La Agencia Central de
Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés), instaló y
financió por lo menos tres bases de entrenamiento militar para cubanos
anticastristas y mercenarios durante el último trimestre de 1961, en una zona
ubicada entre Puerto Juárez y Valladolid.
El objetivo de esas
bases, levantadas en campos chicleros del norte de la Península, era organizar
una segunda invasión a Cuba, luego del fracaso de Bahía de Cochinos en abril de
ese año. Los centros de adiestramiento, que contaban con pistas de aterrizaje,
casas y bodegas para armas y equipo, albergaron, por lo menos en septiembre de
1961, entre 300 y 500 milicianos, según informes de la Dirección Federal de
Seguridad (DFS) del gobierno mexicano, desclasificados recientemente y en poder
de Elías Razur Antonio, especialista en temas de seguridad nacional.