ellos fue el DRE, o sea, el  Directorio Revolucionario Estudiantil, organización que alcanzó gran notoriedad por  ser una de las canteras principales de la CIA para llevar a cabo su guerra sucia contra Cuba, así como para realizar todo tipo de acción que le orientaran sus jefes de la Agencia. El DRE estuvo inicialmente integrado por terroristas del calibre de  Alberto Muller, Ernesto Travieso y Juan Manuel Salvat, quienes lo fundaron en febrero de 1960. Una vez que sus jefes escaparon hacia Miami, recibieron de inmediato el sostén  de la CIA, particularmente por parte de  David Atlee Phillips y Howard Hunt, quienes les facilitaron recursos, medios de guerra y entrenamiento necesario para realizar alzamientos de bandidos en las zonas montañosas, ataques piratas a pueblos costeros, así como otros tipos de acciones de corte terrorista. El propio Muller fue capturado luego de infiltrarse en Cuba en 1961 y permaneció en prisión hasta 1980. Otro de sus jefes, Juan Manuel Salvat, junto a José Basulto, lanzó un ataque desde una lancha artillada contra el edificio Rosita Hornedo, situado en calle 0 y Primera avenida, en Miramar, en agosto de 1962.
Los estrechos vínculos de la CIA con los miembros del DRE, particularmente a través de George E. Joannides, posibilitaron que varios de sus miembros estuvieran involucrados de diversas maneras en el asesinato de Kennedy, pues llegaron a mantener contactos, incluso, con Lee Harvey Oswald en New Orleans durante el mes de agosto de 1963. Muchos de sus miembros como Carlos Bringuier, José Basulto, Jorge Mas Canosa, estaban entre los sospechosos de esos vínculos.
David Atlee Phillips

Existen otras versiones que implican a la mafia anticubana de Miami en el atentado contra JFK sostenida por  el investigador cubano más identificado con los pormenores de la conspiración contra Kennedy, el general Fabián Escalante Font, ex viceministro del Ministerio del Interior de Cuba, quien ha ofrecido, en varios libros y entrevistas, diversos elementos que confirman, sin lugar a dudas,  la confabulación del CIA con la contrarrevolución cubana para cometer el magnicidio de Dallas.  Tal es el caso de "La Guerra Secreta: Operaciones Encubiertas de la CIA Contra Cuba, 1959-1962", y "El Complot", escritos por Escalante en los últimos años.

Según este investigador,  solo los miembros de la llamada Operación 40, un operativo de la CIA creado con la bendición del  Consejo Nacional de Seguridad,  poseían las habilidades requeridas para perpetrar el magnicidio, destacándose entre ellos los norteamericanos David Sánchez Morales, David Atlee Phillips, Howard Hunt, Barry Seal, William Harvey, Frank Sturgis, Gerry Hemming, John Rosselli  y Porter Goss. Por su parte, entre los cubanos pertenecientes a este operativo de la CIA se encontraban Luis Posada Carriles, Orlando Bosch Ávila, Félix Rodríguez Mendigutía, los hermanos Novo Sampoll, José Dionisio Suárez Esquivel, José Basulto León, José Miguel Battle, Pedro Luis Díaz Lanz, Gaspar Jiménez Escobedo, Rafael Quintero Ibarbia, Ricardo Morales Navarrete, Eugenio Rolando Martínez, Antonio Veciana Blanch, Rolando Mansferrer Rojas, Pedro Crispín Remón Rodríguez, Antonio Cuesta del Valle, Manuel Artime Buesa, Herminio Díaz García, Eduardo Arocena Pérez, Jorge Mas Canosa, Jorge Robreño, Juan Manuel Salvat Roque, Andrés Nazario Sargent, Virgilio González,  José Joaquín Sanjenis Perdomo, Virgilio Paz Zamora, Alvin Ross Díaz, Manuel Rodríguez Orcaberro y  Eladio Ceferino del Valle. Esta larga lista de criminales estuvo involucrada en el asesinato de Kennedy mediante un complejo operativo que incluyó desde la planificación, organización, financiamiento y ejecución del atentado magnicida, hasta tareas de distracción, aseguramiento y eliminación de las posibles trazas y brechas dejadas tras la consumación del plan.

Realmente, ni existen evidencias sobre su participación como tirador, sino más bien como factor de distracción, no fue solo Lee Harvey Oswald quien disparó contra Kennedy aquel fatídico mediodía de noviembre. Varios fueron los  tiradores, agrupados en dos equipos: uno dirigido  por Jack Ruby  y el segundo por Frank Sturgis, en los que se agrupaban  francotiradores experimentados como Luis Posada Carriles, Eladio del Valle y Herminio Díaz, de origen cubano, así como  los agentes de la CIA  Howard Hunt  y Frank Sturgis.

Otro grupo contrarrevolucionario implicado en el plan magnicida contra JFK fue Alpha 66, uno de cuyos jefes, Manuel Rodríguez Orcarberro, viajó a Dallas dos meses antes del magnicidio, usando la casa de Jorge Salazar, ubicada en el 3126 Harlandale Avenue, en Dallas, como centro de mando de la operación.   De esa vivienda  salieron al menos varios de los asesinos con sofisticados fusiles dotados de  mirillas telescópicas y otro armamento de apoyo, entre los que se encontraban Eladio Ceferino  del Valle y Herminio Díaz García.
Alpha 66 era atendido directamente por David Atlee Phillips o Maurice Bishop,  quien orientó la participación de operativos de Alpha 66, como Antonio Veciana Blanch y los ya nombrados Eladio Ceferino  del Valle y Herminio Díaz García, en la conspiración. El propio Veciana reconoció posteriormente haber tenido contactos con Lee Harvey Oswald. Otro elemento probatorio de la participación de Alpha 66 en la conspiración es un documento del gobierno norteamericano, con referencia R-759-2-91 / 2,  del 9 de enero de  1963 09, en que se hace referencia a una carta que Veciana envió a  Elizabeth T. Babcock, vecina de Woodbury, Long Island, New York, donde relató las acciones de Alpha 66 contra Cuba y su desacuerdo con la política de Kennedy hacia la Isla. Babcock entregó la carta al FBI y la misma llegó directamente al Fiscal General  Robert Kennedy, quien hizo caso omiso al peligroso papel de Alpha 66 y su violación de la Ley de Neutralidad, así como a las amenazas contra su hermano. 


Muchos de ellos se convertirían, a su vez, en cabos sueltos, a los que había que hacer desaparecer, como fueron los casos de Ceferino Eladio del Valle, John Roselli, David  W. Ferrie y otros. En el caso de Ceferino Eladio del Valle, también conocido como "Lado", éste fue sospechoso de estar emparentado con el  asesinato de JFK, por su larga trayectoria vinculada al batistato y a las actividades de la CIA contra Cuba, así como en actividades de tráfico de armas. Su asesinato en el centro comercial Plaza Central,  ubicada en Avenida 37 del NW y la calle 7, ocurrido el 23 de febrero de 1967, luego de haber sido sospechoso de haber sido uno de los implicados en el magnicidio, levantó serias suspicacias sobre la existencia de una conspiración contra Kennedy y la implicación de terroristas cubanos en la misma. Su muerte estaba encaminada a hacer desaparecer una huella sucia tras la maquinación. En resumen, un cabo suelto menos.
Por su parte, John Rosselli, quien actuó como coordinador entre la CIA y el capo mafioso Santos Trafficante, fue salvajemente asesinado y descuartizado el 9 de agosto de 1976, sin que se conocieran sus asesinos. Estos colocaron sus miembros, al viejo estilo de Jack el Destripador, dentro de un barril de petróleo que apareció flotando en Biscayne Bay, en Miami.  Otro implicado, David W. Ferrie, había manifestado públicamente su odio hacia Kennedy en un discurso realizado en Nueva Orleans en julio de 1961. Estuvo vinculado con el Frente Revolucionario Democrático Cubano de Nueva Orleans, llegando incluso a robar cuantiosas armas y explosivos de un depósito oficial en Houma, Luisiana, para preparar agresiones contra Cuba.

Temiendo la CIA que Ferrie hablara sobre su participación en la conspiración contra Kennedy, fue asesinado el  22 de febrero de 1967 en su apartamento en la ciudad de Nueva Orleans. Aunque el dictamen No. W67-2-255 del médico forense de Nueva Orleans,  Ronald A. Gales  MD,  asumió oficialmente que la causa de la muerte fue un aneurisma de Berry, aparecieron dos sospechosas notas del occiso declarando que se suicidaría. El cuerpo de Ferrie,  marcado con etiqueta de identificación NOPD # 1440, se llevó a la tumba el secreto de las verdaderas causas de su deceso. No hay dudas que la mano de la CIA intervino para deshacerse de este eslabón comprometedor.

Por supuesto, casi todos los confabulados han tratado de protegerse a su manera, principalmente chantajeando a la CIA, al FBI y a las administraciones norteamericanas para salvar sus pellejos o, al menos, evitar cualquier tipo de acción legal contra ellos. El caso más sonado es el de Luis Posada Carriles, quien se encarga de chantajear descaradamente al gobierno estadounidense para evitar su deportación de EE UU so pretexto de decir todo lo que ha callado hasta ahora. Sus socios de correrías hicieron lo mismo a su debido momento. En una entrevista concedida a Gaetón Fonzi, el terrorista Antonio Veciana Blanch le confesó en esa oportunidad: "Yo tengo información muy gorda, pero esa la guardo porque es mi seguro de vida".  Lo mismo haría Rafael Quintero Ibarbia, otro servidor de la CIA vinculado a la Operación 40 y al asesinato de Kennedy, quien ya falleció, aunque siempre se mantuvo temeroso de que ésta lo eliminara. Por eso la sirvió sin rechistar, aunque no dejó de declarar: “Si yo alguna vez digo lo que yo sé sobre Dallas y Bahía de Cochinos, eso sería el mayor escándalo que jamás haya sacudido a la nación."

Otros, por su parte, como Orlando Bosch, según consta en JFK Document No. 009363, p.2, negó haber participado en el viaje a Dallas o estar en dicha ciudad, aunque no negó haber mantenido contactos con la CIA en 1962. Ese mismo artilugio, u otras invenciones, fueron usados, ante el Comité Selecto de la Cámara de Representantes en 1978, por  Gerry Patrick Hemming, Frank Sturgis y Pedro Luis Díaz Lanz. Contradictoriamente, la agente de la CIA, Marita Lorenz, implicó a varios de ellos en un testimonio ante el HSCA, en una declaración jurada en el día 31 de mayo de 1978, donde relató haber estado presente en una reunión efectuada en casa de Orlando Bosch Ávila, en  septiembre de 1963,  en la que participaron  Lee Harvey Oswald, Frank Sturgis, Pedro Luis Díaz Lanz y el propio Bosch. Según ella, el 15 de noviembre de 1963 partió de Miami una caravana de dos autos con destino a Dallas, Texas, en la que ella viajó junto a  Gerry Patrick Hemming, los hermanos Novo Sampoll, Pedro Luis Díaz Lanz, Frank Sturgis, Orlando Bosch y Lee Harvey Oswald. En un punto del viaje fueron contactados por  Jack Ruby.
Otros planes magnicidas preparados por la mafia anticubana contra Kennedy.

Mucha verdad de oculta en los archivos de la División Miami del FBI y la policía de esa ciudad, capaces de involucrar a la contrarrevolución de origen cubano en planes magnicidas contra Kennedy. Uno de ellos, oculto y casi ignorado, se fabricó el 18 de noviembre de 1963, protegido hoy de ser desentrañado a la luz pública por la férrea censura del Estatuto de la Florida 119.07.3 (d), en ocasión de la visita de JFK a Miami para asistir a la inauguración de un evento de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El bochorno sufrido por la derrota de la Brigada 2506, la devoradora frustración de ver viva a la Revolución Cubana, así como la negativa del presidente de brindar apoyo aéreo o de involucrar directamente a EE UU es la invasión de Playa Girón, generó un odio irracional hacia su persona y su administración. Fue el momento en que muchos pensaron en que única manera de limpiar la afrenta, era matando a Kennedy.

De acuerdo con  un reporte de la Oficina del Sheriff de Miami y del departamento de Seguridad Pública, emitido el 19 de noviembre de 1963 por el Teniente L J Van Buskirk de la Sección de Inteligencia Criminal, tres días antes del asesinato de Kennedy, y mientras éste visitaba esa ciudad, se dio a conocer que, en correspondencia con el caso identificado como 71498 F, se había recibido una tarjeta el día anterior  con amenazas al presidente. La citada tarjeta, recibida el 16 de noviembre, decía: “Los comandos cubanos tienen bombas listas para matar a JFK”.

El 30 de diciembre de 1963, ya consumado el magnicidio, el entonces jefe del Servicio Secreto de Estados Unidos, James J. Rowley, se enteró, solo entonces, que   Orlando Bosch Ávila, jefe del  Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) había preparado una protesta contra Kennedy, lo que había sido informado en un mensaje interno del FBI denominado NBR 6225 y escrito por el Agente Especial L F de Freese. Según cita  el documento, se identifica a Bosch de la siguiente manera: “Orlando Bosch Ávila, nacido en Cuba el 18 de agosto de 1926, entró en Miami, Florida, el 28 de julio de 1960, y se le asigna el Servicio de Inmigración N º A 11 881 810. En la actualidad labora como  pediatra para el Servicio de Salud Pública del Condado de Dade, y reside en el 2121 SW 11th Street, Miami, Florida.”

Unos días antes de la visita de Kennedy a Miami, Orlando Bosch Ávila fue entrevistado personalmente en su residencia y  negó las acusaciones. Se le advirtió que sería responsable de cualquier incidente provocado contra Kennedy en Miami. Sin embargo, según Marita Lorenz,  se hallaba  confabulado con el magnicidio a realizarse unos días después, el 22  noviembre de 1963.

Otro incidente preparado contra Kennedy en su visita del 18 de noviembre de 1963 a Miami, fue llevado a cabo por contrarrevolucionarios vinculados a la Brigada Invasora 2506. En ese entonces, la Unidad de Inteligencia del Departamento de Policía de Miami, reconoció disponer de  información de que Enrique Llaca, Jr., así como Roberto Torres Fernández, Antonio Franco, René Gutiérrez Quintanilla y Raúl Artiles, integrantes de la Brigada 2506, previeron realizar manifestaciones contra Kennedy. Enrique Llaca, Jr. y René Gutiérrez Quintanilla, fueron convocados en la unidad de inteligencia del Departamento de Policía de Miami y se les advirtió que se abstuvieran de realizar cualquier acto de hostilidad contra el presidente.
 El clima anti Kennedy existente en Miami en 1963 llevó al Servicio Secreto, a la Policía Metropolitana y al FBI a tomar fuertes medidas de protección hacia el presidente. Un informe al jefe del Servicio Secreto  de EE.UU., fechado días después, detalla las medidas de seguridad adoptadas en Miami, tanto para garantizar la seguridad del mandatario en el Aeropuerto Internacional de Miami, el en Hotel Panamericana donde se realizó el encuentro de la SIP, así como durante el recorrido por la Ciudad. En realidad, fueron superiores a las adoptadas en San Antonio, Houston, Fort Worth y Dallas. ¿Casualidad?

En un informe dirigido a James J. Rowley,  Jefe del Servicio Secreto de EE.UU., el 30 de diciembre 1963, por  John A. Marshall, Agente Especial a Cargo del Secret Service, y por el Agente Especial  Ernest I. Aragón,    se pudo conocer que previo a la visita de Kennedy a Miami se realizaron reuniones de coordinación entre la CIA, el FBI y la Policía de Miami para establecer el control de las actividades de los grupos terroristas cubanos asentados en esa ciudad. De esta reunión salieron como acuerdos:

1) Mantener un estricto control sobre los integrantes de la Brigada 2506. En esta dirección, mantener contactos con los jefes de la Brigada como Juan José Peruyero Rodríguez, Andrés Aurelio Bassols Pozo  y Rodolfo Corondo Quintana, para mantener controlados a sus miembros.

2)  Ejercer vigilancia contra Pedro Díaz Lanz, quien había manifestado intenciones de acosar verbalmente al presidente Kennedy y acusarlo de traicionar a “los exiliados”. En tal sentido, se estableció vigilancia sobre el mismo  y sobre su vivienda situada en el  120 St SW 71. Ave., Miami, Fla.  Asimismo, como medida profiláctica,  el funcionario Charles Yeager presionó a Díaz Lanz para que se mantuviera alejado del presidente durante su visita a Miami.

3)  Otro objetivo de la vigilancia de las autoridades de Miami fue el  doctor  Emilio Núñez Portuondo, quien en un discurso durante un homenaje al antiguo propietario del Diario de la Marina en el Bayfront Park de  Miami,  José Ignacio Rivero, atacó duramente a Kennedy ante cerca de 6 000 personas. Díaz Lanz estuvo presente en el acto.

Todo ese flujo de información anti Kennedy fue debidamente identificada por el FBI y el Servicio Secreto, pero indudablemente respondía a un montaje de distracción elaborado por los complotados en el futuro magnicidio de Dallas, quienes fortalecieron excesivamente la protección del presidente en Miami, pero la dejaron debilitada en Dallas. Todo salió, sin lugar a dudas, “viento en popa y a toda vela”.

Sin embargo, para bochorno de la gran nación americana, la verdad total y completa aparecerá algún día no muy lejano. Ese día se sabrá más del oscuro papel de la CIA y, particularmente, el FBI, en el asesinato de John F. Kennedy.

viernes, 27 de enero de 2012

Agencia de inteligencia alemana, un instrumento de la derecha extremista.

 Percy Francisco Alvarado Godoy

Un nuevo escándalo se ha destapado en Alemania, al darse a conocer  por la revista Der Spiegel, que la agencia de inteligencia alemana BvF (Oficina Federal para la Protección de la Constitución), ha estado vigilando sistemáticamente a varios  diputados que militan en la fracción parlamentaria de La Izquierda. Son 27 diputados izquierdistas del Bundestag, de los 76 que integran esta fracción, los que han sido monitoreados en el más absoluto secreto. La vigilancia ha recaído principalmente en varios líderes de La Izquierda, a saber Gregor Gysi, Sahra Wagenknecht, Dietmar Bartsch y Jan Korte, entre otros.

Lo controvertido del caso es que esta investigación se ejecutó a solicitud de los sectores de derecha dentro del Bundestag, a un costo de unos 400.000 euros al año, según Der Spiegel.

El empleo de la  Oficina Federal para la Protección de la Constitución  (Bundesamt für Verfassungsschutz), la agencia policial de inteligencia del gobierno alemán, dominada  y penetrada por los socialdemócratas, para espiar a grupos de izquierda es una flagrante violación de la constitucionalidad.

Este nuevo escándalo pone en entredicho la ya deteriorada imagen de la  BfV, la cual  ha sido criticada por su ineficacia para prevenir el terrorismo y el auge del neonazismo, su parcialidad a favor de ciertos sectores de la política y por su falta de adecuada prevención de un sinnúmero de delitos.

La ineficiencia y pasividad de la BFV cobró resonancia en relación de los llamados Asesinatos del Bósforo, ocurridos en noviembre del año pasado, que sirvieron para que fuera centro de ataques por no lograr evitar la actividad del grupo radical neonazi Nationalsozialistischer Untergrund, caracterizada por su alta peligrosidad.  El colmo fue que se comprobó ciertos vínculos entre el BFV y este grupo criminal. Anteriormente, se culpó a la BFV por no haber podido detectar a las células terroristas de AlQaeda operando en Alemania.

Todos estos escándalos han puesto sobre el tapete la más urgente necesidad de que la BFV sea totalmente reestructurada.

La derecha alemana, empero, sigue empleando a la BFV como un instrumento de chantaje contra las fuerzas de izquierda en Alemania, siguiendo una política iniciada en el 2005. Desde esa fecha hasta el 2009, fueron espiados, y casi intimidados, cerca de 53 miembros del  Bundestag, so pretexto de que la organización La Izquierda, nacida en el 2007, como resultado de la fusión de los partidos del Socialismo Democrático y de una escisión del Partido Socialdemócrata (SPD), representan un peligro de regreso al pasado "comunista".

Por supuesto, la BFV también ha sido empleada para realizar espionaje contra los simpatizantes de los países progresistas radicados en Alemania, entre ellos de Cuba y Venezuela, usándola no solo en la esfera del espionaje tradicional contra las sedes diplomáticas de esas naciones, sino también para apoyar la actividad subversiva contra las mismas. Varios contrarrevolucionarios de origen cubano y venezolano, entre ellos Jorge Luis LLanes Naranjo, autor del anticubano blog Superpolítico, goza de la complacencia de los agentes regionales de la BFV.



La BFV se ha convertido, sin lugar a dudas, en un instrumento de la derecha radical, que apunta no solo contra sus propios ciudadanos alemanes, sino también hacia el movimiento progresista internacional.

EL FBI Y SUS CONFABULACIONES Y CEGUERA ANTE LOS PLANES MAGNICIDAS CONTRA FIDEL. (II)

Percy Francisco Alvarado Godoy

Posada Carriles

La enfermiza obsesión por asesinar a Fidel Castro, patrocinada por la FNCA y el terrorista Posada Carriles, se mantuvo en plena efervescencia durante toda la década de los noventa. El 27 de octubre de  1997 fue capturado en Puerto Rico el yate “La Esperanza”, propiedad del contrarrevolucionario José Antonio Llamas, directivo de la Fundación,  en aguas cercanas a esta Isla del Encanto, cerca del Cabo Rojo, por el barco Barnoff  de la Guardia Costera de los Estados Unidos. Sus cuatro ocupantes. Ángel Manuel Alfonso Alemán,  Juan Bautista Márquez,  Miguel Ángel Hernández Rojo y Francisco Secundino Córdova, planearon realizar un atentado contra Fidel Castro, durante su asistencia a la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, a realizarse entre los días 8 y 9 de noviembre,  en Islas Margarita,  Venezuela.

El operativo implicado en este magnicidio, había realizado estudios previos sobre el terreno, con vistas a detectar aquellos puntos factibles para realizar disparos con dos sofisticados fusiles semiautomáticos calibre 50, marca Barret y modelo 82A1, dotados con miras telescópicas, contra la aeronave que transportaría al jefe de estado cubano o contra los carros blindados que lo transportarían. Contaban además con siete cajas de proyectiles para estas armas, cada uno con 10 cartuchos, así como varios uniformes militares, 6 radios portátiles, un teléfono satelital, visores nocturnos, y miras telescópicas, además de un total de cerca de  mil dólares.
Pepe Hernández, organizador de magnicidios

La preparación de este atentado contó con la organización de Posada Carriles y Arnaldo Monzón Plasencia, otros directivos de la FNCA, así como grupos contrarrevolucionarios radicados en Venezuela y Miami. Entre los primeros se encontraban Salvador Romaní, Ricardo Koesling, Francisco Pimentel, Hermes Rojas Peralta, Pedro Morales y Nelly Rojas, esposa de este último. Entre los contrarrevolucionarios radicados en la Florida, vinculados todos a la FNCA, se encontraban Alberto Hernández, Francisco José Hernández Calvo, Alfredo Domingo Otero, José Antonio Llamas, Horacio Salvador García Cordero, Pedro Martín Pérez  y otros.

La célula venezolana de Posada Carriles, a su vez,  se encargó de realizar estudios en Isla Margarita que contemplaron el descubrimiento y análisis de las medidas gubernamentales de seguridad en la misma, el examen del recorrido posible de la aeronave cubana que transportaría a Fidel, previo a su aterrizaje, sus vías de desplazamiento en el lugar, así como otras importantes tareas logísticas.

Hasta hace poco han salido a la luz nuevos indicios sobre otros planes alternativos de atentado durante esta visita de Fidel, que están siendo investigados.

Detenidos por el FBI, los cuatro terroristas  hicieron disparatadas y contradictorias versiones sobre el plan. Más adelante se esclarecerían los hechos. Pocos días después, durante el proceso investigativo, los fiscales federales se encontraron que el plan de atentado no era un hecho realizado aisladamente por estos individuos, sino una de las madejas de una conspiración. Ante los abrumadores hechos acusadores, la portavoz del Buró en San Juan, Sara Lema, se vio obligada a declarar, totalmente ajena a las maniobras que ulteriormente tejería su jefe, el Agente Especial a Cargo, Héctor Pesquera, para exculpar a los magnicidas, lo siguiente: “Estamos conduciendo la investigación y la indagación continúa para constatar el  supuesto atentado contra la vida del presidente cubano”.

Las inexactitudes del proceso investigativo llevado a cabo por el FBI, a todas luces deliberadas y comprometidas con la mafia de Miami, el ocultamiento y omisión de pruebas y declaraciones de los acusados, los controvertidos vínculos entre la parte acusadora y la defensa, que planteaban un lógico conflicto de intereses, así como otras actuaciones controvertidas, anunciaron desde un inicio el triunfo de la impunidad sobre la justicia. Un ejemplo de ello es que la Oficina del Fiscal de EEUU en Puerto Rico evaluó inicialmente que el proceso fuera conducido por un Gran Jurado Federal para procesar a los terroristas, pero luego se dedicó a exculpar primero a los autores intelectuales y, posteriormente, a propiciar la absolución de los implicados directos.
José Antonio Llama

Lo primero en aparecer en la fase investigativa fue una cuenta bancaria a nombre de Juan Bautista Márquez en el CITIBANK de Miami, con un depósito de $2,000. Sospechosamente, esta cuenta fue incrementándose en los próximos días al recibir una transferencia inicial de $2,990 y un depósito ulterior de $127.00. Hoy se ha comprobado que estas sumas de dinero fueron entregados a Juan Bautista por Alfredo Domingo Otero, uno de los jefes de operaciones del grupo paramilitar de la FNCA. Asimismo, las investigaciones arrojaron que los dos fusiles Barret fueron comprados por Francisco "Pepe" Hernández, presidente de la FNCA y Juan Evelio Pou, otro de los integrantes de esta organización terrorista. Más adelante, el  jurado de instrucción comprobó que el  dueño de la nave era José Antonio Llama, otro de los directivos de la FNCA. Incomprensiblemente, no se molestó a ninguno de los autores intelectuales comprometidos en el magnicidio.

A pesar de que todos los tripulantes capturados por la embarcación “Barnoff”, de la Guardia Costera,  tenían amplios antecedentes que los vinculaban a acciones terroristas contra Cuba, poco se hizo por investigar sus antecedentes delictivos y evaluar su potencial peligrosidad.  Ángel Manuel Alfonso Alemán había estado condenado en Cuba por actividades terroristas y era vicepresidente de  la Asociación de Ex Presos Políticos en el Exilio, así como era un reconocido traficante de armas. Francisco Córdova, por su parte, participó en la derrotada invasión de Playa Girón en 1961 y se había mantenido realizando acciones violentas contra Cuba en los años anteriores. Juan Bautista Márquez, fue ex capitán de buque de la CIA y también un reconocido narcotraficante vigilado por la DEA.

Lo sorprendente de todo fue que, a pesar de los delitos cometidos, los acusados fueron liberados bajo fianza. Miles de dólares fueron desembolsados por la FNCA para pagar las fianzas impuestas y los gastos de la defensa. Sorpresivamente, cuando se esperaba que ellos purgaran su crimen con sanciones adecuadas con su delito, fueron acusados simplemente de dos delitos menores. Por arte de magia, fueron escamoteados los delitos de más peso: conspiración para cometer asesinato, tráfico de armas y falsos testimonios. Era, sin lugar a dudas, una muestra más de la parcialidad de la justicia norteamericana con los terroristas de origen cubano. A la larga, luego de clamar por la realización de este en juicio en Miami, la mafia logró la absolución de los detenidos en diciembre de 1999. Uno de los exonerados por falta de pruebas en 1999, Juan Bautista Márquez, quien se encontraba aún bajo fianza, fue capturado después por la DEA, en enero de 1998, con un cargamento de 365 kilos de cocaína, Fue acusado de varios delitos, entre ellos el de tráfico de drogas y lavado de dinero.

Mientras tanto, muchos de los agentes del FBI en la División de Miami, como el propio Paul R. Philip, el agente especial en el cargo de la oficina de Miami del FBI; el Agente Especial Raúl Fernández, asignado a la Dirección  Operativa de Miami desde 1987 y David A. Cardona, agente especial a cargo de Supervisión, teniendo a varios infiltrados dentro de la FNCA y los grupos terroristas asentados en Miami, tácitamente dieron luz verde al operativo de muerte, sin impedir la salida de La Esperanza del Puerto de Miami. Ni tan siquiera se limitaron a comunicar este hecho a su homólogo de la División de San Juan, Héctor Pesquera y, si lo hicieron, éste tampoco hizo algo por detenerlo.

La captura casual del yate La Esperanza, colocó al jefe del FBI en Puerto Rico desde 1992 en una situación complicada. No tuvo más remedio que actuar contra los cuatro terroristas, pero en contubernio con Ricardo Pesquera, su propio hermano, acudió a las más impensables triquiñuelas para lograr, definitivamente, para que los cargos contra ellos fueran retirados. Fue, sin lugar a dudas, otro de los bochornosos capítulos que almacena el FBI en su larga historia. Aún se especula que la contrarrevolución cubana pudo haber elaborado, al menos, otros dos planes alternativos para asesinar a Fidel en Isla Margarita, uno de los cuales fue la transportación de explosivos C-4 para ser colocados cerca de las habitaciones en las que se hospedaría la delegación cubana.

Nuevos planes magnicidas.

La mano de Posada, confabulada en este estropeado plan, no descansó luego de ver frustrados sus objetivos. En los primeros meses de 1998, Posada estuvo  realmente  ocupado con  la preparación de otro  atentado contra Fidel Castro durante su esperada visita a República Dominicana, en ocasión de la  Cumbre de Jefes de Estados Asociados del Caribe, a celebrarse meses después, entre los días 20 y 25 de agosto de ese año.

Su primer paso fue viajar a Estados Unidos el 10 de abril de 1998, entrando a este país con total impunidad y empleando un pasaporte falso, presumiblemente para encontrarse con altos dirigentes de la FNCA, entre los que se encontraban Alberto Hernández, Francisco José Hernández Calvo y Roberto Martín Pérez, entre otros. De Arnaldo Monzón Plasencia recibió 10 mil dólares para gastos iniciales. Como segundo paso, ya coordinado el plan con sus socios de la FNCA, convocó  a una importante reunión pública  en el Hotel Holliday Inn, de Ciudad Guatemala, entre los días 19 y 21 de julio de 1998, en la que participaron junto a él, entre otros,  los contrarrevolucionarios de origen cubano Enrique Bassas, Ramón Font y Luis Orlando Rodríguez. Con total desenfado, Posada explicó a sus socios de correrías el  empleo de dos cohetes tierra aire, como primera opción,  o el uso de cargas explosivas en las rutas de tránsito de de la delegación oficial cubana o en algún lugar al que ésta asistiera. Todo, en realidad, estaba preparado. Cuatro meses antes, Posada ingresó a Nicaragua por el Aeropuerto Internacional “Augusto César Sandino”, precisamente el 26 de marzo de 1998,  con  falsa identidad a nombre de Franco Rodríguez Mena, avalada con el  pasaporte salvadoreño  el Nro. 143258, empleado por él en varias oportunidades y que usaría en noviembre del año 2000 durante el fallido atentado contra Fidel en Panamá, para adquirir los medios necesarios para perpetrar el atentado contra el jefe de estado cubano. Desde Managua viajó a la ciudad de Estelí, donde contactó a un grupo de contrarrevolucionarios cubanos, miembros de su extendida célula, a los que encargaría adquirir una cierta cantidad de explosivo plástico C-4 y dos lanzacohetes portátiles.

Posada Carriles estaba entusiasmado con el plan y presionó a sus abastecedores de armas para obtener los explosivos y los lanzacohetes ya solicitados. Por tal motivo, volvió a viajar a Nicaragua, esta vez por vía terrestre,  utilizando el Paso de Las Manos el 7 de mayo de 1998, procedente de Honduras. Su apuro se debía, sobre todo, porque era conocedor de que otros miembros de la FNCA también estaban inmersos en otras variantes para ejecutar el atentado contra la vida de Fidel. Posada no  desconocía que José Antonio Llama, otro de los directivos de la Fundación,  había realizado varios viajes a República Dominicana, ávido de protagonismo,  para ser él quien dirigiera la liquidación de Castro. Martín Pérez usó sus viejas relaciones con el contrarrevolucionario Frank Castro, residente en República Dominicana, y  con Ramón Ignacio Orozco Crespo, para cumplir tal cometido. El hecho de que Orozco perteneciera al PUND, organización terrorista radicada el 215 W 17th.  Avenue, en Miami,  y dueña de  un campo de entrenamiento en Facahatchee  Park, en Miami, así como sus vínculos con miembros de la misma como  Sergio González Rosquete, y otros criminales como Darío López, Higinio Díaz y Enrique J. Rabade, le daban cierta ventaja sobre Posada en la ejecución del  pretendido magnicidio.

 Posada y Martín Pérez corrían contra reloj, pues eran sabedores  que Rufino Álvarez Oquendo, jefe del auto titulado Ejército de Resistencia Interna, muy amigo de Martín Pérez y de Horacio Salvador García Cordero, en ese entonces miembros de la Junta de Directores de la FNCA, se encontraba también preparando otro plan alternativo de atentado contra Fidel Castro cuando éste visitara  Santo Domingo en el venidero agosto.  Fue esta visita de Fidel al exterior, sin lugar a dudas, una de las más peligrosas por la impunidad y el frenesí empleado por los mafiosos anticubanos por privarlo de su vida.

Lo interesante de estos planes es que el FBI tenía pleno conocimiento de los mismos. Enrique Bassas, uno de los participantes del plan urdido en Guatemala, había sido recientemente investigado por agentes del Buró, el ATF y la DEA sobre la base de sospechas de narcotráfico mediante su agencia naviera Bassas Cargo Internacional y por el uso de sus embarcaciones y bodegas para el ocultamiento de grandes cantidades de armamento. El FBI también conocía las actividades ilícitas de Ramón Font, implicado desde los años sesenta a la guerra sucia de la CIA contra Cuba y en operaciones terroristas que vulneraban la Ley de Neutralidad norteamericana. Por su parte, Luis Orlando Rodríguez  fue el encargado de sufragar los gastos de los asistentes al encuentro en el Holliday Inn. Estaba claro que ese dinero no salió de su bolsillo sino de las arcas de la FNCA. Su vida, a grandes rasgos, demuestra su eterna vinculación a causas cuestionables: ex escolta de Fulgencio Batista en el Campamento de Columbia, integrante de una organización terrorista fruto de  la CIA,   el Frente Democrático Revolucionario; ex mercenario de la brigada 2506 y jefe de la 2da Compañía del Batallón;  especialista de la CIA entrenado en  Fort  Benning;  ex militar de la US Army en Vietnam; así como participante en las operaciones de la CIA en la Base de Ilopango en la sucia contra la Nicaragua Sandinista.

Otro de los implicados en estos planes, Francisco José Hernández Calvo, presidente de la FNCA, fue citado en 1997 por los oficiales del FBI bajo el mando del SAC  Paul R. Philip, por hallarse involucrado en un plan que contemplaba ataques contra Cuba, empleando  aviones teledirigidos  y cargados de explosivos, a un precio de 50 000 dólares cada uno, los que se lanzarían contra algunos de los objetivos de los que yo, supuestamente, había identificado en 1994 con el GPS. SAC  Paul R. Philip se limitó a hacer una tímida advertencia  al prominente jefe de la FNCA, luego de darle un efusivo apretón de manos. Ni siquiera un documento dejó constancia de la citación.
Posada y Remón

Uno de los defectos que reiteradamente ha traicionado a Posada Carriles es su ego desmesurado y su afán de protagonismo. Y fue ese ego quien lo hizo dar un paso en falso: mientras se encontraba  envuelto en la tarea de  realizar los planes de atentado contra Fidel Castro en República Dominicana, Posada concedió una entrevista  a dos periodistas del New York Times, Ann Louise Bardach y Larry Rohter, el 13 de julio de 1998, a los que impuso con desfachatez su participación en las actividades terroristas contra Cuba en las últimas décadas. Olvidándose de dos refranes que uno debe tener siempre presente en la vida: “El habla es plata; el silencio es oro” (alemán) y “Luego que has soltado la palabra, ésta te domina. Pero mientras no la has soltado, eres su dominador” (árabe), Posada no tuvo el menor reparo en sobredimensionar su papel en la guerra sucia contra Cuba e implicar en atentados terroristas y planes magnicidas a la FNCA, particularmente a sus más prominentes jefes como Jorge Mas Canosa y su hijo Jorge Mas Santos, Alberto Hernández, Francisco José Hernández Calvo, Feliciano Foyo, Arnaldo Monzón Plasencia, José Antonio Llamas, Roberto Martín Pérez y otros directivos de la Fundación, algunos de los cuales la abandonaron en el cisma del 2001 para integrar el Consejo por la Libertad de Cuba. También involucró en sus declaraciones a otros compañeros de correrías criminales como Gaspar Jiménez Escobedo, Ramón Orozco, Félix Rodríguez Mendigutía, Guillermo Novo Sampoll, Pedro Crispín Remón y otros, de amplios records  criminales. No pudo faltar en su alardoso discurso su vinculación estrecha con la CIA y el FBI, a los que dijo reconocer como sus patrocinadores y protectores.

El nuevo milenio sorprendió  a Posada Carriles y a sus socios de la FNCA tramando nuevos planes de terrorismo contra la Revolución Cubana, como si no bastaran  para ellos  el tiempo y el cansancio  para desistir de su obcecada beligerancia. Posada Carriles entró ilegalmente a los Estados Unidos el 26 de abril del 2000, procedente de Centroamérica, haciendo uso de un pasaporte falso salvadoreño a nombre de Franco Rodríguez Mena. El propósito de su visita era, sin lugar a dudas, organizar y coordinar un futuro atentado contra Fidel Castro en noviembre de ese año, cuando éste visitara Panamá. Allí se reunió con sus viejos compinches residentes en Miami con vistas a recabar fondos para la operación y organizar el team terrorista que lo ejecutaría. Fue recibido particularmente por Alberto Hernández y Francisco José Hernández Calvo, quienes se encargarían de financiar la operación. Dentro de este plan contaba, desde luego, con la infraestructura terrorista que había creado en Centroamérica durante largos años.

El 3 de noviembre del 2000 Posada Carriles arribó a Panamá procedente de Costa Rica. En esta oportunidad volvió a emplear el mismo pasaporte salvadoreño A-143258  a nombre de Franco Rodríguez Mena, usado para su viaje a EE UU unos meses antes y que empleó también en agosto de ese año para desplazarse por la región. Una vez en Ciudad Panamá, se hospedó en la habitación 215 del Aparta hotel Las Vegas, donde contactó con uno de los miembros de la célula centroamericana, el cubano César Matamoros. Con el mismo analizó las cuestiones logísticas para la futura y tenebrosa operación de asesinar al mandatario cubano Fidel Castro Ruz.

Como una medida de lógica precaución y haciendo gala de su experiencia operativa, Posada Carriles se cambió al Coral Suites el día 8 de noviembre, comunicando previamente su intención a César Matamoros. De esta forma trataba de escabullirse de cualquier posible seguimiento de las autoridades panameñas o de otras personas. Un día después, el 9 de noviembre, arribó a Panamá por el Aeropuerto Internacional de Tocumen otro de los miembros de la célula terrorista centroamericana de Posada, el salvadoreño de origen cubano Raúl Hamouzova, quien integraría el comando magnicida. Tanto el recién llegado, como su cómplice, alquilaron un Mitsubishi Lancer de color rojo y con matrícula 223 251, en la agencia “Dollar-Rent-A-Car”, que les serviría para sus desplazamientos por la ciudad y que sería manejado por un empleado de Matamoros nombrado José Manuel Hurtado.

Posada dedicó  los próximos días para preparar y organizar el futuro operativo terrorista sobre el terreno, chequeándose y  contra chequeándose sistemáticamente. Dentro de los planes alternativos de fuga ha previsto el apoyo de otro contrarrevolucionario de origen cubano nombrado José Valladares, conocido  como “Pepe, el Cubano”, a quien visitó en su hacienda en Chiriquí el 14 de noviembre. La ubicación de esta hacienda nombrada Jacu, en la zona fronteriza con Costa Rica, cerca del Puerto de Paso Canoa, punto fronterizo por donde él entró a Panamá apenas unos días antes, la hacía favorable como punto de recepción de los otros implicados. Allí esperará una noche el arribo de  Guillermo Novo Sampoll, quien llegó un día después.

El 16 de noviembre ambos esperaron el arribo de Pedro Crispín Remón y Gaspar Jiménez Escobedo, quienes entraron a Panamá por el mismo Puerto fronterizo de Paso Canoa. Con total impunidad y con la posible ayuda de funcionarios aduanales lograron introducir dentro del equipaje la  cantidad de 33,4 kilogramos de explosivos de nueva generación, así como los medios detonantes necesarios. Otra versión plausible es que los explosivos entraron a Panamá por uno de los senderos secretos fronterizos dedicados al frecuente contrabando en la zona y que Pedro Crispín Remón los recogió al adentrarse en la espesura aledaña a la frontera. No cabe duda que, de ser cierta esta versión, fueron previamente colocados allí por cómplices de su célula centroamericana residentes en Costa Rica.

Lo sorprendente de este paso por la frontera es que, si bien Guillermo Novo y Pedro Remón utilizaron pasaportes norteamericanos legales con números 043788076 y 084987631, respectivamente, Gaspar Jiménez Escobedo empleó un pasaporte falso de la misma nacionalidad a nombre de Manuel Díaz y con número 044172940. Nadie se percató ni de los explosivos ni del pasaporte falso empleado por Jiménez Escobedo.

Una vez reunidos todos en la hacienda Jacu discutieron el plan operativo para el atentado y analizaron las orientaciones provenientes de sus socios de Miami. Posteriormente, ese mismo día, todos se desplazaron hacia Ciudad Panamá. Posada Carriles, Guillermo Novo y Pedro Crispín Remón lo hicieron en una avioneta alquilada previamente por su socio Valladares, mientras Gaspar Jiménez Escobedo lo hizo por tierra, en el Mitsubishi Lancer manejado por José Manuel Hurtado, haciéndose acompañar por la poderosa carga explosiva. Ya reunidos todos en Ciudad Panamá, se hospedaron en el Coral Suites: Posada y Remón en la habitación 310, mientras Jiménez Escobedo y Novo Sampoll lo hacían en la 509. Indudablemente fue un error operativo el concentrarse todos en el mismo hotel, lo que permitió su fácil y posterior captura. Posiblemente fue un exceso de confianza del tradicionalmente desconfiado Luis Posada Carriles o que hizo “honor” a uno de sus seudónimos (Lupo/Lobo), acostumbrado a deambular en manadas tras su presa.

Como una medida lógica, propia de un experimentado conspirador, se deshizo  del Mitsubishi Lancer que emplearon en los días iníciales, rentando dos autos diferentes: un Mitsubishi Lancer de color negro y otro Mitsubishi modelo Galant. Novo y Gaspar Jiménez se movieron en el primero, empleando a Hurtado como chofer, mientras Posada Carriles y Remón usaron el Galant para desplazarse por la ciudad. En el Mitsubishi negro se dedicaron Novo Sampoll y Gaspar Jiménez a realizar los primeros estudios operativos con vistas a seleccionar el lugar del futuro atentado contra Fidel Castro. Recorrieron inicialmente las áreas aledañas al Ceasar Park, hotel en que se llevarían a cabo las sesiones de la Décima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, comprobando la existencia de severas medidas de seguridad, lo que les hizo descartar este sitio. Posteriormente se dirigieron a la Universidad y se acercaron al Paraninfo, lugar en que se reuniría Fidel Castro con más de un millar de estudiantes universitarios. En horas de la noche del 17 de noviembre ya estaba claro que el lugar idóneo para el magnicidio sería el Paraninfo de la Universidad de Panamá, sin importarles poner en riesgo la vida de numerosas personas inocentes. Novo y Gaspar Jiménez  Escobedo emplearon a José Hurtado para que realizara un estudio “in situ” dentro de las áreas de la Universidad de Panamá.

Mientras los terroristas daban punto final a la organización de su criminal operativo, Hurtado llevaba el Mitsubishi rojo a un punto de fregado, ya que sería entregado al día siguiente, 18 de noviembre. Al revisar el auto, José Hurtado se percató del inexplicable olvido por parte de Luis Posada Carriles de la maleta negra portadora de los explosivos. Al llamar a su jefe, César Matamoros, éste le indicó que la devolviera a sus dueños. Todavía hoy sorprende este “olvido” del material explosivo por parte de los operativos contrarrevolucionarios, los que contaban con amplia experiencia en operaciones encubiertas dada su larga actividad como expertos de la CIA.

Los acontecimientos se sucedieron de manera precipitada una vez que el Comandante en Jefe Fidel Castro denunció en una conferencia de prensa los planes de magnicidio que involucraban a Posada Carriles y sus cómplices. Todos los complicados en el fallido atentado fueron capturados sobre las 4 de la tarde del 17 de noviembre  en el Coral Suites y sus áreas aledañas, viéndose Hurtado imposibilitado de devolverles la maleta con los explosivos. Ante este imprevisto escondió la maleta con los explosivos en un terreno baldío cercano al aeropuerto de Tocumen. La detención de Posada Carriles y sus cómplices por parte de efectivos de la Dirección de Seguridad de la Policía Técnico Judicial, dirigidos por Roger Díaz Quintero, dio paso a los interrogatorios preliminares en que los detenidos negaron su vínculo con el Mitsubishi Lancer en que Hurtado logró fugarse inicialmente.

El día 19 de noviembre, una vez capturado Hurtado, éste indicó a la Policía Técnico Judicial el lugar en que se encontraban ocultos los explosivos. Al abrirla se comprobó su peligroso contenido. A los 33,44 kilos de explosivo plástico le acompañaban todos los medios iniciadores y de control remoto requeridos para asegurar la detonación. De la misma manera, las indagaciones periciales corroboraron la presencia de muestras y trazos humanos dentro del contenido. Posada y sus cómplices negaron su vinculación al plan magnicida en la indagación judicial en  los primeros días de diciembre del año 2000, lo que despertó profundas sospechas en los investigadores.

 Los otros confabulados corrieron diferente suerte. Por su parte, Raúl Hamouzova  consiguió evadir a la justicia panameña, mientras César Matamoros logró evadir la prisión mediante diversos vericuetos legales. Otro de los implicados, José Valladares Acosta, falleció en su hacienda Jacu el 7 de octubre de 2003 mientras se encontraba bajo arresto domiciliario y en espera de la realización del juicio a sus cómplices. Era, sin lugar a dudas, uno de los miembros de la célula terrorista centroamericana, confabulado en la preparación y aseguramientos de acciones violentas, así como uno de los miembros de las actividades de narcotráfico en la región, en unión de su socio Orestes Cosío, deportado a EE UU por actividades de narcotráfico.

La mafia miamense estaba nerviosa. Durante la celebración del juicio a los cuatro terroristas en la sede del Tribunal Marítimo en Ciudad Panamá, llamó la atención la presencia de un sinnúmero de contrarrevolucionarios de origen cubano entre los que se destacaron Francisco Pimentel, Osiel González Rodríguez, Pedro Gómez, Ernesto Abreu y Alicia del Busto.

El juicio en Panamá fue una verdadera farsa. Los terroristas juzgados recibieron condenas irrisorias entre 8 y 7 años de prisión en el 2004, sin tenerse en cuenta sus antecedentes criminales y la magnitud de los delitos cometidos por ellos, ya que algunos, como Posada Carriles y Gaspar Jiménez Escobedo, se encontraban prófugos de la justicia venezolana y mejicana respectivamente, mientras que todos contaban con abultados dosieres como terroristas e, incluso, como narcotraficantes. 

El desenlace de este circo ya es conocido por todos: Los terroristas fueron perdonados por Mireya Moscoso, entonces presidenta de Panamá, a cambio de una cifra millonaria. Luego, todos arribarían por diversas vías a Miami.

El ingreso de Posada Carriles a Miami fue preparado por las altas esferas del poder en Estados Unidos y la mafia miamense, con el visto bueno del entonces Agente Especial a Cargo (SAC) Jonathan I. Salomón. Sin lugar a dudas tuvo que ser así, pues ¿de qué otra forma se podía burlar la férrea vigilancia del entonces  Agente Especial Auxiliar a Cargo en la División de Miami, Stu MacArthur,  responsable del cuarto Programa de Contraterrorismo más grande del FBI en EE UU y jefe de la South Task Force, con 150 investigadores y analistas de 38 agencias bajo su control, para permitir el acceso impune de Posada carriles a Los EE UU?

Fidel ha sido uno de los líderes más perseguido por sus enemigos en la historia de la humanidad, a la par que uno de los más admirados por la gran mayoría de los hombres de su tiempo. Es un ícono que representa las ansias de libertad de los oprimidos, la verdad y la justicia. Centenas de planes se han fraguado contra él y ha salido ileso, unas veces por propia intuición y otras por la entrega desinteresada de quienes lo protegen y cuidan, que es su propio pueblo. Sobre esta entrega por protegerlo y preservarlo de las sucias maquinaciones criminales, expresó Carlos Rafael Rodríguez en el acto por el XX aniversario de la Revolución: “Cuidar a Fidel es cuidar a la Revolución en su conjunto. Fidel es el tesoro de nuestra patria, es el punto coagulante del proceso revolucionario”.

Fidel ya no es solo de los cubanos. Es, indudablemente, parte del mundo y, por tanto, trascenderá en la historia por encima de sus enemigos. Podrá un día sucumbir de muerte natural y nadie más convencido que él de este hecho. Es por ello que expresó el 22 de enero de 2009 en una de sus Reflexiones: “He reducido las Reflexiones tal como me había propuesto para el presente año, a fin de no interferir ni estorbar a los compañeros del Partido y el Estado en las decisiones constantes que deben tomar frente a dificultades objetivas derivadas de la crisis económica mundial. Yo estoy bien, pero insisto, ninguno de ellos debe sentirse comprometido por mis eventuales Reflexiones, mi gravedad o mi muerte.”

“He tenido el raro privilegio de observar los acontecimientos durante tanto tiempo. Recibo información y medito sosegadamente sobre los acontecimientos. Espero no disfrutar de tal privilegio dentro de cuatro años, cuando el primer período presidencial de Obama haya concluido.”

Sin embargo, confío, que el Jefe todavía dará mucha lucha a nuestros enemigos. Simplemente ha sido, y es, un batallador.

jueves, 26 de enero de 2012

Blogoterrorismo, amenazas y otras conspiraciones de mafiosos de Miami contra periodistas cubanos.

Percy Francisco Alvarado Godoy.


Un grupo de contrarrevolucionarios radicados en Miami y en varias ciudades de Europa, dirigidos por Luis Posada Carriles, Santiago Álvarez y la dirección de Alpha 66, el Consejo por la Libertad de Cuba, el Directorio Democrático y la FNCA, entre los que se encuentran Jorge Luis LLanes Naranjo, Aldo Rosado-Tuero, Esmeralda Rodríguez, Dionisio de la Torre Jr., Sebastián C Cano, Miguel Estrada, Olga Sánchez, Nancy Calzadilla, Damián González, Alfredo Viso, Pablo Pacheco Ávila, Jorge T. Díaz, entre otros, han desatado una desenfrenada oleada de ataques, ofensas y amenazas de muerte contra diversos periodistas radicados en Cuba y otros países y ciudades, incluida Miami.

La irrespetuosa campaña se apoya principalmente en la blogósfera anticubana, Facebook y Twitter, aunque utilizando el viejo estilo de la Cosa Nostra -que en poco se diferencia de los mafiosos floridanos-, se ha volcado también al  empleo de mensajes SMS y llamadas telefónicas, en donde se trata de intimidar a aquellos que se oponen valientemente a su enfermiza y difamatoria campaña contra Cuba.

Hace algunas horas han amenazado al colega Miguel Fernández, cubano residente en Miami y administrador del blog Cuba: La Isla Infinita. La agresión verbal le profetiza una muerte inmediata. Todo ello nos hace pensar que, desde la absolución bochornosa de Luis Posada Carriles, se trata de revivir el criminal y lejano momento de las décadas de los 70 y los 80, del pasado siglo, donde Omega 7 y otras organizaciones violentas, acudían al asesinato impune, a la amenza vil y al hostigamiento contra quienes disentían de ellos o procuraban un sano acercamiento hacia su Patria. Todavía se recuerda con dolor y repudio las muertes de Luciano Nieves Mestre, Carlos Muñiz Varela, Eulalio José Negrín Santos, Orlando Letelier y Félix García Rodríguez.

Hacia los periodistas cubanos el hostigamiento ha sido sin parangones. Varios colegas como Norelys Morales, Lagarde, Rosa Báez Báez, Aixa Hevia, Yohandry, Iroel Sánhez, Enrique Ubieta, entre otros, y particularmente el que escribe esta nota, hemos sido asediados sin contemplaciones por los mafiosos intolerantes. Epítetos de todo tipo, ofensas a nuestra integridad y a nuestras familias, amenazas de muerte y golpeaduras, son parte de la irrisoria -aunque no condenable-, atención de nuestros enemigos. Para citar un ejemplo, he recibido casi 300 twetts en apenas dos días. En Facebook es permanente el asedio, y en los blogs más reaccionarios como Superpolítico, Nueva Acción, Secretos de Cuba y otros, se ha llegado a amenazarme con agresiones físicas y se han divulgado los teléfonos de mi familia más cercana, como una forma de deliberada amenaza.

Uno de los principales agresores ha empleado el teléfono  1 (305) 721 5114, ubicado en Miami, para enviar sus amenazas. Otros lo han hecho verbalmente.

Ante esta oleada de agresión verbal y de evidentes amenazas contra periodistas cubanos y de otras naciones, simpatizantes con Cuba, me preguntó: ¿Qué han hecho la Policía del Condado Miami-Dade y el FBI? ¿Qué han hecho Amnistía Internacional o Reporteros sin Fronteras? ¿Qué ha hecho la Sociedad Interamericana de Prensa?

¡Qué poco conocen a nuestros periodistas, cubanos y revolucionarios!

Por nuestra parte nos mantendremos firmes en nuestras trincheras a favor de la verdad y la justicia.

Llevamos en el alma a Martí, en la mente a nuestro invencible Fidel y en los puños la fuerza de Maceo.

Le corresponde al gobierno de Obama, a las autoridades estatales de La Florida y a las respectivas policías de las capitales europeas, detener esta farsa. Nos mantendremos denunciando hechos de este tipo sin amilanarnos.

Hemos sido, somos y seguiremos siendo, hombres y mujeres de ¡Patria o Muerte!



EL FBI Y SUS CONFABULACIONES Y CEGUERA ANTE LOS PLANES MAGNICIDAS CONTRA FIDEL. (I)

Percy Francisco Alvarado Godoy


Desde el mismo triunfo revolucionario de 1959 en Cuba, e incluso un tiempo antes, Fidel fue el centro de varias maquinaciones para atentar contra su vida, originadas desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, cuyo huésped en esos momentos era  Dwight Eisenhower, según lo comprobó el  Church's Select Committee, que pudo recabar información sobre  ocho intentonas contra el líder rebelde y, posteriormente, primer ministro por esos tiempos. La CIA, la naciente contrarrevolución mafiosa de origen cubano que se hacinaba en Miami, New Jersey y otras ciudades de la unión, en connivencia con la ultraderecha norteamericana y la Cosa Nostra, no vacilaron en recurrir a los más increíbles medios para lograr tan siniestro objetivo: el empleo de emboscadas, colocación de artefactos explosivos, bazoocazos, francotiradores fijos y en plena marcha vehicular,  diversos tipos de venenos y nocivos medios bacteriológicos, atentados contra su imagen pública, hasta ataques ideológicos directos y prematuros contra su persona, tildándolo de comunista.
Fidel en Nueva York, 1959

Invitado por  la Asociación de Editores de Periódicos de EE UU, Fidel arribó a ese país el 15 de abril de 1959. La estancia de Fidel entre el 15 y el 27 de abril representó un desplazamiento de buena voluntad a los EE. UU., con carácter  no oficial. A pesar de ello, la curiosidad que despertó el líder cubano en las altas esferas del poder norteamericanos propició un encuentro entre Fidel y el vicepresidente Richard Nixon, el 19 de abril. Este encuentro fue crucial pues marcaría, para siempre, en lo más íntimo de Richard Nixon la convicción de que Fidel no se plegaría nunca ante  EE UU y Nixon sellaba a partir de ahí su sentencia de muerte. Mientras tanto, Eisenhower jugaba al golf, ignorando deliberadamente la visita del mandatario cubano. Mientras tanto, Fidel aprovechó la estadía para visitar la  ciudad de Washington, desarrollando diversas visitas a mausoleos como el de George Washington,  Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y la tumba del soldado desconocido en el Cementerio Nacional de Arlington. Asimismo asistió a la  Lawrenceville School, en Nueva Jersey, a las Universidades de Princeton y Harvard; encontrándose en Nueva York con  el Secretario General de Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld. Posteriormente y antes de partir a Houston, Texas, estuvo en un  mitin en Central Park, el día 24, escenario del que se sería el primer atentado contra él en suelo norteamericano. Asediado por centenares de personas, Fidel pudo evitar una muerte segura cuando se descubrió una poderosa bomba debajo de la tribuna, ubicada en el  Central Park, la cual fue detectada y desactivada de inmediato. Fue la única oportunidad en que el FBI y, particularmente, la NYPD, hizo algo para impedir su asesinato.

Desde los lujosos y sórdidos salones de la Casa Blanca, el gobierno norteamericano de Ike Eisenhower dio luz verde a la Agencia Central de Inteligencia para desarrollar un sinnúmero de planes dirigidos al asesinato de  Fidel Castro, en muchos de los cuales participarían durante décadas Antonio Veciana, Luis Posada Carriles, Pedro Luis Díaz Lanz  y otros terroristas de origen cubano. Uno de estos planes iníciales tuvo lugar en marzo de 1959, bajo la anuencia del jefe de la estación CIA en la Habana, James Arthur Noel, y del oficial de esta agencia nombrado David Morales. El fallido plan involucró al contrarrevolucionario Frank Sturgis, al traidor Pedro Luis Díaz Lanz y al norteamericano Patrick Gerry Hemmings  y consistió en la colocación de una bomba que explotaría cuando Fidel asistiera a una reunión con personal de la fuerza aérea. Las fuertes medidas de seguridad adoptadas en esos momentos,  hicieron desistir a los complotados, incapaces de poner en juego su vida en el siniestro empeño.
Allen Dulles

Meses después, en diciembre de 1959, con la anuencia de Allen Dulles, entonces jefe de la CIA, se autorizó un nuevo plan a ejecutarse  en febrero de 1960, el cual consistió en asesinar a Fidel durante una visita que realizaría a la casa del entonces jefe de la seguridad cubana, Comandante Ramiro Valdés. Los complotados, neutralizados por las autoridades cubanas por la penetración de agentes dentro del grupo, fueron el  agregado militar de la embajada norteamericana, mayor Robert van Horn, así como la norteamericana Geraldine Shamman y los nacionales Fernando López, Pablo Márquez y Homero Gutiérrez. Los nacientes órganos de la seguridad cubana ponían a prueba la efectividad de su trabajo con su agentura. A partir de ahí, la penetración de los grupos terroristas  sería una costumbre  operativa para proteger al líder cubano.

En  la obcecada intención por destruir a la Revolución mediante el asesinato de su líder, doce nuevos planes de atentado  serían preparados por la CIA en el transcurso del año 1960, entre los que se destacaron:

● Intento de  asesinar a Fidel en la Universidad de la Habana, en abril de 1960, por parte de Manuel Guillot Castellanos, Rafael Sintairos Santiso y otros involucrados, bajo la dirección de Manuel Artime Buesa, quien por ese entonces se encontraba en Miami.

● Plan de asesinato contra Fidel a su salida del Palacio Presidencial en agosto de 1960, intento que se planificara en varias oportunidades, como parte de un vasto plan de alzamiento, atentados y otras actividades contrarrevolucionarias, desarrollado por un grupo integrado por Galo Martínez Chapman, Fernando Mancheco, Alfredo Curí y otros contrarrevolucionarios.

●  Intentos de asesinato contra Fidel por parte de la CIA  y la mafia norteamericana, durante la visita del mismo para asistir al 15 Período de Sesiones de la ONU, el 18 de septiembre de 1960. Los planes consistían en envenenar al dirigente cubano con puros infectados con botulina sintética, colocar sales de talio en sus zapatos que le provocaran la pérdida total de su cabello y barba, así como hacerlo fumar un puro con la droga LSD. Prácticamente expulsado por la dirección del hotel Shelbourne, se trasladó al  Hotel Theresa, en Harlem, donde se encontró con  al presidente soviético Nikita Jrushchov, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, el primer ministro indio Jawaharlal Nehru y el dirigente negro Malcolm X. Jrushchov. Allí se sintió feliz conviviendo y confraternizando con lo más humilde del pueblo norteamericano. En esta oportunidad, Fidel salvó la vida de un atentado planificado por la CIA y la Cosa Nostra, que planearon lanzar contra su auto una pelota  de softball, cargada de explosivos y con detonadores de contacto, y que ejecutaría el criminal Richard Cain.

●  Ese mismo mes, ya Fidel en Cuba,  se planificó otro intento de asesinarlo  a la salida del Palacio Presidencial por parte de cuatro contrarrevolucionarios, nombrados Indalecio Pérez, Rafael Pérez, Carlos Rivero y Manuel Suárez.
John Edgar Hoover

Lo significativo de estos planes es que en algunos casos se hicieron mediante la infiltración en Cuba de servidores de la CIA,  provenientes de los Estados Unidos e infiltrados mediante el uso del canal ilegal marítimo. En otros casos se realizaron de forma coordinada con la estación de la CIA, radicada en la embajada de Estados Unidos en la Habana, empleando a contrarrevolucionarios internos. Significativa también fue la alianza de la CIA con el crimen organizado para provocar la muerte de Fidel Castro. Fue, sin lugar, una alianza entre dos mafias existentes en Estados Unidos: la mafia oscura y tenebrosa de las calles y la mafia de cuello blanco detentora del poder  político. Por su parte, el Buró Federal de Investigaciones, dirigido en ese entonces por John Edgar Hoover hasta 1972, y su representación en la Habana, con pleno conocimiento de estos planes magnicidas, ni informaron a las autoridades cubanas, ni hicieron algo por neutralizarlos. Por el contrario, según  un memorando enviado al director de la CIA Richard Helms y firmado por el director de Seguridad J. Howard Osborn, fechado el 19 de noviembre 1970, se esclareció que en agosto de 1960 uno de los  jefes de la CIA, Richard Bissel, contactó al  coronel Sheffield Edwards, de la  Oficina de Seguridad, para que contactara a  Robert A. Maheu, ex agente del Buró, vinculado al multimillonario Howard Hughes,  amigo de J. Edgar Hoover, jefe del FBI, para planificar el asesinato de Castro usando a la Cosa Nostra.  Maheu contactó para ello con Johnny Roselli, un mafioso de Las Vegas y vinculado a la CIA en la Operación 40, ofreciéndole 150 000  USD por el asesinato de Fidel Castro.  Roselli, a su vez contactó con Salvador Giancana, jefe de la Cosa Nostra en Chicago y con Santos Trafficante, ex dueño del Cabaret Sans Souci en Cuba.

Los planes de la CIA para asesinar a Fidel se incrementaron en 1961 con respecto al año anterior, estimulados por la frustración y el odio irracional, así como la desesperanza que les sembró la inutilidad de tanto plan macabro. En esta ocasión, entre los meses de enero a diciembre de 1961, fueron descubiertos 18 planes de atentado contra el líder revolucionario, quien emergía para los cubanos como el legítimo sucesor de José Martí.

Kennedy heredaría la Operación 40 de la CIA, ideada por Nixon y quien hizo uso de un grupo de figuras de origen tejano como el propio George Bush, padre; al petrolero Jack Crichton;  así como al general la US Air Force  Charles Cabel. Muchos de ellos estarían en el amplio marco de las sospechas sobre el asesinato de JFK un tiempo después. Eran, sin lugar a dudas, parte de la conexión tejana del oscuro mundo mafioso y terrorista de la CIA.

Hoover y su chantaje a los presidentes norteamericanos.

El poderoso J. Edgar Hoover, acostumbrado a hurgar en las intimidades de las figuras públicas norteamericanas, sabedor de que disponer de información es una forma sólida de controlar y ejercer poder sobre los demás, llegó incluso a chantajear  a los propios presidentes de Estados Unidos. Hoy no es un secreto que espió a presidentes y a primeras damas de EE UU, incluso al propio Franklin Delano  Roosevelt y a su esposa, sobre quienes poseía un abultado dossier de informes sobre su vida íntima y aventuras extra conyugales. Solo  Eleanor Roosevelt tenía un dossier en manos de Hoover con alrededor de 450 páginas. Por su parte, Dwight Eisenhower padeció también el permanente chantaje de Hoover, sobre todo por su  relación extramarital  con Kay Summersby, su asistente a partir de 1942.

El centro del chantaje más significativo por parte de Hoover fue la familia Kennedy, de los que llegó a edificar amplios dossiers sobre sus vínculos con la Cosa Nostra durante la campaña electoral de John F. Kennedy, así como sobre la controvertida vida amorosa de JFK con la periodista danesa Inga Arvard,  cuando el futuro presidente laboraba el  Departamento de Inteligencia Naval, con sede en Washington y su amante era sospechosa de ser espía de Hitler. Casado ya, JFK fue el centro del más ruin espionaje de Hoover, en relación con sus affaires extra matrimoniales con  Judith Campbell, vinculada amorosamente alguna vez con el mafioso  Sam Giancana; así como sus aventuras con otras 30 mujeres, entre las que se encontraba las actrices Angie Dickinson y Marilyn Monroe.  Mediante Judith Campbell, JFK le pidió a Giancana el apoyo de la mafia en su campaña electoral, así como detener los planes de asesinato contra Fidel orquestados por la administración de Dwight Eisenhower junto con la CIA y la Cosa Nostra. A cambio, Giancana le pidió que su hermano, Robert Kennedy, elegido Fiscal General, se hiciera de la vista gorda sobre sus actividades que comprometían, incluso, al padre de estos: Joseph Kennedy.

Hoover también chantajeó a Lyndon B. Johnson, vicepresidente en el mandato de Kennedy y su sustituto en la Oficina Oval con posterioridad a su asesinato. Johnson también mantuvo algunas aventuras amorosas fuera de su matrimonio, como fue el caso de Madeleine Brown, lo que unido a sospechosos nexos con la mafia en Texas y su posible implicación en el asesinato de Kennedy, le sirvieron para mantenerse al mando del FBI desde 1924 hasta su muerte en 1972. Richard Nixon padeció también los chantajes de Hoover por una aventura con Marianna Lu, una aeromoza natural de  Hong Kong, así como por los vínculos de Nixon con la mafia de Las Vegas y Chicago, con el corrupto sindicalista Jimmy Hoffa, al igual que por su supervisión directa en varios planes de atentado contra Fidel Castro cuando era vicepresidente durante el mandato de  Eisenhower.

Lo importante del poder adquirido de manera sucia por Hoover, no solo estaba dirigido a mantenerse como un poder oculto sobre el gobierno norteamericano, sino también para actuar con total impunidad en muchas de sus actividades, entre las que se encontraba su confabulación con la CIA, la Cosa Nostra y la mafia anticubana para asesinar a Fidel Castro, cuyo antecedente inicial fue el caso de Robert Nye, así como con la promoción de  una invasión a Cuba.

Robert Nye y un plan del FBI para asesinar a Fidel Castro.

Tal como señalamos en otra parte de esta serie de artículos, uno de los  antecedentes de los planes magnicidas contra Fidel tuvo lugar un tiempo antes del triunfo revolucionario de 1959 y sería ejecutado por Alan Robert Nye, agente encubierto del FBI quien, luego de infiltrar a grupos de revolucionarios radicados en La Florida, arribó a Cuba para perpetrar su crimen. Su plan, salido a luz pública en la edición del periódico Revolución, con fecha 3 de febrero de 1959, implicó a Nye con los órganos de inteligencia y represión de la dictadura de Fulgencio Batista. Todo radicaba en asesinar a Fidel en plena Sierra Maestra, para lo cual el criminal contaba con un fusil con mira telescópica y otra arma ligera.

En toda la fase de preparación del plan participó el FBI de J Edgar Hoover junto al BRAC y el SIM cubanos. El Buró creó la leyenda de Nye como un militar aparentemente simpatizante de la causa rebelde en Cuba y el mismo arribó a la Isla el 12 de noviembre de 1958, hospedándose en el Hotel Comodoro con la identidad apócrifa a nombre de G. Collins. Por supuesto, su habitación había sido pagada por los coroneles Carlos Tabernilla y Orlando Piedra, quienes le visitaron y le prometieron el pago de 50 000 USD por cumplir su tenebrosa misión.

Capturado Nye al intentar infiltrarse en la zona rebelde el 20 de diciembre de 1958, fue mantenido prisionero por las fuerzas insurgentes hasta que fue trasladado a la Habana luego del triunfo de enero de 1959. Tras ser interrogado y procesado, Alan Robert Nye, fue condenado y, posteriormente, enviado a su país de origen. Con su caso se iniciaría una de las cacerías más abominables relacionadas con una figura política en toda la historia de la humanidad.

El FBI, los Kennedy y Fidel Castro.

Edgar Hoover estaba al tanto de los trapos sucios de los Kennedy y usó el chantaje contra ellos  para favorecer a los planes de la CIA, montados durante el mandato de Eisenhower, para destruir a la Revolución Cubana, incluidos los planes magnicidas contra Fidel. Para lograr estos objetivos la CIA convenció a Kennedy a dar luz verde a una invasión a Cuba en una reunión sostenida a inicios de 1961, cuando todo el tinglado estaba montado a sus espaldas. Tras el  bochornoso fracaso posterior de la brigada 2506, por supuesto, Kennedy desconfió de la CIA y de todo aquel que estuvo alguna vez implicado en la guerra sucia contra Cuba. Robert Kennedy atacó a la Cosa Nostra, particularmente a Giancana. JFK y su hermano se habían ganado dos poderosos enemigos que labrarían el camino hacia su ulterior desaparición física. Sin embargo, Kennedy, trató de navegar a salvo en mar revuelto, manteniendo su hostilidad hacia Cuba mediante una nueva escalada de guerra sucia contenida en la Operación Mangosta, aprobada el 30 de noviembre de 1961 y a un costo de 100 millones de USD. JFK puso al general del la US Air Force, Edward Lansdale, a cargo de la nueva operación.

Mientras tanto, Hoover se mantuvo recabando información en un amplio dossier de 761 páginas sobre los planes de Kennedy contra Cuba, limitándose al papel de oportunista observador, mientras la CIA y la Cosa Nostra actuaban con total impunidad, muchas veces apoyados por Hoover en su “batalla” contra los hermanos Kennedy y facilitando los planes magnicidas contra Fidel Castro.

Luego, 1963, la CIA dirigió una  última misión destinada a matar a Fidel Castro dentro del mandato de los Kennedy. La Agencia planeó emplear  a Rolando Cubela, ligado a la Revolución y con una relativa posición dentro del gobierno, como asesino a sueldo. El primer contacto de Cubela con la CIA tuvo lugar el  primero de agosto de 1963, en  Helsinki, Finlandia. Sin reparo alguno, Cubela aceptó el encargo que, a la postre, no pudo cumplir luego de ser capturado.

Otro plan de asesinato fraguado contra Fidel ocurrió en 1963, cuando un camarero del entonces hotel Habana Libre sería el encargado de colocar una  cápsula de botulina que bebería Fidel Castro. El plan falló al inutilizarse las cápsulas dentro de la nevera donde las había ocultado el potencial magnicida.

Asesinado Kennedy y en pleno mandato de Lyndon B. Johnson, otro plan de atentado contra Fidel fue organizado por Raúl Sanjenis en enero de 1964, quien fungió como oficial CIA durante la Operación 40 y estuvo vinculado a la preparación de un grupo especial de la brigada 2506. Este nuevo plan sería ejecutado por varios  contrarrevolucionarios en Cuba, entre los que hallaban  Bernardo Milanés López,  Mario Salabarría, Roberto Sabater y otros elementos quienes, al transitar la caravana de Fidel Castro por la Quinta Avenida, en el barrio habanero de Miramar, le dispararían con una ametralladora calibre 30 mm, desde un camión de la empresa telefónica.

Por otra parte, uno de los jefes de Luis Posada Carriles en la CIA, David Atlee Philips, abochornado por los innumerables fracasos, planificó un nuevo atentado contra Fidel, a realizarse en octubre de 1968, mientras éste asistiera  al acto por el Centenario de las Guerras de independencia el 10 de ese mes, en Manzanillo, antigua provincia de Oriente. Dicho plan, elaborado por el propio Atlee Phillips, contemplaba la infiltración de un grupo de terroristas por la Base Naval de Guantánamo. Todo lo tuvo en cuenta el obcecado oficial de la CIA, menos las contingencias ocasionales que llevaron al fracaso de la operación.
Incansables en su enfebrecida obsesión por asesinar a Fidel Castro, la CIA, Posada Carriles y otros contrarrevolucionarios de origen cubano,  prepararon  cuatro planes de atentado contra Fidel Castro en 1971,  a raíz de su visita a Chile, cuando el mismo fue invitado por el gobierno de la Unidad Popular. Con él se encontraron involucrados en una complicada madeja de opciones criminales  David Atlee Phillips y Antonio Veciana. El primero de estos planes se realizaría en los momentos en que Fidel se asomara a un balcón del Palacio de la Moneda. Un francotirador dispararía un fusil con mira telescópica desde una habitación del hotel Carreras Hilton, aledaño a la casa presidencial.

De fallar el primero, el segundo atentado tendría lugar en el momento en que Fidel ofreciera una conferencia de prensa y dos contrarrevolucionarios de origen cubano, Marcos Rodríguez y  Diego Medina,  acreditados legalmente como periodistas de la cadena de televisión “Venevisión”,  de Venezuela, dispararían dos armas de fuego ocultas entre sus cámaras de televisión. El general de los carabineros chilenos José María Sepúlveda, implicado también en el plan de la CIA, sería quien facilitaría a los asesinos el acceso al lugar. Los otros dos atentados contra Fidel en esa ocasión se trataron de realizar en Lima, Perú, y en Quito, Ecuador, durante el periplo de regreso del gobernante cubano. En el primer caso, el plan contemplaba el lanzamiento de explosivos desde la terraza del aeropuerto por parte de tres contrarrevolucionarios, entre los que se encontraban Eusebio Ojeda, ex capitán del Segundo Frente Nacional del Escambray. El otro plan, a realizarse en Ecuador, preveía el empleo de un fusil de mira telescópica para asesinar a Fidel, disparándole desde un avión parqueado en una zona aledaña al suyo, perteneciente a los hermanos Guillermo y Roberto Verdaguer. El propio Luis Posada Carriles, en unión de Osiel González, dispararía contra el mandatario. Todos fracasaron por diversos motivos, fundamentalmente  por el miedo de sus ejecutores a perder la vida en el intento.

Fidel en Chile
Unos días antes de la visita de Fidel a Chile, se reunieron en Caracas varios de los anteriormente mencionados, a los que se sumó Gerry  Hemmings, para ultimar los detalles del macabro plan. No cabe duda que  Posada Carriles supo hacer uso adecuado de su cargo dentro de la DISP y de su posición privilegiada en Venezuela, para hacer de este país una base segura de operaciones contra Cuba.
Varios elementos deben ser tenidos en cuenta al evaluar el fracaso de estas intentonas de magnicidio, además de la cobardía y el miedo de sus potenciales ejecutores. Todo el plan fue urdido en Miami por varios oficiales CIA y contrarrevolucionarios cubanos, con pleno conocimiento del FBI, tanto de sus oficiales  en la sede de Miami como los Legats acreditados en las embajadas norteamericanas en esos países como Chile y Venezuela. El propio Posada, quien era ya un probado informante del FBI, no informó a sus superiores de este plan y se limitó a facilitar las credenciales de Venevisión a los asesinos potenciales. Hoy se conoce ampliamente que estas cuatro operaciones, incluidas la de Perú y Ecuador, fueron inicialmente preparadas en una reunión realizada en una casa de seguridad de la CIA en Miami en la que participaron, entre otros, David Atlee Phillips, Luis Posada Carriles, Antonio Veciana, Frank Sturgis, Joaquín Sanjenis, Ricardo Morales Navarrete y Orlando Bosch Ávila.

En ese período, particularmente en 1977, varios terroristas vinculados a Gaspar Jiménez Escobedo y Luis Posada Carriles planificaron el asesinato de Fidel durante su primera  visita a la isla Caribeña de Jamaica, invitado por el Primer Ministro Michael Manley.

Los planes de asesinato contra Fidel continuaron en forma de una enfebrecida cacería. Apenas dos meses después de la fundación de la CORU y unas semanas antes de que se llevara a cabo el atroz atentado contra un avión de Cubana de Aviación en Barbados, Orlando Bosch  llegó a Caracas, luego de efectuar un amplio periplo por Chile, República Dominicana y Nicaragua. Esta visita estaba relacionada con la participación suya y de Posada Carriles  en un atentado contra Fidel durante la visita del mismo a Angola, en septiembre de 1976. Dicho plan fue neutralizado por la seguridad cubana en la fase de preparación. Otra vez se quedarían con las ganas confusos y frustrados.

Por su parte, Antonio Veciana Blanch, socio de Posada Carriles en los frustrados atentados contra Fidel en 1971, preparó un nuevo atentado contra éste en octubre de 1979, en unión del jefe de Alpha 66, Andrés Nazario Sargent. El plan magnicida consistía en lanzar una pelota de softball, que escondía una bomba de contacto contra el auto del dignatario  cubano que asistió 34vo.  Período de Sesiones de la ONU. Fue éste otro  de los pocos planes contra Fidel neutralizado por el FBI, al igual que en 1959.

Posada Carriles, uno de los más dementes y obcecados terroristas implicados en los planes magnicidas contra Fidel,  participó desde  El Salvador en la organización de un plan de atentado contra Fidel Castro en noviembre de 1988,  en complicidad con Gaspar Jiménez Escobedo y el contrarrevolucionario Orlando Mendoza. El plan contemplaba asesinar al mandatario cuando el mismo  realizara una visita a Brasil. Varios días después se vio envuelto junto a Orlando Bosch, Gaspar Jiménez Escobedo, Pedro Corzo Eves  y otros individuos, en otro plan de atentado contra Fidel a realizarse en diciembre de 1988, cuando éste asistiera a la toma de Posesión de Carlos Andrés Pérez, en Caracas, Venezuela.

Gaspar Jiménez  Escobedo se enfrascó en un frustrado atentado contra la vida del Comandante Fidel Castro en julio de 1991, en ocasión de su participación en la Primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, celebrada en Guadalajara, México. En esta oportunidad, Gasparito ideó derribar el avión en que se trasladaría Fidel empleando un cohete tierra aire. El dirigente cubano asistió al evento con vistas a apoyar este importante mecanismo de consulta  entre los jefes de estado y de gobierno de América Latina y España, promovido por Brasil, España y México.  De la reunión salió el acuerdo de realizar  la Segunda Cumbre  en España, en 1992, y la Tercera en Brasil, en 1993. Los enemigos de la Revolución se congratularon de encontrar espacios idóneos para atentar contra Fidel cuando asistiera a estos eventos.
En aquel entonces, el hoy propietario de la empresa panameña Longlac Enterprise, dedicada a la comercialización de armamento, Mario Delamico, se encargó de transportar hacia Nicaragua y otros destinos centroamericanos grandes cantidades de armas procedentes de los Estados Unidos. Luego del escándalo Irán-Contras, Delamico devino en abastecedor de Posada para la consumación de sus planes terroristas contra Cuba, incluida la eterna intención de matar a Fidel a toda costa, como ocurrió en los planes para eliminar al líder cubano durante una posible visita a El Salvador, en ocasión de  la toma de posesión del presidente Reina,  el atentado frustrado contra el líder cubano en Cartagena de Indias, en Colombia, durante 1994,  e, incluso, uno de los tres planes preparados contra Fidel durante su visita a República Dominicana en 1998.

Posada Carriles y la FNCA, artífices de magnicidios
A inicios de los años noventa, las intentonas contra la vida de Fidel fueron en aumento, de forma tal que solo en ese tiempo se fraguaron 16 nuevos atentados contra su vida y 8 contra otros dirigentes cubanos. En todos estos casos, así como en 108 atentados de todo tipo, estuvo involucrada la FNCA y Posada Carriles, con pleno conocimiento de los Agentes Especiales a Cargo del FBI en la sede de Miami.

Uno de estos planes de atentado contra Fidel se fabricó  en 1991, para realizarse cuando el mismo visitara  a España el próximo año,  involucrando directamente en el mismo a los líderes de la FNCA Francisco José Hernández Calvo y Roberto Martín Pérez. Lo realmente absurdo del rol del FBI en relación con este plan es que,  cinco meses después de la entrevista de Posada con el FBI en la embajada norteamericana en Tegucigalpa, éste fue visitado por Gaspar Jiménez Escobedo el 15 de julio de 1992,  con la finalidad de coordinar el atentado contra Fidel Castro. De acuerdo con este plan magnicida, Posada Carriles se encargaría de conseguir un lanzacohetes RPG-7, de fabricación soviética, para atentar contra el avión del mandatario cubano durante su visita a España, en ocasión de celebrarse allí la II Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, entre los días 23 y 24 de julio de 1992. Otra vez los vínculos entre Posada y la FNCA se volvían a materializar en una nueva conspiración contra Fidel. Otra vez la sádica perseverancia sería premiada con el fracaso.

Por su parte, ya instalado Posada, en enero de 1994, en el apartamento 401 del Edificio Moncada, ubicado en la Avenida Juan Lido, Colonia Ninites, en Tegucigalpa, preparó un nuevo atentado contra Fidel Castro, considerando su posible asistencia a la toma de posesión del electo  presidente Carlos Roberto Reina. Para ejecutar este plan, la FNCA desembolsó 20 000 dólares y planificó el empleo de un francotirador quien dispararía contra ambos mandatarios con un fusil dotado de mirilla telescópica. Junto a Posada Carriles estuvieron involucrados Roberto Martín, Ramón Orosco, Gaspar Jiménez Escobedo y Francisco Castro Paz. El tirador sería el propio Posada.

Sin cejar en su permanente intento de agredir a la Revolución Cubana y de asesinar a su máxima figura, Posada Carriles, en unión de cinco terroristas fracasó una vez más en la realización de un atentado contra Fidel en Cartagena de Indias, Colombia, durante la celebración de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado. Celebrada entre los días 14 y 15 de junio de 1994, dicho plan preveía ejecutarse   cuando el jefe de estado cubano realizara un paseo por la ciudad en compañía del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Abundante dinero desembolsó la FNCA,  cerca de 50 000 dólares, para adquirir diversos medios de guerra, entre los que se encontraban bazookas, armas largas y explosivos. El plan contemplaba asimismo el empleo de un fusil Barrett, calibre 50, enviado desde Miami, con el que se dispararía contra el mandatario cubano. Hoy se conoce que Posada Carriles contó con la ayuda de Alberto Hernández, Félix Rodríguez Mendigutía, Gaspar Jiménez Escobedo, Ramón Orosco Crespo, Roberto Martín Pérez y Raúl Valverde.

Durante ese mismo tiempo, Arnaldo Monzón Plasencia y la FNCA planeaban otro plan alterno que incluía  la preparación y ulterior infiltración de un team integrado Santos Armando González Rueda y José Francisco Ramírez Oro, cubanos residentes en Estados Unidos,  para enviarlos a Cuba a atentar contra instalaciones turísticas y ejecutar el asesinato del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Ambos terroristas se infiltraron por Puerto Padre, provincia de Las Tunas, el 2 de marzo de 1995, logrando enterrar 51 libras de explosivo plástico C-4 y otros medios. Fueron traídos en una embarcación tripulada por varios miembros de la FNCA, entre los que se encontraba José Pujol, uno de los tripulantes que en el 2005 introdujeron ilegalmente a Luis Posada Carriles en Estados Unidos utilizando el “Santrina”.

Los dos  criminales infiltrados en Cuba  trajeron, y enterraron, 22,12 kilogramos de C-4, otra pequeña bolsa con 1,383 kilogramos de ese mismo explosivo, 12 detonadores eléctricos, 3 relojes marca Cosmo Quartz, 25,5 metros de cordón detonante, 2 pistolas rusas marca Baikal, 75 cartuchos de 9 mm. Lo interesante del caso fue que ambos terroristas portaban un teléfono celular marca CELLSTAR de la NEC, número  03171115H3, entregado anteriormente a mi persona por Pepe Hernández para mis tareas operativas en la Habana a favor de la FNCA y que les había yo devuelto hacía apenas tres meses.

Meses después, en agosto de 1995, Roberto Martín Pérez, Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo, Eugenio Llaneras  y otros miembros de la FNCA se involucraron en un plan de atentados contra Fidel Castro durante la celebración de la V Cumbre de Jefes de Estado a realizarse en San Carlos de Bariloche, República Argentina. Lo mismo ocurrió en noviembre de 1996, cuando Posada Carriles y Félix Rodríguez Mendigutía organizaron un nuevo intento de magnicidio contra Fidel durante su visita a Chile para participar en la VI Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica.

Mientras tanto, muchos de los agentes del FBI en la División de Miami, como el propio Paul R. Philip, el agente especial en el cargo de la oficina de Miami del FBI; el Agente Especial Raúl Fernández, asignado a la Dirección  Operativa de Miami desde 1987; David A. Cardona, agente especial a cargo de Supervisión; el Agente Especial Joseph Persichini, Jr.; el Agente Especial de Supervisión de la Ley contra la Corrupción Pública y programas del Fraude Gubernamentales; el Agente especial del FBI James Pat Laflin, así como los agentes D. Keith Bryars, Keith Slotter, Robert E. Casey, Sean Joyce, y muchos otros, enfrascados algunos en la lucha contra el crimen, ignoraron deliberadamente por órdenes de sus jefes las actividades magnicidas y terroristas de los mafiosos cubanos asentados en Miami. Como una tradición, el propio Paul R. Philip, al igual que los harían sus sucesores Héctor Pesquera y Salomon, confraternizó sistemáticamente con los contrarrevolucionarios ejecutores de un descarado terrorismo contra Cuba, ignorando deliberadamente sus criminales actividades. Fidel continuaba en la mira de sus obcecados enemigos.

Video 638 Ways to kill Castro)  http://youtu.be/B7zf3cUPAa8

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