Los medios de la burguesía se han referido a las revueltas árabes como
“primavera”. Ciertos intelectuales progresistas han asumido el vocablo y,
subidos en la ola del entusiasmo, han ido más allá hablando de “revoluciones”.
Si ha habido una primavera la pregunta que hay que hacerse es ¿dónde están las
flores? Si se han producido revoluciones la pregunta sería ¿dónde está el cambio
económico? Porque, señores y señoras intelectuales “progres”, no puede haber una
revolución sin un cambio económico. El argumento que se han conseguido algunos
triunfos “democráticos” como la retirada de los presidentes, la elaboración de
nuevas constituciones o la celebración de elecciones es muy pobre dado que en
ningún caso se puede hablar de derrota de la clase dominante puesto que en todos
los países donde se han producido esas revueltas esta clase mantiene su control
sobre el poder y los recursos.
Es de suponer que, a estas alturas, la intelectualidad “progre” sepa que la
vida social se determina, en última instancia, por la economía. Es decir, la
contradicción inherente entre capital y trabajo en una sociedad capitalista. En
Túnez, el primer país en desencadenar el entusiasmo entre la intelectualidad
“progre”, se está haciendo una reforma fiscal que va en la línea de lo que el
Banco Central Europeo reclama a la UE y que ha sido alabada por el FMI al tiempo
que reclama un programa de reformas estructurales que incluyan la venta de
empresas públicas y la devaluación del dinar. Y no debería haber ninguna duda
que el gobierno “democrático” de Túnez lo hará.
Si bien la revolución no es “pura”, como puso de manifiesto el propio Lenin,
hay que estar prevenidos sobre quienes hablan de “revolución” sin que comprendan
lo que significa. Sobre todo en el ámbito económico. O, por el contrario, lo
comprenden muy bien y limitan sus aspiraciones a la revolución nacional o
burguesa en contraposición con la revolución socialista.
Salvo en Bahréin, Egipto y Yemen no ha habido ninguna revuelta realmente
popular. En Bahréin y Yemen la clase media estaba escasamente representada en
las protestas, mientras que en otros países árabes era claramente mayoritaria.
En Egipto se puede decir que mitad y mitad. Y una vez satisfechas algunas de sus
aspiraciones, bien de poder político o económico –como el ser partícipes en
cierta medida de una tarta que se repartía la oligarquía sin que les llegase
algo a ellos-, se han retirado rápidamente de las calles. Una revuelta de la
clase media es fácil de controlar aceptando algunas reformas políticas y
sociales que no ponen en cuestión el sistema. Y eso es lo que ha ocurrido en
todos los países árabes. Siguiendo el hilo argumental de la intelectualidad
“progre”, tal vez haya crecido la hierba, pero no han surgido las flores. Y si
han surgido han sido tan efímeras que la pregunta es ¿dónde fueron todas las
flores?
Pero seamos indulgentes con esta intelectualidad “progre”. Lenin hablaba de
las perspectivas de la revolución socialista en el marco del desarrollo de una
revolución nacional o burguesa. Supongamos, y con esta intelectualidad
“postmoderna” es mucho suponer, que se sitúa en esta línea argumental. El único
país donde se puede hablar de una perspectiva en este sentido es en Egipto,
nuevamente.
El candidato de la izquierda en las elecciones presidenciales logró un
espléndido tercer lugar, a sólo cinco puntos del porcentaje logrado por el
candidato de los Hermanos Musulmanes quien, en la segunda vuelta, se hizo con la
presidencia. Es más que probable que se produjese un fraude electoral que
evitase el segundo lugar de este candidato izquierdista, lo que polarizó el voto
final entre el candidato de los militares y el de los islamistas. En cualquier
caso, dos candidatos del sistema oligárquico bien adaptado al momento
post-Mubarak, como muy bien ha puesto de manifiesto Samir Amin (1) por mucho que
entre ambos haya algún punto de colisión por los espacios de poder, como ocurre
ahora tras las medidas tomadas por Morsi de reducir el poder legislativo de los
militares. El discurso de este candidato de la izquierda egipcia fue poco
postmoderno: rechazo a los dictados del FMI, retorno al panarabismo nasserista,
cancelación del acuerdo de paz con Israel…
La fuerza de este sector revolucionario en Egipto, especialmente en las zonas
fabriles y portuarias, así como los constantes sabotajes contra el oleoducto que
surte de gas a Israel (ya van once atentados que han obligado a interrumpir el
suministro otras tantas veces) y la permanente convocatoria de huelgas tanto
laborales como políticas es una importante palanca de presión hacia un
presidente islamista que se ve obligado a dar pasos que pueden ser calificados
por los más osados como audaces y que le llevan a un cierto enfrentamiento con
los militares. Por todo ello, sorprende que la intelectualidad “progre” no
mencione a Egipto en sus análisis y se obsesione con Siria.
Siria
La revuelta en este país sí contó con un cierto componente popular al
principio, sobre todo porque el principal sostén del gobierno de Al-Asad es la
clase media alta. Los participantes iniciales en la protesta fueron una
abigarrada mezcla de clase media baja, estudiantes seducidos por la propaganda
occidental según la cual habían sido los blogueros quienes habrían iniciado la
revuelta en Egipto, parados y, lo más importante para quien escribe, jornaleros
e inmigrantes de las zonas rurales. Un dato importante a tener en cuenta es que
las primeras protestas se produjeron en pueblos, no en ciudades, y que cuando
llegó a éstas fue a aquellas que se habían convertido en zonas de pobreza en
contraste con Damasco, Alepo y otras urbes sobre todo de la costa.
Pero ese cariz popular se perdió de inmediato, justo cuando tras la represión
inicial (y no hay que perder de vista que casi en los albores de la protesta y
en paralelo con la represión se inició el proceso de revuelta armada y
enfrentamiento sectario) el gobierno inició un camino de ciertos cambios –no
peores que los puestos en marcha en otros países de la famosa “primavera árabe”
y sí algunos de mayor calado- en el verano de 2011. A partir de aquí la deriva
de la revuelta fue claramente militar porque no se podía permitir que, al igual
que ocurre en otros países, la clase en el poder se mantuviese (2). Porque a
Siria se le puede criticar de todo, pero hay un cariz que le hace diferente del
resto de gobiernos: el apoyo a la resistencia árabe. Se puede criticar lo que
sea, pero hay un hecho innegable: la victoria de Hizbulá contra Israel en la
guerra de 2006 fue, además de por el arrojo y valentía de los combatientes
libaneses, gracias a las armas proporcionadas al movimiento político-militar por
Siria como ya lo había hecho durante la guerra de resistencia contra la
ocupación israelí del sur de Líbano entre 1982 y 2000.
Este hecho, que algunos intelectuales “progres” califican de “geopolítica
jesuita” es crucial para entender lo que está pasando en este país, así como el
apoyo que recibe el gobierno sirio de Rusia y China en cada vez más clara
confrontación con EEUU. Si bien rusos y chinos no tuvieron nada que ver en la
guerra en la que Israel salió derrotado, si tomaron muy buena nota de cómo
comenzaba a decaer el poder estadounidense. La guerra de agresión a Libia fue el
pistoletazo de salida al proceso ruso-chino de enfrentamiento a la estrategia
geopolítica de EEUU que aún no ha concluido y cada día se encona más.
Hablar de oposición de izquierdas en Siria es bastante arriesgado si no se
profundiza. Haberla la hay, pero tan atomizada que es difícil en estos momentos
decir quién es quién y qué y a quién representa. ¿Es de izquierdas el Partido
Comunista, que aceptó participar en las elecciones parlamentarias de marzo de
este año y logró 11 diputados? ¿Es justificable por la izquierda que un
comunista sea ministro de Asuntos Económicos en el nuevo gobierno de Al-Assad y
que haya declarado públicamente que su labor será la expansión del sector
público? ¿Es de izquierdas el Comité de Coordinación Nacional Para Un Cambio
Democrático, que se ha dividido al menos en tres facciones y donde se apuesta
–quien esto escribe no sabe si estos sectores son grandes o pequeños- de forma
clara por el Consejo Nacional Sirio y su brazo armado, ambos creados,
financiados y sostenidos por Occidente y las monarquías árabes y Turquía? ¿Qué
ha quedado de la consigna de los “tres noes” con la que el CCNCD salió a las
calles: no al régimen, no a la violencia y no a la injerencia externa? ¿Son de
izquierdas los Comités de Coordinación Local, también divididos y trabajando
estas fracciones con el CNS y su brazo armado?
Porque fuera de los calificativos de “geopolítica jesuita” lanzados por la
intelectualidad “progre”, que sólo ocultan una supina ignorancia en política
internacional, lo que es innegable para cualquiera que tenga la mente abierta es
que sin el apoyo exterior por parte de Arabia Saudita y sus satélites del Golfo,
así como los países occidentales y Turquía, la revuelta siria habría seguido el
mismo camino que las de otros países: el mantenimiento de las estructuras de
poder. Lo que es aceptable para estos actores externos en otros países no lo es
en Siria. Y la diferencia, crucial, es el apoyo a la resistencia árabe. Sin
perder de vista que Siria es la puerta de entrada a una agresión militar contra
Irán. No puede haber un ataque contra el país persa si se mantiene el gobierno
de Al-Assad.
La lucha contra el capitalismo se da en todos los países árabes, con el
epicentro en Egipto. Sorprende, o tal vez no, que este simple dato pase
desapercibido para la intelectualidad “progre”, obsesionada con Siria. Como es
lógico, no en todos los países se tiene la misma fuerza. Hay debilidades –en
Siria, por demás- y contradicciones innegables entre estos sectores que se
interrelacionan con las contradicciones regionales y mundiales. Y ahora en
Siria, tal y como era previsible hace meses (3), aparece con fuerza el factor
kurdo en lo que puede ser una jugada maestra del gobierno de Al-Asad para
debilitar la injerencia externa, sobre todo la turca.
Son estas contradicciones las que se manifiestan en la izquierda árabe y las
que agudizan el enfrentamiento sectario. Son estas contradicciones las que
llevan a una nueva división en las fuerzas palestinas, con Hamás posicionándose
con las monarquías del Golfo contra Siria (4) mientras que la izquierda
mantiene, con críticas, su apoyo a Al-Assad al menos hasta el ataque contra un
campo de refugiados. Por no hablar de la honesta postura de la Yihad Islámica,
que acaba de rechazar una millonaria oferta de Qatar para abandonar Siria y
trasladar sede e infraestructura a Doha (5).
¿Cómo leer estas contradicciones, cuál es la contradicción dominante? Este es
el dilema. La intelectualidad “progre” postmoderna ha puesto de forma clara el
punto de mira en Al-Assad y utiliza la diatriba, tan recurrente, del estalinismo
para satanizar a quienes consideran que esta debe ser la contradicción
secundaria. Para ser postmodernos su discurso es muy antiguo, ni más ni menos
que “estalinismo”. Ahora resulta que un movimiento contra la guerra imperialista
en Siria es “antirrevolucionario”. Y se sorprenden porque en América Latina haya
gobiernos que vean lo que sucede en Siria de forma muy próxima, no en vano la
injerencia externa allí es endémica. Estos gobiernos, que se vienen enfrentando
con mayor o menor virulencia a EEUU y sus aliados internos y externos desde que
vienen impulsando un cierto proceso emancipatorio-no están muy lejanos los casos
de Honduras y Paraguay-, aplican, y hacen bien, un viejo refrán: “cuando las
barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Otra vez la
geopolítica que tanto molesta a la intelectualidad “progre”.
Pero si fuesen coherentes con su planteamiento, quienes integran la
intelectualidad “progre” deberían apoyar sin fisuras a la guerrilla colombiana,
algo que no hacen ni remotamente. Aquí sí hay un movimiento claramente
revolucionario que lleva décadas luchando por la democracia, la paz, la
dignidad, la justicia social y un cambio en las estructuras económicas. Si
hablan de dictadura, tortura, represión en Siria deberían estar el primera fila
en la denuncia, en esos mismos términos, de los asesinatos de sindicalistas
colombianos, las desapariciones masivas, las ejecuciones extrajudiciales –los
llamados “falsos positivos”-, la criminalización de los movimientos sociales,
los asesinatos de sus integrantes y dirigentes tal y como está sucediendo ahora
con la Marcha Patriótica…
Turquía
Obviar, como hace esta intelectualidad “progre”, que hay una dinámica
internacional y geopolítica en todo el mundo es no sólo una falla intelectual
grave sino una irresponsabilidad. Aunque EEUU no es el actor principal en la
situación en Oriente Próximo y el Magreb, sino Arabia Saudita, no se puede dudar
de su capacidad para controlar unos acontecimientos frente a los que se vio
sorprendido. Ahí está el caso de su acercamiento a Turquía, un país que había
sido duramente criticado por la Administración Obama tras su práctica ruptura
con Israel después del asalto a la flotilla que pretendía romper el bloqueo a
Gaza en 2010. Es a través de Turquía que EEUU y sus satélites occidentales
facilitan apoyo logístico y militar a los llamados “rebeldes” sirios –EEUU ha
dado carta blanca a la CIA y Gran Bretaña lo ha reconocido abiertamente (6)-, al
igual que es por este territorio, así como por Líbano, por donde les llega todo
el armamento desde los países del Golfo y la OTAN. Turquía está jugando hoy el
papel que Pakistán jugó en la década de 1980-1990 para derrocar al gobierno
pro-soviético de Afganistán: allí se apoyó, financió y armó a los talibanes,
aquí a los sectarios sunníes.
Pero, pese a todo, Turquía el eslabón más débil de toda esta estrategia una
vez que Al-Assad ha decidido abrir el frente kurdo. La consecuencia de la crisis
siria es el debilitamiento de Turquía como potencia regional. Sus pretensiones
de convertirse en una potencia sub-imperialista en la zona se están diluyendo de
forma muy rápida y ahora tiene que colocarse a la defensiva. Aquí también hay
discrepancias. Para unos, Al-Assad ha alentado a los kurdos. Para otros, no ha
tenido más remedio que dejarles hacer. En cualquier caso, la realidad es que los
kurdos no están participando en la llamada “oposición” siria y mucho menos en la
creada, financiada y armada por los países occidentales y las monarquías del
Golfo.
La fuerza kurda más activa en Siria, el Partido de la Unión Democrática
(PYD), es una rama del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), el más
feroz enemigo de Turquía. Sorprende que la intelectualidad “progre”, tan
solidaria antaño con el PKK, haya pasado por este hecho como la luz por el
cristal, sin tocarlo ni mancharlo. Por utilizar un término mexicano, ha
“ninguneado” un aspecto crucial de la situación en Siria con amplias resonancias
regionales puesto que los nervios ya están a flor de piel en el gobierno turco.
Lo que mal que bien había logrado controlar en Irak, donde los kurdos aceptaron
desde el primer momento el padrinazgo de EEUU en su lucha contra Saddam Hussein,
no lo va a poder hacer en Siria. Los kurdos iraquíes son dóciles a las
pretensiones imperialistas, los del PKK no. Y menos si el gobierno de Al-Assad
resiste. Otra diferencia crucial de las contradicciones regionales y mundiales
que no gustan a la intelectualidad “progre”.
Tal vez, dada su obsesión con Al-Assad, esta intelectualidad “progre”
solucione el tema posicionándose con la formación más reaccionaria de los kurdos
sirios, el Consejo del Pueblo del Oeste del Kurdistán (PCWK), que está apoyado y
financiado por los kurdos iraquíes. Aunque lo van a tener difícil, de todas
maneras, porque tanto el PYD como el CPWK se han negado a formar parte y a
colaborar con el Consejo Nacional Sirio, como sí han hecho otros sectores que la
intelectualidad “progre” considera de izquierdas en Siria.
Y tal vez, sólo tal vez, deberían leer a los kurdos de Turquía y cómo el
rechazo a lo que está ocurriendo y a la guerra contra Siria es total. Es más, el
único alcalde marxista en Turquía, en la localidad de Samandag, provincia Hatay,
no tiene reparos en calificar como “bandidos” a los miembros del llamado
Ejército Libre Sirio que campan a sus anchas en la zona bajo el amparo del
gobierno turco.
Ilusión
La intelectualidad “progre” habla de revoluciones árabes y se hace la ilusión
que la participación de las clases más pobres es prometedora. Pero habría que
recordarles a Marx y su visión del lumpen proletariado. La pregunta es si este
sector tiene clara una conciencia de clase, dada la facilidad con la que en
Túnez, por ejemplo, ha caído en las redes de la oligarquía aunque aún haya algún
conato de lucha en Sidi Bouzaid, la localidad en la que se inmoló el joven que
dio origen a la “primavera”. Una vez más, la intelectualidad “progre” confunde
los deseos con la realidad. Este sector se está dejando influenciar por el canto
sectario lanzado desde las monarquías del Golfo –Siria es el caso más claro,
pero también en Túnez y Egipto- y son la carne de cañón de una estrategia para
desintegrar los Estados y hacer inviable no ya un estado árabe unido, al estilo
del panarabismo de Nasser, sino uno socialista.
Plantear esto no es ni ser dogmático ni estar constreñido por una camisa de
fuerza marxista. Simplemente, es poner las cosas en su sitio porque hay quien
rumia sus derrotas internas con la realización de sus sueños “revolucionarios” y
eso en última instancia no supone otra cosa que ampliar más la distancia que
separa a esta intelectualidad “progre” de las clases populares. Si hay algo que
es un oxímoron es hablar de “revoluciones árabes” cuando lo que se ve por todas
partes es el sectarismo, el dinero de las monarquías del Golfo -Qatar acaba de
otorgar 2.000 millones de dólares a Egipto en “ayuda para reactivar la economía”
(7)- y las armas de los países de la OTAN.
No hay flores en la “primavera árabe” y si las ha habido, así hayan sido
efímeras ¿dónde fueron todas las flores? Puede que alguien se haga la ilusión
que existen pero, por ahora y siempre con la mirada puesta en Egipto, en el
resto de países no son más que simples adornos florales de plástico, es decir,
artificiales y apropiadas para una foto.
Por Alberto Cruz, CEPRID
Notas:
(1) Samir Amin, “La victoria electoral del Islam político en Egipto”,
http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1458
(2) Alberto Cruz, “Siria: oposición frustrada, injerencia externa y
repercusiones en la región”,
http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1333
(3) Ibid
(4) Alberto Cruz, “Adiós, Palestina, adiós: la lucha por el poder en
Hamás”,
http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1377
(5) As-Safir (Líbano), 28 de julio de 2012.
(6) Europa Press, 10 de agosto de 2012.
(7) Prensa Latina, 12 de agosto de 2012.
Adenda:
Pete Seeger, el “padre” de todos los cantautores de corte político y social
–junto a Woody Guthrie- escribió en 1955 una hermosísima canción titulada “Where
have all the flowers gone?” (cuyas raíces están en una canción popular cosaca
recogida por el escritor soviético Mijail Alexandrovich Shólojov en una novela
que escribió en 1934) y que popularizó el trío Peter, Paul and Mary en 1962. Es
una canción antibelicista y convertida en un icono durante la guerra de agresión
estadounidense a Vietnam. Mary Travers, la cantante del trío, murió de cáncer el
9 de septiembre de 2009 y en recuerdo a ella, y a quienes han incluido esta
canción en alguno de sus álbumes, se ha recogido en el título de este
artículo.
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su último libro es “La
violencia política en la India. Más allá del mito de Gandhi””, editado por La
Caída con la colaboración del CEPRID. Los pedidos se pueden hacer a libros@lacaida.info o bien a
ceprid@nodo50.org
albercruz@eresmas.com