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lunes, 30 de diciembre de 2013

2013: El año en que fuimos Chávez


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Me perece mentira que hoy esté escribiendo estas líneas con alegría. Después de un año que empezó tan dolorosamente, en lo personal, mi compincho Augusto, en lo colectivo, mi Presi adorado. Un año que quería dar por clausurado apenas comenzaba. Pero no se clausura el tiempo…

El tiempo sigue corriendo a pesar del dolor, o precisamente para mitigarlo, para transformarlo. El tiempo sigue corriendo para dar la razón, o negarla a quienes no la tienen, a quienes nunca la tuvieron, y este año chavista hizo lo suyo.

El más chavista de todos los años. El año del todo o nada. El año en que desbaratamos los horrendos augurios de políticos de rapiña que conjuraban impúdicos y salivosos la muerte de lo que es eterno. El año en que fuimos uno.

El 10 de enero nos juramentamos mientras Chávez regresaba. No cabía entonces en ninguna cabeza la idea de no tenerlo cerca, como siempre, porque, entre otras cosas, eso es Chávez: cercanía. El 5 de marzo el dolor más grande de todos en vez de desarmarnos nos unió más todavía. Y así fue como vivimos uno de los momentos más intensos y ahora, visto a la distancia de los meses y a pesar de la tristeza, más hermosos que hemos protagonizado. Y no fue una despedida, millones fuimos a ver a Chávez para que él viera que aquí se quedaba.

Intentaron revertir nuestro dolor en rabia con la idiotez de la burla, y aquel “nadie de lo va a devolver” no tuvo sentido porque Chávez estaba aquí, en nosotros, con nosotros.

Los políticos de rapiña frente al hecho irrefutable de la inmortalidad de un hombre hecho pueblo, hecho ideas, y ellos tan huérfanos de ellas, apelaron a su única arma: el odio que genere violencia que justifique luego cualquier cosa. Y así mandaron a “descargar la arrechera” y el pueblo chavista, aún aturdido de dolor, no pisó el peine que Chávez nunca pisaría, porque, claro, somos Chávez.

Un año tremendo en el que maduramos a punta de vencer obstáculos y zancadillas. ¡Qué torpeza! Después de 15 años todavía no saben que cuántas más dificultades tanto más avanzamos. Así lo demostramos, oootra vez, el 8 de diciembre.

Intenso 2013 que quise clausurar temprano sin poder imaginar que sería un año chavistamente victorioso -valga la redundancia- para no olvidar jamás: El año en que fuimos Chávez.

Carola Cávez

Tomado de  http://carolachavez.wordpress.com

sábado, 20 de abril de 2013

Entrampados en atajos




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El camino corto, en política, resulta muchas veces ser el equivocado. Andar apuraditos por ese camino nos impide ver un sin fin de elementos regados en el complejo paisaje del camino largo. Andar apuraditos buscando culpables nos impide ver y entender razones.
Este ha sido el reiterado camino de la oposición. Ellos tienden a lamerse las heridas achacando sus errores al chavismo. Nos llaman ignorantes, tarifados, tramposos, fraudulentos, incluso ahora, luego de ganar un millón de votos que hoy se dedican a perder a patadas en su crónica manía de tomar el camino corto. No hay atajos.
Pero lo que hoy me hace sentarme a escribir no es esta recurrente manía opositora sino la incipiente tendencia chavista que tanto se le parece y que, extremos-que-se-tocanmente, tanto me preocupa.
“Traidores desclasados” -Adjetivos dedicados por compañeros chavistas a quienes no votaron por Maduro el domingo pasado. Traidores y punto, nada más que decir, nada más que pensar. Ni un solo por qué sale de la boca de estos jueces autoproclamados -menos mal que son poquitos-, ni una duda, solo dedos batientes que piden a gritos injusticia; que se exponga a los traidores, que se les persiga, duro, bien duro, para que jamás regresen, para que nunca entendamos dónde fue que la cagamos, porque los súper revolucionarios jamás nos equivocamos, así que no podemos permitir que un pata en el suelo sin conciencia de clase pretenda exponernos y restregar nuestros errores en la cara.
Yo soy Chávez y lo asumo, y asumirlo, creo, es actuar como lo haría mi Presi; y no lo veo batiendo el dedo contra el pueblo que tanto quiso. No lo veo mezquino, jurando arrebatar lo que entregó por justicia, nunca a cambio de unos votos. Me lo imagino queriendo entender las razones de boca de la misma gente. Lo veo clarito, revisándose. Lo veo recuperando ese apoyo perdido, y logrando otros nuevos. No imagino a mi Presi llamando “pueblo traidor”. No lo hizo cuando perdimos la Reforma. Él no condenó a la gente entonces, él buscó las razones desde dentro y desde ahí supo que había que rectificar.
¿Entonces qué hacemos? ¿Somos como Chávez? O abrazamos la intolerancia y la soberbia que siempre hemos combatido. Si condenamos a la señora de Ciudad Caribia que votó por la oposición nos condenamos a nosotros mismos, aceptando el juego cochambroso del adversario, para quien la justicia social no es más que un simple chantaje electoral.
¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos en nuestro Olimpo de pureza revolucionaria mirando con asco hacia abajo, clamando por formación ideológica para esa gente inconsciente, malagradecida, ignorante?… ¿Seguiremos ignorando que allá donde miramos rabiosos es justamente donde está la respuesta?
Cuando creemos saber más que el pueblo despojamos de sentido a nuestra lucha.
            Carola Chávez
Carola Chávez | 19 abril, 2013 en 8:29 pm | Categorías: Uncategorized | URL: http://wp.me/p4f3O-oC

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