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| En la sede del comité electoral del PT en el barrio de Ceilandia, en
Brasilia, luce este mural con caricaturas de la presidenta Dilma
Rousseff, quien este domingo buscará la relección; el gobernador de
Brasilia, Agnelo Queiros, quien también espera relegirse, y el ex
mandatario Luiz Inacio Lula da Silva Foto Ap |
En Brasil, a 48 horas de las elecciones generales que definirán
presidente, 27 gobernadores, además de 531 escaños de diputados y de un
tercio del Senado (27 senadores), hay una tensión palpable en el aire
que alcanza niveles de descargas eléctricas cuando se observa la disputa
–de resultados imprevisibles– para saber quién irá a segunda vuelta,
que a estas alturas parece prácticamente inevitable, con Dilma Rousseff.
Marina Silva, la evangélica y ambientalista del Partido Socialista
Brasileño (PSB), se enfrentará al neoliberal Aécio Neves, del Partido de
la Social Democracia Brasileña (PSDB), en un combate que hace tres
semanas parecía impensable. En ese periodo Silva bajó continuamente en
los sondeos y encuestas electorales, mientras Neves logró recuperar
terreno y acercarse hasta un virtual empate técnico.
En la historia reciente del país, solamente se vio semejante tensión
en 1989, cuando disputaron la ida a la segunda vuelta Leonel Brizola,
figura clave en la izquierda brasileña, y Lula da Silva. Contados los
votos, Lula conquistó, por menos de 0.5 por ciento, el derecho a
disputar (y perder, de manera contundente) la segunda vuelta con Collor
de Mello, que dos años después sería el primer presidente brasileño en
perder el puesto por corrupción.
Dilma Rousseff, pese a la fuerte carga de ataques a la que fue
sometida no sólo por sus dos adversarios, sino también por prácticamente
todo el conglomerado mediático brasileño, logró recuperar terreno firme
y mantenerse como favorita. Marina Silva, que surgió como una especie
de tsunami, llega a la recta final como una ola todavía ruidosa, pero
con más espuma que agua. La figura mesiánica se deshizo gracias a su
propia inconsistencia, a su incongruencia, pero también gracias a los
durísimos ataques lanzados tanto por Rousseff como por Aécio Neves.