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martes, 13 de enero de 2015

Ágape entre terroristas y amenazas terroristas contra Cumbres.



Foto tomada en la finca  Media Luna. De izquierda a derecha podemos identificar a Guillermo Novo Sampol, primero desde la izquierda, con camisa a cuadros; Héctor Fabián, tercero en el mismo orden; Luis Posada Carriles, cuarto; Luis Crespo, sexto con sombrero negro; Aldo Rosado-Tuero, séptimo con guayabera azul claro; el festejado Reinol Rodríguez, octavo con sombrero blanco;  Mario Henríquez, noveno, quien vino desde Costa Rica; José Dionisio Suárez Esquivel, último de la fila a la derecha y Virgio Paz Romero, arrodillado. Pedimos disculpas a dos combatientes, cuyos nombres no retuvimos en la baraunda de la fiesta.  (Fotos: © Aldo Rosado-Tuero y Nuevo Acción)

Usando como pretexto el cumpleaños de Reinol Rodríguez, secretario de asuntos militares de Alpha 66, se reunieron el pasado domingo en la finca Media Luna, un grupo de terroristas residentes en Miami y en Costa Rica, para organizar posibles acciones terroristas contra mandatarios que participarían en las venideras Cumbres de la Celac, a celebrarse en Costa Rica, y la Cumbre de Las Américas de Panamá.

Se conoce que este evento sirvió como trasfondo para que Luis Posada Carriles y Guillermo Novo Sampol evaluaran con connotados terroristas la factibilidad de realizar un plan magnicida que pudiera estar dirigido contra el presidente cubano Raúl Castro o el mandatario venezolano Nicolás Maduro.

El análisis de los participantes en el fiestón criollo levanta todo tipo de sospechas. En primer lugar existe el hecho de que varios de los participantes han estado involucrados en acciones terroristas contra Cuba y gozan de un amplio prontuario en estos menesteres. Se destacan entre ellos Guillermo Novo Sampol, Héctor Fabián, Luis Posada Carriles, Luis Crespo, Aldo Rosado-Tuero, Reinol Rodríguez, Mario Henríquez, José Dionisio Suárez Esquivel y Virgilio Paz Romero, entre otros.


Otro hecho significativo lo es la presencia de terroristas asentados en Centroamérica, como es el caso de Mario Henríquez, quien mantiene estrechos lazos con otros terroristas en Costa Rica como lo son los hermanos Hernández Lora.

Una fuente participante en el evento me informó que hubo un aparte en el convivio en el que Luis Posada Carriles analizó con Novo Sampol y Mario Henríquez, varios planes de acciones que podrían realizar se en Centroamérica durante la realización de las mencionadas Cumbres. Posada recabó el apoyo de contrarrevolucionarios radicados en Honduras, Guatemala, Costa Rica y Panamá para el financiamiento y la logística necesarios, enfatizando el establecer inmediatos contactos con venezolanos radicados en esas naciones para que se involucren en los planes magnicidas.

Continuaremos informando al respecto.


Percy Francisco Alvarado Godoy.
 

sábado, 6 de octubre de 2012

Las otras víctimas del crimen de Barbados

Cuando un grupo de terroristas de origen cubano se reunieron en las montañas de Bonao, República Dominicana, entre mayo y junio de 1976, convocados por los terroristas Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles, con la anuencia de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) y del FBI, así como la de los gobiernos de Chile y Venezuela, lo hacían para formar el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas(CORU), con el propósito de instrumentar la autodenominada “guerra por los caminos del mundo”, cuya finalidad era no sólo enfrentar a la Revolución Cubana sino servir de instrumento criminal del imperialismo en la represión contra las fuerzas progresistas latinoamericanas.

Sedientos de sangre, movidos por un incontenible odio visceral a la Revolución Cubana, planificaron sin tapujos y remordimientos una oleada de crímenes, los que ejecutarían en fecha posterior e inmediata. En esa reunión, a qué negarlo, se condenó a muerte a decenas de personas sin importar la estela de luto que dejarían tras de sí, ni la repulsa internacional que levantarían con sus actos criminales. 

Los acuerdos más importantes fueron el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, a solicitud expresa del dictador chileno Augusto Pinochet; la voladura en pleno vuelo de un avión comercial cubano y el secuestro del Cónsul cubano en Mérida, Yucatán. Ni lentos ni perezosos, asesinaron a Letelier el 21 de septiembre en Washington. Un poco después, el 6 de octubre, ocurrió el atentando contra la nave de Cubana de Aviación con el resultado de 73 muertos y el intento de secuestro del Cónsul cubano en Mérida, en que fue asesinado el cubano Artagnan Díaz Díaz. 

Mucho hubo de esperar la opinión pública internacional para comprobar las denuncias cubanas sobre los vínculos de la CIA, el FBI, la DINA chilena, la DISIP venezolana y otras agencias represivas, confabuladas en el “Plan Condor”. Los documentos recientemente desclasificados del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), incompletos y con tachaduras, atestiguan que estos crímenes no fueron realizados por obra de la casualidad, sino que representaban partes de una estrategia contrarrevolucionaria contra Cuba y América Latina. 

Hoy se tiene la certeza, sin embargo, que la tragedia del avión de Cubana, en la que murieron todos sus 73 ocupantes, 57 de ellos cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos, fue preparada tres meses antes, sin el menor escrúpulo y compasión. 

Cuando el vuelo CU 455 de Cubana de Aviación que acababa de despegar del aeropuerto de Barbados, reportó una explosión, exactamente a las 13.45 horas del 6 de octubre de 1976, hace ya 36 años, no sólo se incorporaban 57 nuevas víctimas al martirologio de los cubanos, costo doloroso por su lucha por alcanzar un mundo mejor, sino se dejaba a decenas de niños sin padres, a esposas y esposos sumidos en una dolorosa viudez, y a hombres y mujeres cubanas sin la presencia amada de sus hijos. Todos ellos también fueron víctimas en el crimen de Barbados. 

Carlos Alberto Cremata Malberti goza hoy de respeto y admiración por su labor con los niños del grupo “La Colmenita” y como artista cubano. ¿Quién sabe si el amor a la dramaturgia y a la niñez no es acaso el resultado de esa dolorosa orfandad; de la nostalgia por el padre ausente y de la triste resignación de no poder verle más? Su corazón de hombre le puso al dolor una inmensa ternura por escudo, aunque sabe que “ha tratado de desterrar el odio y buscar refugio en el trabajo con los niños, pero lamentablemente ese sentimiento sigue ahí”. 

Carlos Alberto esperó en vano el regreso de su padre, uno de los tripulantes del fatídico vuelo CU 455 de Cubana de Aviación. Supo durante años del dolor callado y atormentado de su madre, Iraida, sin tener la oportunidad de compartir con su padre las inmensas páginas de amor que edifica. Él es una víctima más del crimen de Barbados. 

La mano asesina de Hernán Ricardo y Freddy Lugo, así como el odio irracional de Posada Carriles y Orlando Bosch, también convirtieron a Xiomara Peláez González en otra víctima más del crimen de Barbados. La muerte le arrancó para siempre la sonrisa de su hermana Milagros, ya consumada esgrimista a los 19 años de edad. Convertida en madre tempranamente, apoyó a la inquieta y soñadora Milagros y junto a sus hermanos Solángel, Noelia y Osvaldo, se regocijaron de sus triunfos. Hoy la casa está vacía sin ella, se extrañan sus travesuras, y sienten no sólo el dolor de su ausencia, sino una legítima sed de justicia. 

Josefina Ileana Alfonso fue otra niña que sufrió en carne propia por la mano asesina de los terroristas en Barbados. Todavía no se repone del golpe recibido. Un día, inexplicablemente para su edad en ese entonces, perdió la compañía de su padre, Demetrio, uno de los asesinados en el vuelo CU 455. Creció sin que su progenitor pudiera ver sus momentos más especiales en la vida de una mujer. Sólo unas viejas fotos le han acompañado en esa vida, para encontrar en ellas la mirada cariñosa el aliciente imprescindible para combatir a la tristeza y al dolor. Ella también es otra víctima del crimen de Barbados. 

Belkis Bermúdez tampoco pudo ver la alegría retratada en el rostro de su padre, jefe de la delegación integrada por el Equipo Juvenil de Esgrima, por la honrosa cosecha de medallas lograda en Caracas. De no haber sido asesinado, Belkis hubiera podido escuchar de sus labios todo el orgullo que era capaz de rebozar cuando hablaba de los triunfos cubanos. Sin embargo, la sala de su casa permaneció silenciosa, la alegría se trocó en dolor punzante y la nostalgia se apoderó de su corazón de niña. Ella fue otra de las víctimas del crimen de Barbados. 

Una madre cubana, Martha Hernández, perdió a su hijo aquel triste 6 de octubre de 1976. Carlos Manuel, con apenas 20 años de edad, viajaba en la nave saboteada y regresaba a la Patria con la alegría de reencontrarse con el regazo maternal, con la casa acogedora y los amigos entrañables de su barrio. La mano criminal le segó la vida y hundió a los suyos en el dolor y el luto. Le barrieron de golpe tanto sueño, que la justicia debiera sentirse abochornada por la impunidad de que gozan sus asesinos. Martha es y será otra víctima más del crimen de Barbados. 

Camilo Rojo, mi hermano Camilo, también sufrió la pérdida dolorosa de un ser querido: su padre. Aún recuerdo su voz quebrada, denunciando el crimen y la dolorosa orfandad en el Encuentro contra el Terrorismo y ante el Tribunal Antiimperialista en Caracas. Aún recuerdo sus ansias de justicia, su reclamo terco e insistente para que las leyes de los hombres juzguen a las bestias que le arrebataron a él y a sus hermanos, Mario y Jesús, la compañía de su padre. 

Camilo sufrió al progenitor ausente. Sus cinco años no pudieron explicar cómo, de repente, aquel repartidor de caricias y sonrisas, se fue de su lado para no regresar. Para Camilo, es cierto, la vida nunca fue igual: no hubo un padre que lo esperara al salir de la escuela, que compartiera con él sus puros sueños de la adolescencia, que lo viera triunfar ante los retos de su existencia y que le acompañara en los momentos maravillosos que ocurren cuando uno se casa o le nacen los hijos. 

En Caracas, durante el XVI Festival de la Juventud y los Estudiantes, participamos ambos en eventos de denuncia contra el terrorismo: él como familiar de las víctimas de este flagelo, y una de las víctimas legítimas de él, y yo como combatiente anti terrorista. Mientras le escuchaba reclamar justicia y narraba las páginas dolorosas de su vida y orfandad, confieso que sentí un sano orgullo por haber dedicado mi vida a combatir a los asesinos de su padre. Tal vez en eso me reconforta un poco su dolor. 

Cuando he hecho el recuento de algunos de los cubanos que perdieron a sus seres queridos en el criminal atentado de Barbados, representando desde luego a todos aquellos que sufrieron ese día y la vida entera a causa de este detestable sabotaje, creo que lo más doloroso es que sus victimarios hoy viven impunemente protegidos por quienes se anuncian como adalides de la lucha contra el terrorismo. 

¿Por qué tanto silencio, me pregunto con indignación, cuando se habla del crimen de Barbados? ¿Qué tienen nuestros muertos que los haga más insignificantes a los otros causados por el terrorismo en Nueva York, Madrid u otro sitio en el mundo? ¿Cuándo habrá justicia para ellos? 

Me reconforta que, mientras Orlando Bosch vivió en Estados Unidos vanagloriándose de sus crímenes, y a Posada Carriles se le ampara desfachatadamente en ese país, los familiares de sus víctimas sigan luchando para que un día imperen la justicia y la razón. Mientras las voces de ellos no cesen; mientras se mantenga su reclamo los Encuentros contra el Terrorismo y en los Tribunales Antiimperialistas, desde el Comité de Familiares de las Víctimas de Barbados, y mañana en cada foro de denuncia, nos habremos ganado el derecho de ver a nuestros mártires con orgullo. 

Nuestro pueblo cubano demostró que no cesará en su reclamo de justicia, acompañándolos hoy como lo aquel día octubre de 1976 al llorar con virilidad hasta hacer temblar a la injusticia. Lo demostró en aquella enorme marcha realizada el 17 de mayo del 2005 en la que más de un millón de cubanos dijeron ¡No al terrorismo! Lo demuestra cada día, cada hora y cada minuto.

Por eso, cuando este 6 de octubre,  aún nos invadan el dolor y el clamor de justicia, pensando en tanta vida inútilmente tronchada, en el luto sembrado impunemente en nuestros corazones, nos aprestaremos con más ímpetu en la denuncia, en la defensa de la verdad y en reclamo permanente de justicia.

Percy Francisco Alvarado Godoy

viernes, 31 de agosto de 2012

En Cuba también se ha sufrido en septiembre.



Fabric Aguilar, asesinado

Dentro de unos días, inevitablemente,  los diferentes periódicos y cadenas televisivas del mundo recordarán los tristes y oscuros sucesos del 11 de septiembre neoyorquino, trayendo a la opinión pública imágenes aterradoras de aviones estrellándose contra el World Trade Center y el Pentágono, recuentos de las víctimas calcinadas y desaparecidas entre amasijos de concreto y acero, y las todavía vivas especulaciones sobre quiénes fueron los verdaderos responsables de tan brutal hecho. A las preguntas sin respuestas y al dolor de los familiares de los inmolados salvajemente, se sumarán las críticas dirigidas a la  Casa Blanca y a su orquestado andamiaje antiterrorista por su incapacidad mil veces cuestionada de encontrar a los organizadores del crimen. Hoy por hoy, deambulando el odio y la irracionalidad yanqui por Afganistán e Irak, amenazado el mundo por la prepotencia, descubiertas patrañas y falsos argumentos para hacer guerras injustas,  las heridas no han sanado.

Mucho sufrió aquel día el pueblo norteamericano, es cierto, y con él el mundo entero. Sólo entonces se tomó plena conciencia del dañino y tenebroso flagelo del  terrorismo. Tenía que ocurrir ese ingrato holocausto para que la humanidad toda comprendiera la necesidad de acabar con él, aunque no haya tomado todavía plena conciencia de sus verdaderas causas. Sin embargo, el terrorismo no sólo ha dañado al norteamericano, ni los hogares de Washington y Nueva York son los únicamente lastimados. Cuba lo ha sufrido y son pocos los que han levantado un dedo para condenarlo. Es por ello que da mucha pena que sólo se lamente el mundo  por unas víctimas y discrimine a las otras, que reclame venganza y justicia para unos muertos y soslaye la pena de tantas familias  cubanas que lo han sufrido de forma cotidiana y permanente. Tal parece que la exclusividad del dolor le pertenece a unos pocos y el de los otros, los marginados por estrechos raseros ideológicos del poder mediático, sea ignorado.

Para los cubanos no sólo ha habido un 11 de septiembre. Los miles de muertos y heridos ocasionados por el terrorismo en la Isla, paradójicamente financiado o permitido por los Estados Unidos,  han sido víctimas en cada año, en cada mes, en cada día. Por eso es difícil para mí encasillarme en un período de tiempo para hablar de víctimas cubanas del terrorismo, aunque me lo imponga el propósito de establecer analogías necesarias para entender que no sólo en Estados Unidos se ha padecido ese flagelo, que no sólo allí se ha llorado a un muerto inocente asesinado por el terror desenfrenado de gentes sin escrúpulos.

Me limitaré, entonces, a citar algunos casos dolorosos, tomados al azar, pero capaces de hacernos entender la crueldad de la guerra sucia declarada contra Cuba durante más de cinco décadas por Estados Unidos, haciendo uso de la mafia terrorista de Miami. Esos criminales se pasean hoy por las calles de ciudades norteamericanas y nadie los molesta. Estos casos explican por sí solos porqué en Cuba también ha habido septiembres tristes.

Una víctima de ese terrorismo criminal lo fue el joven maestro Fabric Aguilar Noriega, con 27 años de edad y en plena flor de la vida. No tuvo tiempo de vivir la casa nueva que le entregó la Revolución en la ciudad de Santa Clara. La madrugada del 5 de septiembre de 1963, dos aviones procedentes de los Estados Unidos lanzaron su carga de muerte sobre los inocentes moradores de esta urbe. Un artefacto que cayó sobre el apartamento 7-A, del bloque 1, ubicado en Avenida 7 de Noviembre y calle Nueva Gerona, Santa Clara,  le cegó la vida y dañó salvajemente a tres de sus pequeños hijos. Los terroristas procedentes de la Florida asesinaron a un hombre joven  e hirieron a los hijos de éste: Sofía (3 años de edad), Abraham (dos) y Francisco (cinco).

El salvaje asesinato de Fabric fue lamentado sólo por los cubanos. Ni el gobierno norteamericano ni los que hoy condenan el terrorismo, levantaron un solo dedo hacia los victimarios, entre los que se encontraba Orlando Bosch Ávila, residente en EE UU. En silenciosa complicidad, callaron.

Un año después, el 12 de septiembre de 1964, fue atacado por varias lanchas artilladas el buque español “Sierra de Aranzazu”, a sólo 75 millas de Maisí, Guantánamo. Dentro de su carga había un importante cargamento de juguetes. Como resultado del criminal ataque contra un barco extranjero, murió el capitán Pedro Ibargurengonitía y fueron heridos varios tripulantes. Las víctimas también fueron miles de niños cubanos, entre ellos los convalecientes hijos de Fabric Aguilar Noriega, que se quedaron sin muñecas y otros juguetes. Tampoco esta vez se persiguió a los terroristas, aunque se supo que procedían de los Estados Unidos.

El 11 de septiembre de 1980 fue asesinado en Nueva York el diplomático cubano Félix García Rodríguez, funcionario acreditado ante la ONU, mientras conducía su auto por una calle de Queens. Con independencia de que la organización contrarrevolucionaria Omega-7 se adjudicó el detestable asesinato y el propio FBI conoció los planes de la misma, el asesino Pedro Crispín Remón evadió la responsabilidad penal. Hoy este criminal se encuentra en Panamá esperando el inicio de un juicio por intentar asesinar, junto a Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo y Guillermo Novo Sampoll, al presidente cubano Fidel Castro. Existen plenas evidencias de que pretende evadir nuevamente a la justicia en complicidad con la mafia terrorista de Miami y funcionarios panameños.

Los propios asesinos de  de Omega 7 se adjudicaron otros hechos terroristas ocurridos un año después en las ciudades de Chicago y Miami. Ni aún así la justicia norteamericana tomó cartas en el asunto. Eran, sin lugar a dudas, expresiones del doble rasero con el que los Estados Unidos interpretan el terrorismo.

Varios años después, el 4 de septiembre de 1997, fue detenido el terrorista salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León, quien colocó varios artefactos explosivos en hoteles de la capital cubana. Las explosiones provocaron cuantiosos daños materiales en los hoteles Copacabana, Tritón, Chateu Miramar y la Bodeguita del Medio. En esta oportunidad murió l joven turista italiano Fabio di Celmo. Durante el juicio que se siguió a este criminal se pudo comprobar que estos abominables hechos fueron organizados por la Fundación Nacional Cubano Americana y Luis Posada Carriles. En esta oportunidad sufrieron los daños provocados por el terrorismo los cubanos y una noble familia italiana.

Muchos otros hechos terroristas pudieran haberse llevado a cabo, pero sus ejecutores fueron capturados en el momento de penetrar ilegalmente en territorio nacional. En septiembre, precisamente, se llevaron a cabo las siguientes detenciones:

·   El 4 de septiembre de 1994 fueron detenidos dos contrarrevolucionarios cubanos procedentes de  Miami, José Benito Menéndez del Valle e Irelio Marcelino Barroso Medina, quienes intentaban penetrar a territorio nacional por Cayo Palo Quemado, en el municipio de Caibarién, provincia de Villa Clara. Sus propósitos eran formar bandas contrarrevolucionarias y desarrollar acciones de corte terrorista.

·   El 16 de septiembre de 1996 es capturado otro terrorista proveniente de Estados Unidos, el que penetró por Punta Alegre, provincia de Ciego de Ávila, con gran cantidad de armas y explosivos.

Septiembre pues, amigo lector, también ha aportado tristezas a Cuba y ninguno de los actuales adalides de la lucha internacional contra el terrorismo hizo algo por condenarlo o evitarlo. Cuba tuvo que defenderse por sí sola. Para ello contó con la valentía de un grupo de cubanos dignos que marchó a las propias entrañas del monstruo e infiltró a  los grupos contrarrevolucionarios implicados en esta política criminal. Dentro de este destacamento de combatientes anónimos y heroicos descollaron  René, Ramón, Fernando, Tony y Gerardo, quienes últimos cuatro guardan injusta prisión en cárceles norteamericanas, mientras René está sometido a libertad condicionada,  por los únicos delitos de luchar contra el terrorismo y defender de éste a su glorioso pueblo. Estos Cinco Héroes fueron capturados en Miami  el 12 de septiembre de 1998. También septiembre se cebó con ellos y contra nuestro propio pueblo.

Percy Francisco Alvarado Godoy

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